02 noviembre 2026

LA EXPEDICIÓN MALASPINA-BUSTAMANTE (VIII)

ISLAS MALVINAS-ISLA DE CHILOÉ

Eran las dos de la mañana de la Nochebuena del 1789 cuando, izadas las vergas mayores, comenzaron en las corbetas las faenas de zarpar del puerto de Egmont, y a las 4h., con un S. S. O. fresquito se dio a la vela con todo el aparejo largo; pero a las seis quedó calma y después, sometidos a los caprichos 


de un tiempo variable con vientos distintos en fuerza y dirección, en el que las calmas se alternaban con las turbonadas y las húmedas nieblas con las claridades de un cielo despejado, transcurrieron cuatro días que siguieron al de salida, pues sobre las cinco y media horas del día 29 avistaron por la proa y a una distancia de 18 millas el Cabo de las Vírgenes.
Desde allí se empezaron los trabajos para determinar la situación geográfica de los los cabos que enmarcan la embocadura del Estrecho de Magallanes, así co
mo las sondas de esta y la posición de los bajos existentes.



Con las intermitencias a que daba lugar un tiempo desigual, que presagiaba los cercanos temporales que les esperaban más al Sur, continuaron los trabajos hidrográficos. La Tierra de Fuego se presentaba a los expedicionarios muy alta, quebrada y con grandes picachos cubiertos de nieve; entre sus montañas hay algunas de prodigiosa elevación, hacia lo interior del país, y en ella se dejan ver buenas arboledas, pero todo presenta "una horrorosa perspectiva y da muy buena idea de la crudeza del clima." 
Por la señal de la "Descubierta" previno el Comandante de la expedición que no se daría fondo en la costa que se corría,


indicando con ello que no se entraría en ninguno de los puertos de la isla de los Estados, por lo cual, y en previsión de los próximos temporales, se metieron a bordo las anclas y se reforzaron todas las trincas y amarras, incluso de las jarcias mayores, para que soportaran los fuertes vientos y grandes marejadas del Cabo de Hornos. 
A la amanecida de la noche última del año de 1789 y primera del 90, doblaron el Cabo de San Juan, situado en el extremo E de la Isla de los Estados.


Un viento muy fresco y con fuertes rachas del S. O., así como con una mar muy gruesa, obligaron a las corbetas a perder de vista la costa, para así ganar algo al Oeste, aunque se perdiera en latitud. 
Durante doce largos días se mantuvieron a porfía la mar, el viento y la cerrazón; siempre muy gruesa la primera, 


rompía sobre las amuras de los barcos, haciéndolos saltar y gemir con ruidos insospechados; el viento, aunque no constante en dirección, siempre fue fresco y contrario, aumentando de intensidad durante los frecuentes chubascos. En el cielo, abigarradas nubes plomizas corrían atropellándose, dejando caer una pertinaz garúa que limitaba el horizonte y también de vez en cuando fortísimas gotas de agua helada mezclada con nieve, que herían con su frialdad las caras y manos de aquellos tripulantes que la necesidad de la maniobra o la guardia mantenía a la intemperie.  


Durante la noche del día 12 el viento ha seguido con su acostumbrada inconstancia del O. N. O, y O. S. O. y continuó lloviendo, pero la mar no fue muy gruesa. 
Al fin, el día 15 llegaron vientos del primer cuadrante, permitiendo a las corbetas navegar con todo aparejo hacia el N. O. A este viento, muy poco común en estas latitudes, siguió, sobre el mediodía, una calma, y a este día de raro buen tiempo sucedieron tres en los que se repitieron las rachas, chubascos y nieve de los anteriores, que les impidió aproximarse a tierra lo conveniente para reconocer como deseaban la costa que, al fin, fue vista el día 22, a una distancia de siete a ocho leguas.
 

La tierra era bastante elevada y en el interior vieron los Andes cubiertos de nieve. Esta esperada contingencia dio lugar a diversas observaciones sobre la costa de la isla de Madre de Dios, cuyas situaciones geográficas quedaron determinadas.


