28 marzo 2014

GUÍA PARA LA DESTILACIÓN DE FRUTAS

Recuerdo que, cuando yo era niño (¡uufff!), me llamaba la atención ver en los días de fiesta a los mayores sentados de sobremesa jugando al tute y pidiendo al patrón "un café completo", es decir, café, una copa y un puro Farias.
Había dos clases de copas: la de coñac y la de "sol y sombra", que era coñac con un poco de anís. El anís puro no se contemplaba entre hombres y no recuerdo que nadie pidiera nunca un whisky.


Al principio se pedía un coñac y te daban un coñac, posiblemente un "Comendador" de Udalla. Pero a medida que fui creciendo observé que al coñac se le iban añadiendo nombres propios tales como Veterano, Torres 5, Terry 1900, Torres 10 ...
Más tarde conocí el pacharán, que se tomaba en "chupitos" y, más tarde aún, comencé a familiarizarme con el orujo, primero el de hierbas y, posteriormente, el blanco.
En cambio, a mi mujer y a sus amigas les encanta el orujo de miel, que es difícil de encontrar fuera de las provincias del norte.
Tal como yo veo la cosa, aunque reconozco que no he consultado con fabricantes ni distribuidores de bebidas, los orujos han ido ocupando buena parte del lugar que tenían los brandies en las sobremesas y los chupitos se han generalizado. Pero esto no ha sido casual ni milagroso: ha sido fruto del esfuerzo de los "aguardenteiros" gallegos y de los destiladores del valle de Liébana que han mejorado sus técnicas tradicionales de elaboración hasta conseguir productos de buena calidad y muy competitivos que, al final, se están imponiendo en el mercado.
Durante mi etapa francesa aprendí que la uva no es la única fruta de la que se pueden sacar bebidas alcohólicas: recuerdo el aroma de manzana que se extendió en la mesa cuando Gerard Bienvenu descorchó una botella de calvados de la cosecha familiar que le había legado su padre, o del sabor de otro calvados con el que me obsequió mi buen amigo Fernand.


También caté con mucho gusto y afición los "schnapps" alemanes y austriacos que me prorcionaba Gilbert Wehmayer: aguardientes muy populares obtenidos destilando vinos de pera, ciruela, cereza y albaricoque. Y me aficioné a ellos. Los encontré muy aromáticos, potentes y de sabor que recordaba la fruta.
En España no se producen ni casi se conocen. Sólo se pueden encontrar en algunas tiendas de delicatessen y a precios muy altos. Bueno, hay una excepción en lo que digo: En la comarca del Jerte hay una cooperativa que produce aguardientes de cereza y ciruela.
Así que, en vista de la imposibilidad de encontrar en la tienda del barrio estos aguardientes a un precio razonable, no he tenido más remedio que aprender a destilar vinos de fruta para poder obsequiarme de vez en cuando con un chupito de este néctar que me apasiona.


Y esto que he aprendido quiero ofrecérselo a los seguidores de La Floropedia. Quizá algún lector avispado y emprendedor pueda sacar una idea que se transforme en un proyecto real que permita que estos aguardientes, como ocurrió hace años con el orujo, se vayan conociendo y consumiendo en España.
Así, que vamos allá:




GUÍA PARA 
LA DESTILACIÓN 
DE FRUTAS 

Florencio  Manteca




ÍNDICE 





CAPÍTULO 1                                                                 LAS MATERIAS PRIMAS                   2

CAPÍTULO 2                                                                 PREPARACIÓN DEL MOSTO             7
                                                                                   Y FERMENTACIÓN

CAPÍTULO 3                                                                 LA DESTILACIÓN                             16

CAPÍTULO 4                                                                 ENVEJECIMIENTO DE LOS              18
                                                                                    AGUARDIENTES

CAPÍTULO 5                                                                 REDUCCIÓN AL GRADO                  19
                                                                                    ALCOHÓLICO DE CONSUMO

ANEXO 1                                                                       PROVEEDORES                             20

ANEXO 2                                                                       BIBLIOGRAFÍA                                21

ANEXO 3                                                                       FICHAS DE CATA                           22

14 marzo 2014

HIDALGUÍA E HIDALGOS DE BRAGUETA (y III)


Una expresión que se utilizaba frecuentemente y que era motivo de sonrisas era la de “hidalgo de bragueta”. El procedimiento para llegar a serlo no podía ser más simple, aunque fatigoso (y no me olvido de aquellas sufridas esposas): consistía en demostrar ante las Reales Chancillerías, encargadas de solventar los pleitos de nobleza y probanza de limpieza de sangre, que se habían tenido como hijos a siete varones seguidos naturalmente, en legítimo matrimonio. 
Los que se engendraban fuera de tan sagrado vínculo no se tenían en cuenta. 
Un hombre podía tener no un hijo, sino veinte con otra mujer que no fuera su esposa y para nada le valía si lo que pretendía era alcanzar la condición de hidalgo. 
Ahora bien, si podía demostrar palpablemente y sin la menor duda que su mujer legítima había parido siete hijos varones y él era el padre, con eso bastaba para que se le extendiera la oportuna documentación que lo acreditaba como hidalgo. 


