Eran las dos de la mañana de la Nochebuena del 1789 cuando, izadas las vergas mayores, comenzaron en las corbetas las faenas de zarpar del puerto de Egmont, y a las 4h., con un S. S. O. fresquito se dio a la vela con todo el aparejo largo; pero a las seis quedó calma y después, sometidos a los caprichos

de un tiempo variable con vientos distintos en fuerza y dirección, en el que las calmas se alternaban con las turbonadas y las húmedas nieblas con las claridades de un cielo despejado, transcurrieron cuatro días que siguieron al de salida, pues sobre las cinco y media horas del día 29 avistaron por la proa y a una distancia de 18 millas el Cabo de las Vírgenes.
Desde allí se empezaron los trabajos para determinar la situación geográfica de los los cabos que enmarcan la embocadura del Estrecho de Magallanes, así co

Con las intermitencias a que daba lugar un tiempo desigual, que presagiaba los cercanos temporales que les esperaban más al Sur, continuaron los trabajos hidrográficos. La Tierra de Fuego se presentaba a los expedicionarios muy alta, quebrada y con grandes picachos cubiertos de nieve; entre sus montañas hay algunas de prodigiosa elevación, hacia lo interior del país, y en ella se dejan ver buenas arboledas, pero todo presenta "una horrorosa perspectiva y da muy buena idea de la crudeza del clima."
Un viento muy fresco y con fuertes rachas del S. O., así como con una mar muy gruesa, obligaron a las corbetas a perder de vista la costa, para así ganar algo al Oeste, aunque se perdiera en latitud.


La tierra era bastante elevada y en el interior vieron los Andes cubiertos de nieve. Esta esperada contingencia dio lugar a diversas observaciones sobre la costa de la isla de Madre de Dios, cuyas situaciones geográficas quedaron determinadas.
poco conocida y con planos de muy escasa confianza, fueron las corbetas barajándola hasta la punta del Puerto del Inglés, para seguir después la vuelta del Canal y atracar a la punta O. del estero donde se fondea y desde la cual ya se distinguía muy bien la batería que defiende la entrada, la cual saludó con un cañonazo la aproximación de los barcos y al anochecer dejaron caer sus anclas después de cuarenta y tres días de navegación en las peores condiciones de mar y tiempo.
El resto de la noche la pasamos en calma y a las 9 del día siguiente levamos con el fin
de fondear en mejor paraje, como en efecto conseguimos, quedando en las inmediaciones de Punta de Arenas, frente a un pequeño arroyo de excelente agua y un espeso bosque que nos proporcionó estos dos renglones precisos con la mayor comodidad.
"A la mañana siguiente se enviaron a la población varios instrumentos astronómicos, de una y otra corbeta, y el Comandante Malaspina junto al Teniente de Navío Galiano pasaron con ellos a tierra, con objeto de visitar al Gobernador y establecer el observatorio en la casa que
este determinase, en el cual pudiese examinarse nuevamente la marcha de los relojes por alturas correspondientes y deducirse por observaciones de confianza la latitud y longitud de este puerto: en efecto, "después de hallar una casa a propósito para el intento, se armó y puso en "movimiento el péndulo astronómico y se destinaron a las órdenes de los oficiales astrónomos, un pilotín y un soldado, para la seguridad de aquellos instrumentos.





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