Otros ocho días siguieron de mal tiempo, con viento racheado y duro, de dirección variable y gruesa mar, que produjeron no poco trabajo a las dotaciones y cuidado a los oficiales, que en cada momento tenían que estar pendientes de lo que sucedía en la mar, el cielo y el barco, a fin de que este último y su dotación sufrieran en el menor grado posible los furores de aquéllos.
Finalmente, el 4 de febrero se aproximaron a la boca del puerto de San Carlos y el día 5, con todas las precauciones que requiere la navegación en las cercanías de una costa


poco conocida y con planos de muy escasa confianza, fueron las corbetas barajándola hasta la punta del Puerto del Inglés, para seguir después la vuelta del Canal y atracar a la punta O. del estero donde se fondea y desde la cual ya se distinguía muy bien la batería que defiende la entrada, la cual saludó
con un cañonazo la aproximación de los barcos y al anochecer dejaron caer sus anclas después de cuarenta y tres días de navegación en las peores condiciones de mar y tiempo.
El resto de la noche la pasamos en calma y a las 9 del día siguiente levamos con el fin


de fondear en mejor paraje, como en efecto conseguimos, quedando en las inmediaciones de Punta de Arenas, frente a un pequeño arroyo de excelente agua y un espeso bosque que nos proporcionó estos dos renglones precisos con la mayor comodidad.
"A la mañana siguiente se enviaron a la población varios instrumentos astronómicos, de una y otra corbeta, y el Comandante Malaspina junto al Teniente de Navío 
Galiano pasaron con ellos a tierra, con objeto de visitar al Gobernador y establecer el observatorio en la casa que


este determinase
, en el cual pudiese examinarse nuevamente la marcha de los relojes por alturas correspondientes y deducirse por observaciones de confianza la latitud y longitud de este puerto: en efecto, "después de hallar una casa a propósito para el intento, se armó y puso en "movimiento el péndulo astronómico y se destinaron a las órdenes de los oficiales astrónomos, un pilotín y un soldado, para la seguridad de aquellos instrumentos. 
Habíase acordado con el Comandante don Alejandro Malaspina que el día 10 viniesen a bordo los caciques
e Indios con su comitiva y, en efecto, lo verificaron este día con algunos soldados que los acompañaban, dejándonos admirados de su glotonería: consumieron en dos


comidas 746 raciones de menestra y pan y ocho carneros, con el correspondiente vino a proporción; se les regalaron algunas chucherías y el cacique Castiguala correspondió con un poncho de los que tejen sus mujeres, unos palitos con que se sacan fuego y uno de sus tajames o sables, permitiendo también que se sacase por nuestro pintor su retrato y el de su joven hijo, regresando después a tierra muy satisfechos.
Durante estos días los oficiales astrónomos habían efectuado varias observaciones, y entre ellas la emersión del primer satélite de Júpiter, confirmando nuestras sospechas de retraso del reloj a bordo de una de las corbetas, que causaba un error de 16' hacia el Este, debiendo, por consiguiente, corregirse las longitudes comprendidas entre Montevideo y Puerto Deseado 16' O., adoptando para este último puerto la longitud de 59°-43'-15" Oeste de Cádiz. 


Se hallaba igualmente concluido el plano del puerto, completos de agua y leña y reunidos algunos otros oficiales comisionados, no menos que los naturalistas y botánicos, que han trabajado en esta isla con no menos actividad que fruto; y el día 15 de febrero, por la toma de las alturas correspondientes quedó cerrada la cuenta de nuestros relojes, embarcándose en la misma tarde cuantos instrumentos astronómicos había en el observatorio y quedando de todo prontos a verificar la salida al día siguiente. 
Pero, claro, - yo ya me lo estaba barruntando - tanto el día 16 de febrero como los dos días siguientes intentaron las corbetas hacerse a la mar, pero el primer día por viento contrario, el segundo por la fuerza de la marea, y el tercero por faltar el viento en la mitad de la maniobra, tuvieron que desistir de su empeño, lo que lograron al fin a la mañana del día 19.