Y no importaba que el solicitante fuera humildísimo, que no tuviera ni un maravedí, que fuera pobre de solemnidad y aún mendigo o que fuera un total analfabeto. Sus siete hijos varones lo convertían en hidalgo y con ello, naturalmente, se le terminaban apuros y agobios para el pago de los onerosos tributos al Tesoro.
Esto explica que en la España del Siglo XVIII, con nueve millones escasos de habitantes existieran nada menos que quinientos mil hidalgos. O sea que aquel que no lo fuera, a nadie podía culpar de no serlo.
Bastaba con la procreación y tener a su esposa, en los mejores años de su vida, en un embarazo casi perpetuo. Siete hijos y a otra cosa. Pero ¡ojo! tenían que ser varones, las hembras no contaban. 
Desde un punto de vista moderno, este hecho se puede enjuiciar como un premio a la natalidad. Algo semejante a los beneficios de que gozan las familias numerosas de nuestros días.
Aquel que quería ser hidalgo lo único que tenía que hacer era "empreñar" (usando la terminología de la época) a su mujer siete veces y rogarle al Santo de su devoción que en las siete ocasiones los hijos venidos al mundo fueran varones . Y si estos no era seguidos, y por medio se metía una hembra, la alegría podría traducirse en llanto y crujir de dientes.
Quizás de ahí viene aquel refrán de "mala noche y encima parir hija".


Como es natural, la nobleza de sangre nunca estuvo muy de acuerdo con este tipo de concesión de hidalguía. Que el noble cuya dignidad le venía por los méritos de armas realizados por sus antepasados y presumiera de su limpieza de sangre se cruzara en la calle de su pueblo con un porquerizo llevando una piara de cerdos que, por haber tenido siete hijos seguidos poseía la misma dignidad que él, debía ser cosa harto dura de soportar para el primero. 
La nobleza entendía que para alcanzar la concesión de hidalguía debía llegarse por otros cauces y siempre mantuvo una postura de que, a pesar de cédulas de reconocimiento, en lo que a ella se refiriera, no reconocía a aquellos hidalgos procreadores.
Con el tiempo, el número de nobles llegó a ser excesivo, existiendo regiones, como Cantabria, donde proliferaron tanto que se llegó a decir que todos sus habitantes eran hidalgos (2).


La nobleza de sangre sostenía que esto era perjudicial para los intereses de la Corona, puesto que con tantos "hidalgos de bragueta" se reducían los ingresos del Tesoro Real, al estar exentos de los tributos. 
Más como nada podía hacer para impedir que determinado individuo "empreñara" a su mujer cuantas veces le viniera en gana y ella se dejara, lo que hizo fue poner a estos hidalgos cuantos impedimentos pudo con el fin de estorbar su acceso a las Ordenes Militares o a otras instituciones de elevado rango que debían reservarse exclusivamente a los hidalgos solariegos y de sangre.
Los "bragueteros" sostenían, por el contrario, que ellos eran tan hidalgos como los otros y de ahí los numerosos pleitos que, como ya dejamos indicado, se promovían en las distintas Chancillerías y Audiencias Reales. Los hidalgos de sangre, ya que no podían hacer otra cosa, ponían todo su empeño en enredar de tal modo el asunto que la decisión final de reconocimiento de hidalguía al "braguetero" tardara años y más años en solucionarse ya que mientras esto no ocurriera, el solicitante estaba obligado a seguir pagando los tributos.


Cuando después de largos años de costosos pleitos, prácticamente arruinado, al aspirante se le reconocía su condición de hidalgo, y aunque rabiara de hambre y no tuviera para dar de comer a los siete hijos engendrados para conseguir la ansiada dignidad, se mostraba de inmediato orgullosísimo de su estado social y ya no quería ejercer oficios que antes sí practicó, juzgando como una deshonra el trabajo, hasta que el rey Carlos II decretó que la hidalguía era perfectamente compatible con el ejercicio del comercio u otras actividades artesanas, que no degradaban ni menoscababan al hidalgo que las ejerciera.
A partir del siglo XVIII se fue acelerando el proceso de descomposición de una clase que ya no tenía sitio alguno en el nuevo contexto social y económico.
Los hidalgos desaparecieron definitivamente como grupo social en los primeros años del siglo XIX.


(2) No creo que sea justo asociar a los hidalgos montañeses con su capacidad reproductora. Me figuro que en Andalucía, por ejemplo, los hombres libres dispondrían igualmente de bragueta y de afición para servirse de ella y, sin embargo, la cantidad de hidalgos de esa región fue muchísimo menor.
Hay, por tanto, otras razones para explicar la proliferación de hidalgos en el norte:

A principios del siglo VIII se despoblaron los llanos de la alta meseta central, desde el Duero hasta la cordillera cantábrica y así permanecieron hasta que el rey Ordoño I ordenó en 850 su repoblación, a la que acudieron gallegos, astures, cántabros y vascones en busca de fortuna. También llegaron a la frontera mozárabes huyendo de la persecución que padecían en el sur.
El resultado fue que en las tierras así recuperadas y colonizadas surgió una numerosa masa de pequeños propietarios, es decir, de "hombres libres". Como aquella Castilla condal vivió sin grandes señores laicos y eclesiásticos que podrían haberlo estorbado, pudo presenciar el temprano nacimiento de una nueva clase social, la de los caballeros villanos que provenían de las masas de hombres libres.
(Ver entrada de 28 de febrero)



Manual de Urbanidad para niños
Barcelona 1913


13. ¿Cómo se servirá V. de los cubiertos para repartir?
14. ¿Qué defectos evitará V. en el decurso de la comida?

