No fue fácil la salida de Montevideo hacia mar abierta, prevista inicialmente para el 12 de noviembre, primero porque el mal tiempo reinante, con vientos contrarios, la retrasaron 4 días y después, porque una vez que las corbetas pudieron comenzar su navegación oceánica, aunque el viento causante del retraso en la salida había cesado de soplar en dirección opuesta al rumbo, la mar gruesa que le acompañaba no había disminuido, y obligó al bergantín a ponerse a la capa.
El día siguiente mejoró el tiempo, lo que permitió arrumbar a los barcos hacia la costa para iniciar su recorrido hacia el sur del continente y el día 21 se empleó en el cuidado de las dotaciones: se pasó revista de vestuario y se proporcionó,
y se han distinguido hasta aquí en el cumplimiento de su obligación y buena conducta, se les comenzó a distribuir medio cuartillo suplementario de vino al día, distinguiendo de este modo al hombre de bien, para que sirva de estímulo a los que abusan de la consideración con que se les trata, cometiendo "continuas faltas".

Al día siguiente, 3 de diciembre, vieron las tierras de Cabo Blanco y continuaron corriendo la costa en demanda de Puerto Deseado, donde fondearon aquel mismo día e, inmediatamente, se ocuparon en el reconocimiento del lugar, en busca de sitio apropiado para la instalación del observatorio y donde hacer la aguada. Para el observatorio se escogió las cercanías del "Peñón de Marca", en donde al día siguiente se instaló la tienda de campaña, con el cronómetro cuarto de círculo, aguja de inclinación y algunos otros instrumentos y se encargó de su custodia, por las noches, un Guardia Marina con tres soldados y un cabo a sus órdenes.
La aguada, en cambio, resultó difícil ya que no se encontró hasta cuatro leguas tierra adentro del fondeadero de las corbetas.
cambio de menestras, que es lo que más aprecian, como toda clase de comestibles. Se mostraron al principio muy desconfiados y usaron la precaución de presentarse sólo los hombres, pero luego que estuvieron satisfechos de nuestra buena fe, hicieron llegar a sus mujeres y niños, que hasta entonces habían tenido retirados en una cañada.
semejante al cobre, la cabeza muy grande, igualmente que la cara y ésta algo achatada, frente llana y pequeña, ojos chicos y hundidos.
Dadas las malas condiciones y escasos recursos del puerto, se aceleraron los trabajos hidrográficos que allí habían de efectuarse y, terminados estos para el día 9, se recogió el observatorio y se dispuso lo conveniente para hacerse a la mar, pero los vientos contrarios no lo permitieron hasta el 14 de diciembre de 1789.Después de tomar no pocas precauciones y vencer algunas dificultades originadas por la fuerza de la corriente de marea, consiguieron, en la madrugada del 14, encontrarse las corbetas en franquía. El tiempo, que era bueno y presentaba buen cariz, las permitió comenzar en seguida sus trabajos, sobre todo los de sonda, en los que acordaron alternar ambas corbetas. El día 18 arribaron para reconocer una isla rasa que situaron por estima y costearon la de los Salvajes; por la noche se mantuvieron sobre fondos cortos para
continuar las faenas al día siguiente hasta el puerto de Egmont, en las Malvinas, que se reconoció a las diez del 19 de diciembre y se abocó a las once, para fondear en él algo más tarde frente al establecimiento que los ingleses evacuaron en 1770.Se hallaba en el puerto una zumaca mandada por un pilotín, comisionado por el Comandante del establecimiento de la bahía de Soledad, para el reconocimiento que anualmente se hace a estas islas y puertos para avisar de cualquier novedad y, al propio tiempo, levantar sus planos; iba en la zumaca un práctico inglés, desertor de una de las muchas embarcaciones que se emplean en pesca de la ballena.
El Comandante don Alejandro Malaspina nos había hecho señal de hacer aguada con preferencia a todo consecuencia, reconocido el sitio de ella en la inmediación del muelle, se envió todo lo vacío y se nombró gente a propósito para esta pronta diligencia.
La tienda de observatorio se colocó en la inmediación de este sitio, a su parte N., y se desembarcó un cuarto de círculo, el cronómetro número 72, un teodolito y otros instrumentos astronómicos.
En atención a los fuertes temporales que habían de encontrar en su vuelta al Cabo de Hornos se sustituyó todo el velamen de ambas corbetas por otro nuevo.
A partir del día 20 se comenzaron las observaciones astronómicas, alternándolas con los trabajos hidrográficos, durante toda su permanencia en el puerto.
Comoquiera que desde la llegada se había observado que la isla era abundante en volatería, por cada barco se nombro un equipo de aficionados a la caza para que
diariamente se proveyera de este alimento al equipaje, y, en efecto, se logró abundantemente, no menos que de varias plantas antiescorbúticas, que reconocidas por el cirujano se echaban en sus comidas, particularmente el apio y acederas, de que hay grande abundancia en todas las inmediaciones de la aguada.
Finalmente, llena toda nuestra pipería y terminadas las demás faenas, se levó el ancla sencilla y metimos las embarcaciones menores con el fin de dar la vela al día siguiente, 23 de diciembre. Pero como iba siendo ya costumbre, vientos contrarios la retrasaron.

























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