26 octubre 2026

LA EXPEDICIÓN MALASPINA-BUSTAMANTE (VII)




MONTEVIDEO-PUERTO DESEADO-MALVINAS


No fue fácil la salida de Montevideo hacia mar abierta, prevista inicialmente para el 12 de noviembre, primero porque el mal tiempo reinante, con vientos contrarios, la retrasaron 4 días y después, porque una vez que las corbetas pudieron comenzar su navegación oceánica, aunque el viento causante del retraso en la salida había cesado de soplar en dirección opuesta al rumbo, la mar gruesa que le acompañaba no había disminuido, y obligó al bergantín a ponerse a la capa. 
El día siguiente mejoró el tiempo, lo que permitió arrumbar a los barcos hacia la costa para iniciar su recorrido hacia el sur del continente y el día 21 se empleó en el cuidado de las dotaciones: se pasó revista de vestuario y se proporcionó,

como consecuencia de él, "considerable proporción de camisas, medias, zapatos, gorros y pañuelos" a la gente de mar embarcada en Montevideo, que se encontraban en "suma desnudez"; también se repitieron continuamente los zafarranchos y sahumerios, logrando por estos medios la mejor salud de toda la tripulación, y así era efectivamente, pues a excepción de un individuo que presentaba síntomas de "excesos en tierra", todos los demás la tenían excelente. Igualmente, a los que han estado más asistentes en Montevideo, a bordo,


y se han distinguido hasta aquí en el cumplimiento de su obligación y buena conducta, se les comenzó a distribuir medio cuartillo suplementario de vino al día, distinguiendo de este modo al hombre de bien, para que sirva de estímulo a los que abusan de la consideración con que se les trata, cometiendo "continuas faltas". 
Mientras estas incidencias tenían lugar, las corbetas continuaron con rumbo hacia tierra, la que avistaron el día 24 de noviembre por Rio Negro, continuando cerca de ella en reconocimiento y situación de puntos notables de la 
costa. 

En estos trabajos entraron en Puerto San José y situaron la península en que está enclavado, continuando después hacia el Sur.
Al día siguiente, 3 de diciembre, vieron las tierras de Cabo Blanco y continuaron corriendo la costa en demanda de Puerto Deseado, donde fondearon aquel mismo día e, inmediatamente, se ocuparon en el reconocimiento del lugar, en busca de sitio apropiado para la instalación del observatorio y donde hacer la aguada. Para el observatorio se escogió las cercanías del "Peñón de Marca", en donde al día siguiente se instaló la tienda de campaña, 
con el cronómetro cuarto de círculo, aguja de inclinación y algunos otros instrumentos y se encargó de su custodia, por las noches, un Guardia Marina con tres soldados y un cabo a sus órdenes.


La aguada, en cambio, resultó difícil ya que no se encontró hasta cuatro leguas tierra adentro del fondeadero de las corbetas.
Aquel mismo día tuvieron los expedicionarios el primer contacto con los patagones, que les "parecieron de buena índole, e hicieron varios regalos de abalorios, relicarios, etc., y ellos, que nada tenían para corresponder, ofrecieron volver al día siguiente con pieles y carnes de guanaco a


cambio de menestras, que es lo que más aprecian, como toda clase de comestibles. Se mostraron al principio muy desconfiados y usaron la precaución de presentarse sólo los hombres, pero luego que estuvieron satisfechos de nuestra buena fe, hicieron llegar a sus mujeres y niños, que hasta entonces habían tenido retirados en una cañada.

Se midió la talla al cacique, resultando de seis pies, 10 pulgadas de Burgos (1,90 m), correspondiendo a la robustez de sus miembros y abultadas facciones, pero todos muy semejantes en lo fornidos, pudiendo asegurarse que, aunque no deben pasar por gigantes, como quisieron suponer algunos viajeros, son generalmente de una talla y corpulencia muy superior a la de los europeos. Su color es