13. En cuanto al uso de los cubiertos para repartir, conviene no olvidar que en el cocido se separa en plato a parte la carne y aves, y después de trinchado se circulan con un te­nedor; 


lo mismo se hace en otro plato distinto con el tocino, jamón y embuchados; la ver­dura circula en una fuente con una cuchara. En los guisados se cortan pequeñas porciones en plato aparte, y de él se sirve a todos sin salsa, poniendo de ésta a los que gusten; lo mismo se hace con cualquier vianda que haya de cortarse en la mesa. Las aves pequeñas se sirven enteras y con cuchara; las embuchadas se cortan en lonjas delgadas; en las mayores se separan las piernas, las alas y la pechuga con una cuchara si se trata de las perdices, y con trinchante y cuchillo si se trata de las de­más. 


Los pescados pequeños fritos o asados se sirven enteros; los mayores se cortan con cu­chara. Las frutas tales como melocotones, pe­ras, naranjas, y otras que hayan de mondarse, pueden servirse con la mano. Las frutas secas y aun el dulce seco pueden tomarse con la mano, pero mejor es servirse para ello de la cuchara. Debo advertir, sin embargo, que nunca he de encargarme de repartir, a no ser que tenga seguridad de quedar airoso en mi cometido; pero jamás he de tomar el cargo de trinchar, si no soy muy práctico en ello. 


14. Durante la comida no debe levantarse la voz, ni traer a conversación cosas que aun de lejos puedan repugnar, ni contradecir a otros, ni hablar en secreto con el del lado. Es acción muy grosera meter el dedo en la boca para extinguir la incomodidad de las encías, o bien escarbar los dientes con las uñas, con el tenedor o con el cuchillo; si tuviere necesi
dad de ello, lo haré con un palillo o monda­dientes. El enjuagarse con ruido, aunque sea tapándose la boca, es, además de molesto, re­pugnante.

07 marzo 2014

HIDALGUÍA E HIDALGOS DE BRAGUETA (II)



La primera distinción que cabe hacer, dentro del concepto que estamos siguiendo, es la de hidalgo de sangre e hidalgo de privilegio.



El hidalgo de sangre, también llamado escudero o infanzón, era aquel a quien la nobleza le venía por descender de quienes habían disfrutado de ella desde tiempo inmemorial. 
El que ha litigado por su hidalguía y ha probado ser hidalgo de sangre era reconocido como hidalgo de ejecutoria. Hidalgo de solar conocido era el hidalgo que tenía casa solariega, o que desciende de una familia hidalga que la tiene o la ha tenido. Para ser reconocido como hidalgo solariego era necesario justificar que los cuatro abuelos habían sido a su vez hidalgos. 
Los hidalgos de privilegio eran tratados de manera despectiva en muchas ocasiones por los de sangre, y se les apartaba de los actos sociales y de participar en hermandades. Estos eran los recién nombrados por algún servicio o tarea y muchos de los que estudiaban en las universidades.
La hidalguía de privilegio no llevaba aparejada automáticamente la hidalguía de sangre, ya que “el Rey puede fazer cavalleros mas non fidalgos” y era preciso el paso de tres generaciones que pudiesen acreditar la asunción del more nobilium desde el otorgamiento del privilegio para que al “hijo de padre y abuelo” se le reconociese la hidalguía. Aquel que podía probar que sus abuelos paternos y maternos eran hidalgos (de cualquier clase) era denominado hidalgo de cuatro costados.





Otras clases de hidalguía hacían referencia a costumbres o fueros específicos otorgados generalmente por los monarcas: Así, por nacer en determinados lugares: por ejemplo, la madre que paría sobre una determinada piedra del municipio aragonés de Caspe, adquiría para su hijo la categoría de infanzón, o todos los nacidos desde principios del siglo XIV en determinados señoríos vascos eran reconocidos como hidalgos, según Fuero de Castilla por el privilegio de hidalguía universal, o el padre que engendraba en legítimo matrimonio siete hijos varones consecutivos adquiría para sí el derecho de hidalguía (era llamado hidalgo de bragueta). 
Por último, los hidalgos de gotera eran los hidalgos reconocidos como tales en un pueblo determinado, de modo que perdían los privilegios de su hidalguía si cambiaban de domicilio trasladándose a otro pueblo distinto.