semejante al cobre, la cabeza muy grande, igualmente que la cara y ésta algo achatada, frente llana y pequeña, ojos chicos y hundidos. 
Entre los niños y las mujeres jóvenes se ven algunas caras no feas y de un color bastante claro, al paso que el de los adultos es oscurísimo, lo que prueba ser éste efecto de la intemperie a que continuamente están expuestos.
Dadas las malas condiciones y escasos recursos del puerto, se aceleraron los trabajos hidrográficos que allí habían de efectuarse y, terminados estos para el día 9, se recogió el observatorio y se dispuso lo conveniente para hacerse a la mar, pero los vientos contrarios no lo permitieron hasta el 14 de diciembre de 1789.
Después de tomar no pocas precauciones y vencer algunas dificultades originadas por la fuerza de la corriente de marea, consiguieron, en la madrugada del 14, encontrarse las corbetas en franquía. El tiempo, que era bueno y presentaba buen cariz, las permitió comenzar en seguida sus trabajos, sobre todo los de sonda, en los que acordaron alternar ambas corbetas. El día 18 arribaron para reconocer una isla rasa que situaron por estima y costearon la de los Salvajes; por la noche se mantuvieron sobre fondos cortos para

 

 

continuar las faenas al día siguiente hasta el puerto de Egmont, en las Malvinas, que se reconoció a las diez del 19 de diciembre y se abocó a las once, para fondear en él algo más tarde frente al establecimiento que los ingleses evacuaron en 1770.
Se hallaba en el puerto una zumaca mandada por un pilotín, comisionado por el Comandante del establecimiento de la bahía de Soledad, para el reconocimiento que anualmente se hace a estas islas y puertos para avisar de cualquier novedad y, al propio tiempo, levantar sus planos; iba en la zumaca un práctico inglés, desertor de una de las muchas embarcaciones que se emplean en pesca de la ballena.

 


El Comandante don Alejandro Malaspina nos había hecho señal de hacer aguada con preferencia a todo consecuencia, reconocido el sitio de ella en la inmediación del muelle, se envió todo lo vacío y se nombró gente a propósito para esta pronta diligencia.
La tienda de observatorio se colocó en la inmediación de este sitio, a su parte N., y se desembarcó un cuarto de círculo, el cronómetro número 72, un teodolito y otros instrumentos astronómicos.
En atención a los fuertes temporales que habían de encontrar en su vuelta al Cabo de Hornos se sustituyó todo el velamen de ambas corbetas por otro nuevo.
A partir del día 20 se comenzaron las observaciones astronómicas, alternándolas con los trabajos hidrográficos, durante toda su permanencia en el puerto.
Comoquiera que desde la llegada se había observado que la isla era abundante en volatería, por cada barco se nombro un equipo de aficionados a la caza para que

 


diariamente se proveyera de este alimento al equipaje, y, en efecto, se logró abundantemente, no menos que de varias plantas antiescorbúticas, que reconocidas por el cirujano se echaban en sus comidas, particularmente el apio y acederas, de que hay grande abundancia en todas las inmediaciones de la aguada.
Finalmente, llena toda nuestra pipería y terminadas las demás faenas, se levó el ancla sencilla y metimos las embarcaciones menores con el fin de dar la vela al día siguiente, 23 de diciembre. Pero como iba siendo ya costumbre, vientos contrarios la retrasaron.


14 octubre 2026

LA EXPEDICIÓN MALASPINA-BUSTAMANTE (VI)

 CÁDIZ-MONTEVIDEO


NOTA PREVIA

Los artículos que siguen están basados en la Obra de Lorenzo Sanfeliú,     titulada "62 MESES A BORDO", que contiene el diario de navegación de      Don Antonio deTova Arredondo, 2º Cmte. de la corbeta Atrevida


Y al fin comenzó la expedición Malaspina-Bustamante, después de  nueve meses y medio desde que el proyecto fue aprobado por el Rey Carlos III. 

Asombra que en tan poco tiempo se construyesen y armasen dos corbetas, amén de completar el resto de preparativos tanto logísticos como humanos. 

Así que a las nueve de la mañana del día 30 de julio de 1789, festividad de San Senén, con un viento fresquito y bien entablado del nordeste, que prometía llevarlos sin mayores contratiempos hacia la región de las calmas tropicales, abandonaron las corbetas el fondeadero de la luminosa bahía gaditana para iniciar la primero singladura de su dilatada expedición. 

El buen tiempo reinante animó probablemente a Antonio de Tova a iniciar su diario de navegación para que su casi paisano Florencio (Rasines está a 13 km. de Riva) lo pudiera utilizar 237 años después en La Floropedia, y también permitió dar a las tripulaciones mayor descanso, distribuyéndolas en tres turnos de guardia, en vez de los dos acostumbrados. 
A las las once de la mañana del 3 de agosto las corbetas avistaron el cabo más septentrional de la isla de Tenerife, Punta Anaga, y a las


catorce pasaban a la vista de la ciudad con todo el aparejo largo y las banderas y gallardetes al viento.
Siguieron a ese día seis sin novedad principal de señalar, alternándose con otros de mal tiempo. El avistamiento, el 9 de agosto, de la Punta Armadilla de Cabo Verde a 66 a millas, contribuyó, con el reconocimiento de una goleta que pasó de largo y los movimientos de una fragata dedicada al tráfico de negros, a romper la monotonía de los días anteriores.
Las nubes anotadas el día 9 llegaron el 10 a cubrir casi totalmente el cielo y, por la tarde, antes de lo que esperaban, empezó a llover y a soplar con fuerza el Sudoeste, que les cogió con todo el aparejo largo, poniendo así de relieve el mucho aguante de las corbetas y su arboladura.

Estas condiciones se alargaron algunos días más, hasta que, en confirmación del viejo proverbio, la calma sorprendió el 17 a las corbetas pero, a pesar del retraso en la llegada a que la ausencia de viento daba lugar, fue bien recibida a bordo porque permitió un intercambio de visitas entre buque y buque, y a la satisfacción de ver y conversar con compañeros se unió la de comprobar el perfecto estado sanitario de las dotaciones, pues a excepción de un criado del Comandante de la expedición, que en la "Descubierta" estaba enfermo de catarro y dos marineros de la "Atrevida", afectados de venéreo, el resto de las dotaciones disfrutaba de excelente salud.
Por orden del Comandante, don Alejandro Malaspina, se repartieron entre la tripulación, como compensación de los malos días anteriores, diversas prendas de ropa, una buena ración de tabaco y dos cuartillos de vino por individuo, lo que produjo el natural regocijo.


Con tiempo variable, pero no muy incómodo y sin calor excesivo, transcurrieron los días siguientes hasta el 28 de agosto, en que el corte de la línea ecuatorial (el famoso paso del Ecuador) dio ocasión a las mascaradas y bromas de rigor a los novatos, acontecimiento que tuvo lugar en la fecha expresada y a 16° al Oeste del Meridiano de Cádiz.
El tiempo, que desde hacía unos días se había mantenido inmejorable, cambió bruscamente el primero de septiembre, tornándose en esta ocasión francamente malo, con mar gruesa y fuertes chubascos.
El día 12 de septiembre se empezó a sufrir el tercer temporal de la travesía que, con mayor fuerza de viento que en los anteriores, obligó a las corbetas a ponerse por primera vez en capa.
Otra vez, al tiempo duro, que terminó el 15, siguieron los 17 y 18 con calma y niebla, obligando a que, por la proximidad a que debían encontrarse de las costas continentales, se redoblaran las ordinarias precauciones.
Por fin, a las quince horas del día 19, aclaró la niebla y pudo distinguir el serviola la sombra de las tierras americanas corridas por la proa. 


La sonda de 20 brazas les indicó que debían encontrarse en la medianía del canal del Río de la Plata. Asegurados por marcaciones a tierra de la situación, pudieron arrumbar aguas arriba del río y, a mediodía, después de rebasadas las islas de las Flores y Lobos, avistaron el cerro de Montevideo, y a las catorce veían la ciudad, en cuyo muelle quedaron amarradas algo después de las quince horas del 20 de septiembre de 1789.

OCUPACIONES EN MONTEVIDEO

La primera actividad fue la coordinación con el Comandante del Rio de la Plata para la reparación y recorrida de las corbetas, rectificar los ligeros defectos observados en el viaje y prepararlas para los nuevos cruceros que habían de efectuar.