Esos privilegios diferenciados también servían para clasificar a diferentes tipos de hidalgos de Castilla: los hidalgos de devengar quinientos sueldos eran los que por fuero inmemorial tenían derecho a cobrar 500 sueldos como satisfacción de las injurias que se les había hecho, en lo que parece ser una reminiscencia del antiguo derecho visigodo a recibir compensaciones económicas por no aplicar la Ley del Talión.



Entre los privilegios que el rey concedía a los hidalgos, el principal era el de "no pechar", esto es, lo que equivalía a no pagar tributos a la Corona. Esta fue la causa de que en las Chancillerías de la época se conservasen multitud de pleitos entablados entre diversos personajes que se afanaban en poder demostrar su condición de hidalgos, porque, a veces, era muchísimo más importante quedar exento de pagos y tributos que demostrar que se era de estado noble.

La nobleza, y aún el ejercicio de modestísimos oficios, no derogaba la hidalguía. En muchos pueblos existieron hidalgos que eran labradores, zapateros, comerciantes y hasta "pobres de solemnidad". Y junto a ellos convivían otras personas que eran ricas, que poseían bienes y que, sin embargo, eran "pecheros" tenían que pagar los tributos "y todas sus haciendas no les bastaban para alcanzar la hidalguía".




Los hidalgos pertenecían, en su gran mayoría, a las clases medias y, por lo general, seguían el nivel de riqueza de las regiones en las que estaban establecidos. 
Sería muy aventurado decir que la pobreza fuera general entre los hidalgos, pero que no nadaban en la abundancia queda destacado por el escritor del siglo pasado José García Mercadal en su "España vista por los extranjeros". 

A este respecto, en lo que se refiere a los hidalgos castellanos, dice: "La hora de comer se acerca; la señora aguarda; el hidalgo a su casa. Los caballeros nobles no tienen nada en sus casas, hay que comprar al día las vituallas. Torna a salir el hidalgo y compra para los tres -amo, señora y criado- un cuarto de cabrito, fruta, pan y vino. Modestísima es la comida. No alcanza más la hacienda de un caballero castellano".

Y este hidalgo aún puede considerarse entre los afortunados porque al menos aunque poco, ha podido adquirir alimentos por modestos sean. Otros, ni eso podían, al estar sumidos en la más absoluta miseria. Los hidalgos del siglo XVII se dividían en tres grupos, claramente diferenciados entre sí:

- Los terratenientes de modestos predios que vivían de su hacienda.
- Los hijos de familias arruinadas, o los que alcanzaron la hidalguía por el número de hijos varones que hubieron en su matrimonio.
- Aquellos que para huir de la miseria se enrolaban en el Ejército.

 (Continuará)




Manual de Urbanidad para niños
Barcelona 1913

10. ¿Qué urgencias hay que hacer con di­simulo en la mesa?- 11. En caso de tener V. que re­partir a los demás ¿qué tendrá V. presente?- 12. Ya sea que V. reparta, ya se sirva por si mismo ¿cómo de­berá V. hacerlo?




10. Sonarse, limpiarse el sudor o toser no debe hacerse jamás sin retirarse un poco de la mesa. Eructar o escupir son acciones que provocan a náusea a los que las presencian. Rascarse, sobre todo la cabeza, no lo hacen más que los rústicos. Pasar el brazo por encima de una fuente para alcanzar algo que no se tiene a mano es cosa mal mirada. Llevar la boca a la cuchara o los labios a la servilleta, es olvidarse de que para eso sirven los brazos.

11. En caso de tener que repartir a los de­más, tendré presente que debo entregar los platos con la mano derecha en la izquierda del que los recibe, y éste entrega con la dere­cha el plato vacío. No debo llenarlos de tal modo, ni hacer porciones tan grandes, que sonroje a los comensales o los obligue a dejar la comida en el plato. Al ir a hacer la porción para uno es señal de atención consultar su gusto para complacerle; pero siempre cuidaré de repartir de tal modo, que no queden vacías la sopera o las fuentes.



12. Ya sea que reparta, ya me sirva por mi mismo, no debo olvidar que a fin de que la sopera no presente un aspecto repugnante, se le ha de sobreponer el borde del plato, levan­tando con la derecha el cucharón y trasladán­dolo al centro del mismo. Es también suma rusticidad arrastrar las tajadas o las salsas desde el interior de la fuente para hacerlas saltar al plato.

28 febrero 2014

HIDALGUÍA E HIDALGOS DE BRAGUETA

Tomado en parte de: www.heraldicabc.com
                                  http://es.wikipedia.org

LOS PRIMEROS HIDALGOS

El concepto de hidalguía aparece desde los primeros momentos de la Reconquista. Ya en el siglo X se manifiesta el término “infanzón” como sinónimo de la palabra caballero. Estos infanzones eran vasallos de los grandes magnates y prelados y administraban sus propiedades. 


En los primeros siglos era posible conseguir la categoría de infanzón simplemente aportando, al servicio del rey, armas y un caballo costeados por el interesado, como es el caso de los "caballeros villanos". Debido a su importancia táctica (caballería de carga con lanza) y a su presencia en las tierras repobladas, los caballeros villanos ganaron privilegios y llegaron a ser equiparados legalmente a los infanzones, la baja nobleza (aunque sin privilegios nobiliarios).
El Fuero de Castrojeriz, del año 974, es el primer documento en el que figuran los caballeros villanos igualados a los infanzones. El conde de Castilla, García Fernández, ordena en el texto del Fuero: "Damos buenos fueros a aquellos que fueron caballeros y los elevamos a infanzones, anteponiéndoles a los infanzones que sean de fuera de Castrojeriz y les autorizamos a poblar sus heredades con forasteros y hombres libres y respétenlos estos como infanzones, pudiendo ser desheredados los colonos si resultan traidores".
Los caballeros villanos cumplieron una destacada actuación en campañas decisivas de la Reconquista: las batallas de Uclés (1086), Alarcos (1195), Las Navas de Tolosa (1212) y del Salado (1340).


En las ciudades que se fundan en las tierras reconquistadas, los caballeros —y no los magnates, quienes solían quedarse en áreas de retaguardia, más seguras— llegaron a dominar la vida política, social y cultural. Los oficios municipales y la representación de las ciudades en las Cortes eran privilegios casi exclusivos de los caballeros. 
A partir del siglo XII, a medida que las fronteras se van desplazando progresivamente hacia el sur, empiezan a ser conocidos como “hidalgos”.
En sus inicios, pues, el título surgió como una distinción real por servicios de guerra pero, a lo largo de los siglos, su uso se fue extendiendo en forma descontrolada y los monarcas, a cambio de algún beneficio que les interesara, nombraban hidalgos a cuantos les resultaba conveniente. Fue con la llegada de la Ilustración cuando comenzó una reforma en profundidad de la hacienda pública, una de cuyas consecuencias fue la limitación de este tipo de nombramientos ya que, para entonces, más de medio millón de personas gozaba de exenciones tributarias basadas en este título.
A diferencia de la España meridional con pocos nobles pero muy poderosos, en el norte su número era elevado y sus diferencias con el pueblo llano escasas, habiendo sido en sí reformada su sociedad desde un principio por motivos históricos y demográficos, constituyendo en tiempos auténticas milicias en apoyo de las huestes reales. 


En Asturias los hidalgos llegaron a ser casi un 80 % de la población y, en el caso de Cantabria, esta cifra fue aún mayor, alcanzando el 83 % en el siglo XVI y superando el 90 % en torno a 1740 (1)  En el Señorío de Vizcaya, y en Guipúzcoa, existía también el llamado derecho de hidalguía universal, en virtud del cual todos los vizcaínos y todos los guipuzcoanos nacían hidalgos.
Hidalgo es en su definición "aquella persona que por su sangre pertenece a una clase noble y distinguida".
¿Cuál es el origen de los hidalgos?. Comencemos por la denominación de "Hijosdalgo" es decir "Hijos de algo", esto es, que sus ascendientes se hubieran distinguido por sus hechos o por su posición. Que hubieran tenido "algo". La etimología de la palabra está perfectamente clara.

Como ya hemos dicho, primitivamente en los reinos de Castilla y León, los hidalgos se conocieron con el nombre de "infanzones", voz que fue quedando en desuso pero que se conservó en Aragón. Pero unos y otros, los hidalgos castellanos y los infanzones aragoneses dependían directamente del rey.




En Castilla existió una muy amplia legislación sobre los hidalgos, comenzando por el Fuero Viejo, calificado como el "Código de los Hijosdalgo", y siguiendo con el Fuero Real, las leyes de Partidas, el Ordenamiento de Alcalá y la Novísima Recopilación.
La hidalguía, según las Partidas, es "la nobleza que viene a los hombres por su linaje". En Castilla, la hidalguía, en contraste con las costumbres francesas, sólo se trasmitía por linaje de varón. Los hidalgos eran conocidos bajo diversas acepciones, siendo los más importantes aquellos de "solar reconocido", o de "casa solariega" que pregonaba la nobleza e importancia de sus ascendientes.
A los que tomaron parte en la Reconquista y alcanzaron la dignidad de hidalgos, se les denominaba "primarios" y "secundarios" a los que después se establecieron ya en tierras conquistadas.

(1) Lo suscribo: Mi abuelo 4º  Andrés Manteca, nativo y vecino de Socueva (Arredondo) declara lo siguiente en el Catastro de Ensenada de 1745:
“Familia: Primeramente declaro ser del estado noble, casado, de edad de treinta y dos años. Mi oficio es labrador del campo…”
Otro abuelo 4º,  Esteban Castillo-Valle, igualmente de Socueva, hace en el Catastro de 1745 la misma declaración de nobleza. 
Mi abuelo 5º, Veremundo de Regil, vecino del barrio de La Atalaya (Arredondo), declara también ser de estado noble. 
En vista de esto consulté las declaraciones de media docena de individuos del Catastro correspondiente a Arredondo, elegidos al azar, y todos habían declarado ser de estado noble.