Además, el programa científico que el Comandante Malaspina había preparado para el Río de la Plata era el siguiente: En primer lugar, su plano, observaciones astronómicas en la capital, y adquisición de noticias suficientes del estado económico y político de la provincia del Plata.
Para las observaciones astronómicas que debían efectuarse en Montevideo se estableció un observatorio en el 


barrio del Sur, y en casa próxima al fuerte de San José; en ella se instalaron cronómetros, sextantes, teodolitos y demás instrumentos que con ese fin llevaban los barcos. Este observatorio tan cercano a los buques permitió que los trabajos astronómicos se ejecutaran sin desatender a los quehaceres de reparación y alistamiento de las corbetas, constituyendo éstas y la casa habilitada para aquél, el centro desde el que radiaban los distintos grupos que habían de realizar misiones en otros lugares del Río de la Plata.
La primera comisión salió de las corbetas el día 27 de  septiembre para Buenos Aires, e iba al frente de ella el Comandante de la "Atrevida", don José Bustamante y le acompañaban algunos de sus oficiales. Su misión era


cumplimentar al Virrey, informarse de la parte económica y política, establecer un observatorio en la ciudad y comenzar desde este punto los trabajos hidrográficos.
La confección del plano general del Río de la Plata, principalísima obra a realizar, requería el reconocimiento y situación de diversos puntos del Cabo San Antonio, "tan dudoso y casi desconocido" hasta entonces.
Comoquiera que todos los prácticos del país convinieron en la imposibilidad de verificarlo por tierra, ya por lo pantanoso del terreno por donde se transitase, ya por el evidente riesgo de ser destruídos por la ferocidad de los indios Pampas, se propuso al señor Virrey, para efectuarlo por mar, el alistamiento del paquebot "Belén"; concedido y convenientemente equipado el barco, salió el día 4 de octubre, con su capitán, buen práctico del Río, don Juan Bautista Acosta.

Tras no pocas dificultades, debidas en su mayor parte a lo raso de la costa, consiguieron dar por terminada su tarea el día 18, en que emprendieron su regreso.
Mientras estos oficiales trabajaban la costa Sur del Río hasta Cabo de "San Antonio, don Alejandro Malaspina trabaja en la costa Norte. Salió de Montevideo el 29 de septiembre acompañado de don Felipe Bauzá, y caminando por tierra hasta las inmediaciones del Cabo Santa María, con el reloj número 105, no sólo aseguró la situación de aquel cabo, sino la de la isla de Lobos, plano del puerto Maldonado, y en fin, toda la costa hasta Montevideo. Le


acompañaron también en esta excursión el naturalista don Antonio Pineda y el botánico don Luis Nee.
Para la conclusión del plano del Río faltaba reconocer y situar el bajo del Inglés, explorar y levantar plano del puerto de Santa Lucía y buscar al Sur de este último puerto un bajo "bastante dudoso", que entre "los patrones de las lanchas del Río se nombra la Panela". Se encomendaron estos trabajos al Teniente de Navio don Antonio Tova, Alférez de Fragata Bauzá, Guardia Marina don Jacobo Murfi y como práctico del Río al segundo Piloto don José de la Peña.


Salieron el 17 de octubre en la balandra "San Antonio", fletada al efecto, y al día siguiente fondearon en el puerto de Santa Lucía. El 20 buscaron el bajo de la Pamela, que no encontraron, volviendo a salir con el mismo intento y resultado el día 21, y este día emprendieron el regreso, en cumplimiento de la orden recibida de don José Bustamante.
Mientras todos estos trabajos se llevaban a cabo, en Montevideo los oficiales que allí quedaron y las dotaciones 
no se dieron punto de reposo. En el orden científico, se 




corrigieron y estudiaron con todo detenimiento la marcha de los cronómetros, se hallaron la declinación e inclinación de la aguja magnética, observaciones astronómicas, diversas inmersiones de los satélites de Júpiter, ocultaciones de estrellas por Luna, eclipse parcial de ésta, y para la obtención de la longitud se llegaron a obtener los días 27 de septiembre y del 26 al 28 de octubre hasta doscientas series de distancias lunares.
Tampoco estuvieron ociosos los naturalistas, que llegaron a separarse de Montevideo hasta cien leguas; también visitaron islas, el terreno de Pan de Azúcar, proximidades de Maldonado, Paraná, las Conchas, etc.; de resultas de estas excursiones formaron un herbario, que como primera remesa enviaron a Madrid,