(Continuará)



Manual de Urbanidad para niños
Barcelona 1913

8. ¿Qué defectos hay que evitar al beber? 
9. ¿Qué acciones han de evitarse en la mesa?

8. Es sumamente repugnante beber cuando la boca está aun ocupada por la comida; to­mar el vaso o copa con la mano izquierda o con ambas manos; mirar a todos lados mien­tras se bebe; fijar la mirada en alguna perso­na por encima del vaso; meter el borde del mismo muy dentro de la boca; beber a sorbe-tones; beber mientras está haciendo lo mismo el de mi lado. Todas estas son faltas muy no­tables; pero el colmo de la grosería lo come­ten aquellos que, al terminar de beber, abren la boca para recobrar el aliento y, pronun­ciando un repugnante ja! como en señal de satisfacción, regalan a los de su lado un alien­to impregnado en vino o en los vapores que suben del estómago.




9. Mirar la fuente que viene y si es de nuestro gusto ponerse alegre y mirar a los comen­sales frotándose las manos en señal de satis­facción; o al revés, si no nos gusta, volver la cabeza, murmurar y dar señales de disgusto es una prueba manifiesta de incivilidad. Lo mismo puede decirse de los que toman mu­cho pan, o lo cortan a lo largo, o bien para cortarlo lo aguantan sobre la mesa y lo par­ten con el cuchillo vuelto hacia abajo con pe­ligro de estropear los manteles; o bien aque­llos que desde el principio de la mesa se pro­veen con una porción de pedacitos pequeños que colocan en montón junto al plato. 


Tocar la comida, el almíbar o las salsas con los de­dos, roer o chupar los huesos, tomar con la mano el pan mojado en las salsas, es propio de gente inculta y pone las servilletas a la miseria; limpiar los labios o el cubierto con una miga de pan y dejarla después pringada a la vista, lamer o chuparse los dedos o lim­piarlos en el mantel es el colmo del desaseo.  


La miga con que tal vez haya de limpiarse el cubierto, pero nunca los labios, ha de dejarse en el plato con los residuos de la comida. 
Oler los platos o las fuentes es de lo más in­civil y grosero que puede darse.

21 febrero 2014

RASINES: CIEN AÑOS DE MINERÍA (y XVII)

Fin de la minería de los Lombera

No hay una fecha tajante para el final de la minería de la familia Lombera, que debió de producirse entre mediados de los años cincuenta y principios de los sesenta del s. XX. El suyo debió ser un lento languidecer, a medida que se agotaban los recursos mineros tradicionales y tampoco resultaban viables los proyectos de explotación de productos secundarios con menos valor de mercado. Arsenio Lombera realizó prospecciones en busca de nuevos yacimientos, por ejemplo, en el Pico del Carlista, pero no tuvo éxito.

En resumen, como causas del fin de la minería de Rasines, después de un siglo de explotación, podríamos señalar las siguientes:



1º.- El mineral existente en nuestro pueblo no forma filones o capas continuas y bien definidas, sino que se presenta diseminado en relación con fracturas de la roca y zonas brechificadas, o bien en pequeñas concentraciones de origen kárstico, lo que hace muy difícil realizar una explotación racional.

2º.- Existe gran cantidad de agua en el subsuelo de la zona de Helguera, con la consiguiente inundación de las labores mineras subterráneas, tal como ya puso de relieve el informe de Peñarroya España realizado a instancias de Arsenio Lombera.

3º.- Falta de inversiones en labores preparatorias y, especialmente, en una planta de concentración de minerales adecuada (limitaciones de la empresa familiar).

4º.- Imposibilidad de competir en cantidad y costes con la Real Compañía Asturiana de Minas que lidera y prácticamente monopoliza el mercado e industria del zinc en esa época, desde su gigantesca y riquísima mina de Reocín.



Como testimonio de una época ya pasada, nos quedan los restos de la minería que recientemente han vuelto a salir a la luz, aunque es mucho, todavía, lo que de las mismas queda por descubrir.

A simple vista o rebuscando un poco, podemos apreciar los vestigios de las antiguas labores. Tres galerías de mina: una, en la misma cantera de Helguera, en la cota baja frente al primer horno; otra, la de la mina Constante; y una tercera al nivel de la casilla que se observa entre ésta y La Cueva.  Dos hornos, uno para calcinación de mineral y fabricación de cal viva; y otro para  tostado de dolomía. Dos o tres canteras, además de la Constancia, en la zona de Helguera y otras tantas por encima de Los Mártires; y aún alguna otra oculta por los matorrales en el camino de La Cueva. 



Varios cargaderos de mineral: en la zona citada de la casilla de ganado,  en la ladera de La Cueva; en la zona de Helguera, en el contrafuerte de piedra bajo el primer horno; en la “Revuelta Volao”, camino de Gibaja; dos más en la carretera que sube al “Sutu”.  Un depósito de agua que, a pesar de lo que dice el panel informativo, no parece corresponder a un lavadero de mineral. Sabemos que había varios lavaderos, pero desconocemos dónde. Parece que el principal se hallaba por debajo del citado depósito de agua, junto al camino de La Cueva. De hecho los autores de este artículo recuerdan que hasta hace unos 20 años se podían distinguir perfectamente depósitos de estériles de lavado de mineral, próximos a la zona de Helguera conocida por “Zorrovalle”.