con cerca de 500 plantas y acopiado más de 50 especies de aves nuevas, "no vistas aún por inteligentes".
El día 28 de octubre, listas las embarcaciones de todo y terminados los trabajos de a bordo y de tierra, se pasó revista de Comisario y anticiparon dos pagas a los tripulantes. 
Diéronse por desertores a ocho artilleros de mar y dos soldados de Marina, se transbordaron por mala conducta a un artillero de brigada, dos de mar y un grumete y se desembarcaron por estar enfermos un Guardia Marina, tres artilleros de mar, un soldado y un grumete, cubriéndose todas estas plazas por marinería de la fragata de S. M. "Santa Sabina".
Desde ese día hasta el 31 puede decirse que fueron los únicos que tuvieron de descanso de verdad las dotaciones, preparándose, sin duda, durante ellos para la larga y penosa travesía del extremo meridional de América. Empleaban sus prolongadas permanencias en tierra en la compra de efectos y en recorrer la ciudad, que en aquella fecha, y gracias al establecimiento del comercio libre, había hecho no pocos progresos.


Población de la jurisdicción de Montevideo en 1781

                Españoles y Criollos                                            10.674

                Indios                                                                     1.471

                Mulatos                                                                    819

                Negros libres                                                           342

                Idem esclavos                                                       2.050

                                               Total:  15.356


A partir del 3 de noviembre se comenzó el embarque de la pólvora, instrumentos de medida, mercancías, víveres, etc en las corbetas y también en el bergantín "Carmen", al mando del segundo piloto de la Armada, don José de la Peña, que debería salir a las órdenes de nuestro Comandante como práctico de la costa patagónica.


12 octubre 2026

LA EXPEDICIÓN MALASPINA-BUSTAMANTE (V)

PREPARATIVOS


Las características de las dos corbetas fueron las siguientes:

Desplazamiento: 306 toneladas.

Eslora: 33,6 metros.

Manga: 9,02 metros.

Puntal: 4,20 metros.

Calado: 3,78 metros.



Proyectadas exclusivamente para la expedición, poseían las corbetas cualidades especiales para el uso que iban a tener, así por ejemplo: además de tener su obra viva un forro de chapa de cobre para impedir la acción de la "broma" o gusano de barco, sus fondos tenían doble casco, lo que las protegía de que cualquier posible varada, contingencia muy fácil al navegar y frecuentar mares y radas poco explorados, resultando un peligro cierto para la seguridad de los buques.

Constituía principal preocupación de los dos Jefes expedicionarios el buen estado sanitario de la dotación y por ello dispusieron los alojamientos de toda la gente en la cubierta principal como más ventilada, disponiendo además los fogones en esa misma cubierta, para que el calor continuado facilitase la circulación del aire.




Los pañoles de víveres eran capaces de contener subsistencias para dos años y el de leña, para seis meses; para el agua potable cada corbeta llevaba dos "fogones para desalinizar el agua del mar con dos alambiques", que la suministraban en cantidad suficiente para el abastecimiento de toda la dotación.

La dotación se decidió que fuera toda voluntaria, empezando por los oficiales de mayor rango, y con tal motivo los jefes de la expedición invitaron por carta a los Oficiales que a ellos les pareció, y para que a su vez aquellos invitaran a sus subordinados.

Así que el Capitán de Fragata Don José Bustamante y Guerra envió una carta a su compañero y amigo el Teniente de Navio don Antonio Tova Arredondo, proponiéndole para Segundo Comandante de la Corbeta "Atrevida", de la que el propio Bustamante sería el Comandante.