Siguiendo con nuestro inventario, podemos citar las construcciones cerca de los hornos, seguramente como almacén de herramientas, explosivos, utillaje,  etc.  Caminos de comunicación entre minas, visibles en El Sutu, encima de Los Mártires. Sabemos, también, que se excavó un pozo para desaguar la mina Constancia pero se desconoce su ubicación exacta.



Sería conveniente continuar con la labor de limpieza y desbroce de la zona, así como hacer excavaciones a la búsqueda de más vestigios. Tal vez, incluso, se podrían descubrir restos que confirmasen la supuesta actividad minera romana de la zona. Lamentablemente los terrenos de la cantera han estado convertidos estos últimos años en vertedero de basuras, que probablemente habrán ocultado alguna de las bocaminas.

Esperemos que algún día todos estos testimonios salgan a la luz y podamos conocer, íntegramente, la historia de la minería de Rasines.


Rasines, Octubre de 2002. 
                         
José Ignacio Manteca,  Dr. en Geología, Profesor Universitario.

Ramón Luis Manteca, Ldo. en Psicología y en CC. Información.

Florencio, Bloggero.



Manual de Urbanidad para niños
Barcelona 1913


8. ¿Qué defectos hay que evitar al beber?
9. ¿Qué acciones han de evitarse en la mesa?


8. Es sumamente repugnante beber cuando la boca está aun ocupada por la comida; to­mar el vaso o copa con la mano izquierda o con ambas manos; mirar a todos lados mien­tras se bebe; fijar la mirada en alguna perso­na por encima del vaso; meter el borde del mismo muy dentro de la boca; beber a sorbetones; beber mientras está haciendo lo mismo el de mi lado. 

Todas estas son faltas muy no­tables; pero el colmo de la grosería lo come­ten aquellos que, al terminar de beber, abren la boca para recobrar el aliento, y pronun­ciando un repugnante ja! como en señal de satisfacción, regalan a los de su lado un alien­to impregnado en vino o en los vapores que suben del estómago.

9. Mirar la fuente que viene y si es de nuestro gusto ponerse alegre y mirar a los comen­sales frotándose las manos en señal de satis­facción; o al revés, si no nos gusta, volver la cabeza, murmurar y dar señales de disgusto es una prueba manifiesta de incivilidad. 



Lo mismo puede decirse de los que toman mu­cho pan, o lo cortan a lo largo, o bien para cortarlo lo aguantan sobre la mesa y lo par­ten con el cuchillo vuelto hacia abajo con pe­ligro de estropear los manteles; o bien aque­llos que desde el principio de la mesa se pro­veen con una porción de pedacitos pequeños que colocan en montón junto al plato. Tocar la comida, el almíbar o las salsas con los de­dos, roer o chupar los huesos, tomar con la mano el pan mojado en las salsas, es propio de gente inculta y pone las servilletas a la miseria; limpiar los labios o el cubierto con una miga de pan y dejarla después pringada a la vista, lamer o chuparse los dedos o lim­piarlos en el mantel es el colmo del desaseo. 



La miga con que tal vez haya de limpiarse el cubierto, pero nunca los labios, ha de dejarse en el plato con los residuos de la comida. Oler los platos o las fuentes es de lo más in­civil y grosero que puede darse.

14 febrero 2014

RASINES: CIEN AÑOS DE MINERÍA (XVI)

Familia Lombera: Seis minas y demasía

Después del paréntesis dedicado a otras actividades mineras en Rasines en época contemporánea, volvemos a retomar el hilo de nuestra narración, centrado en la minería de la familia Lombera. Abordamos ahora la descripción de las concesiones mineras de esta familia y acabaremos nuestra historia con unos comentarios sobre su final.

Tenemos una detallada información sobre la ubicación de las minas de los Lombera, cinco en el término de Rasines y una en el de Gibaja, además de la “demasía”. Una vez más la información nos la facilita el tantas veces citado contrato de arriendo entre Juan Lombera Gil y Francisco MacLennan White. Dicho contrato se efectúa “en la villa de Portugalete a 20 de septiembre de 1894, ante mí D. Ricardo de Vildósola, Notario del Colegio de la Excma. Audiencia del Territorio de Burgos, distrito de Valmaseda...” Transcribimos los datos más significativos para su identificación.
Primera. La Mina “Constancia”



“Sita en el término del dicho Rasines, sitio de Helguera, de mineral de zinc y otros metales, registrada al nº. 1.074, mide doce pertenencias igual a 120.000 m2, y linda por el sur con la mina denominada “Los Mártires”, por el norte con mies común de Rasines y por el este y oeste con terreno común del pueblo dicho y tierra de D. Manuel Pérez. El título que obtiene es por denuncia hecha a nombre del señor Lombera compareciente, según el que se expidió por Su Majestad la Reina Doña Isabel II, con fecha 21 de octubre de 1.867, y se halla inscrito  en el Registro de la Propiedad de Ramales al folio 51, de tomo 27, libro 2º, Ayuntamiento de Rasines, finca nº 189, inscripción 1ª, el 18 de noviembre de 1.871.”

Segunda. La  Mina “Constante”.

“Sita en el término del mismo Rasines y paraje nombrado, ladera de la Cueva del Valle, de mineral de calamina, registrada al nº 4.367,  mide doce pertenencias igual a 120.000 m2, siendo la demarcación de esta mina la siguiente: visuales de referencia a puntos fijos (...), línea de demarcación (...), rumbos de brújula en grados y minutos, etc., sentido de los mojones, etc.... y cuyo título está expedido por el Sr. Gobernador Civil de aquella provincia de Santander con fecha 24 de agosto de 1889.”



Tercera. La Mina “San Fermín”

“Sita en el término municipal de Rasines y Ramales, sita en terreno común de Rasines y Gibaja, de mineral de calamina, registrada al número 4.371, de medida de 20 pertenencias o 200.000 m2, siendo la demarcación de esta mina la siguiente: visores de referencia, etc. (...). Que el título de esta mina está expedido por el señor Gobernador Civil de dicha provincia de Santander con fecha 24 de agosto de 1.889.”

Cuarta. La Mina “Inmejorable”

“Sita en el terreno común de Rasines, de mineral de zinc, registrada al nº 4.593 de ocho pertenencias que componen 80.000 m2, siendo la demarcación de esta mina la siguiente: visuales de referencia a puntos fijos, (...), etc. Que el título de esta mina Inmejorable fue expedido por el Sr. Gobernador de la insinuada provincia de Santander con fecha 30 de enero de 1891.”

Quinta. La Mina “San Pedro”

“Sita en el terreno de Gibaja, término municipal de Ramales de dicha provincia, de mineral de zinc, registrada al nº 4.616 de doce pertenencias que componen 120.000 m2 de extensión, siendo la demarcación de dicho sitio la siguiente: (siguen coordenadas de la finca, etc.). Que el título de esta mina, San Pedro, fue expedido por el señor Gobernador Civil de la repetida provincia de Santander D. Antonio Baitán y Goñi con fecha 30 de enero del año 1891.”


Sexta. La Mina “Deseada”

“Sita en terreno común de Rasines, término municipal del mismo Rasines, de la citada provincia de Santander, de mineral de zinc, registrada al nº 4.617 de seis pertenencias que componen 60.000 m2 de extensión, siendo la demarcación de esta mina Deseada la siguiente: (siguen datos visuales de referencia, etc.). Que el título de esta mina Deseada fue expedido por el señor Gobernador Civil de la citada provincia de Santander D. Antonio Baitán y Goñi con fecha 30 de enero de 1891.”

Demasía de la mina “Deseada”.

“Demasía de la mina Deseada descrita anteriormente sita en el mismo término municipal de Rasines de la repetida provincia de Santander de mineral de zinc, registrada al nº 4.618, siendo la demarcación de esta demasía la siguiente: (visuales de referencia, etc.). Y cuyo título de la expresada demasía a la mina Deseada fue expedido por el Sr. Gobernador Civil de la provincia de Santander D. Antonio Baitán y Goñi con fecha de septiembre de 1892.”



Manual de Urbanidad para niños
Barcelona 1913


5. ¿Tomará V. la sopa en mucha cantidad?- 6. ¿Qué hará V. en caso de que la sopa u otro manjar esté demasiado caliente?- 7. ¿Qué faltas evitará V. en el comer?

5. El llenar los platos de cualquier manjar que sea, es señal de glotonería; tomar mucha sopa no se acostumbra entre personas bien educadas, a no ser en mesas de familia.



6. Para no experimentar la sensación tan molesta de una quemadura, lo mejor es tentar la sopa u otro manjar con cuidado; y en caso de hallar la comida muy caliente, no soplaré en manera alguna, sino que esperaré a que se enfríe; o bien, si se trata de la sopa, iré mo­viéndola suavemente con la cuchara. Pero si hubiese sido tan precipitado o distraído que tuviese ya en la boca la comida y de ningún modo pudiese aguantarla, cubriéndome con la servilleta, la dejaré caer en el plato y lo en­tregaré inmediatamente al que sirve.

7. Son indicio de grosería las faltas siguien­tes: cortar el pan a mordiscos con los dientes, mojarlo en la sopa o mezclarlo con ella, limpiar con él las orillas del plato, sorber con rui­do, producir al mascar ese sonido especial tan repugnante, abrir la boca de tal modo que se vea la comida que hay en ella, rebañar el pla­to con una miga entre los dedos o inclinarlo de un lado para apurar el caldo o salsa, s
os­tener la cuchara apoyando el codo sobre la mesa o introducirla toda en la boca, tomar en varias veces una sola cucharada, lamer la cu­chara, 


llenar la boca, introducir en ella más comida sin haber pasado la que ya se tiene, comer a dos carrillos y formando con ellos unas como bolsas, y hablar teniendo la boca llena.