Tova no se lo pensó dos veces e hizo lo necesario para que poco tiempo después fuese conducido de El Ferrol, donde estaba destinado en esos momentos, a La Carraca, junto con los hombres a quienes él mismo había invitado, para llegar el 10 de mayo de 1789 a los alojamientos que en el Arsenal les estaban reservados. A partir de esta fecha los trabajos de puesta a punto final se aceleraron, pues para el 5 de julio ya estaban listos ambos buques para efectuar las pruebas oficiales, que constituyeron un gran acontecimiento en el Arsenal:

Zarparon los buques a las siete y media de la mañana, y efectuaron distintas evoluciones y maniobras, tanto en conjunto, para comparar ambos buques, como por separado; los resultados no pudieron ser más satisfactorios: con todo el aparejo, viró la "Atrevida" por avante en un minuto, y con unos segundos más, la "Descubierta". Ciñeron hasta cinco cuartas (unos 55º  abiertos del viento) y lograron con esta amura un andar de siete millas, medidas sobre la corredera, y el abatimiento no pasó de cuatro o cinco grados.


Resultaron, pues, las corbetas muy marineras y maniobreras y tan a propósito para el objeto a que se las destinaba, que no dudó el señor Malaspina consignar en el correspondiente parte de las pruebas que los resultados observados les hacían concebir "las esperanzas más lisonjeras de poder desempeñar con acierto el destino que S. M. se ha servido poner a nuestro cargo".

Satisfechos con las condiciones demostradas por las corbetas, empleáronse los días que restaban de julio en ultimar preparativos y despedidas, y el día 29, "listos de todo", pernoctó toda la dotación a bordo para comenzar el anhelado viaje con las primeras luces del día siguiente.



Dotación de La Atrevida

Comandante: Don José Bustamante
Segundo Comte.: Don Antonio Tova Arredondo
Oficiales: Don Dionisio Galiano, Don Juan Gutiérrez de la Concha,           Don José Robredo, Don Arcadio Pineda, Don Martín Olavide
Guardia Marina: Don Jacobo Murphy
Capellán: Don Francisco de Pula Añino
Contador: Don Manuel Ezquerra
Cirujano: Don Pedro M. González
Botánico: Don Luis Nee
Piloto: Don Juan Maqueda
Disecador: Don José Guió

Pilotines.-Don Jerónimo Delgado y don Juan Inciarte
Total de las clases anteriores.................................................  16
Oficiales de mar.........................................................................  14
Tropa de marina..........................................................................  15
Idem de Brigadas........................................................................   4
Artilleros....................................................................................... 35 
Grumetes.........................................................................................10 
Criados...........................................................................................   8

 Total............................................ 102










05 octubre 2026

LA EXPEDICIÓN MALASPINA-BUSTAMANTE (IV)

 GÉNESIS 

Las rodas de los buques españoles y portugueses, primero y las de todos los demás países después, habían tendido sobre las inmensas planicies oceánicas una invisible maraña de derrotas y poco quedaba ya por descubrir, cuando dos Jefes de reconocido prestigio en la Armada Española coincidieron en la Isla de León, en Cádiz.

                                                                     


Los capitanes de Fragata Malaspina y Bustamante, ambos con gran experiencia a través de sus viajes y campañas en Ultramar, pensaban que aún quedaba mucho por hacer a los marinos en aquellos lugares, máxime cuando Inglaterra y Francia ya habían financiado varias expediciones científicas.

Las navegaciones por aquellos lejanos mares se hacían normalmente siguiendo las huellas de sus predecesores y a costa de penosas experiencias. Se desconocían casi en absoluto los regímenes de vientos y corrientes, y por tanto las derrotas más convenientes a seguir para reducir en lo posible las penalidades de los marineros de entonces.




También era necesario detallar con el mayor cuidado las costas y aumentar los conocimientos físicos y astronómicos para aumentar la seguridad en la navegación.

Así que prepararon el proyecto de la expedición y se lo enviaron al Brigadier de la Armada y Ministro de Marina del Rey Carlos III, Don Antonio Valdés, con la siguiente carta de fecha 10 de septiembre de 1788.

"Excmo. Sr.: Desde veinte años a esta parte, las dos naciones inglesa y francesa, con una noble emulación, han emprendido estos viajes, en los cuales la navegación, la Geografía y la Humanidad misma han hecho muy rápidos progresos: la historia de la sociedad se ha cimentado sobre investigaciones más generales; se ha enriquecido la Historia Natural con un número casi infinito de descubrimientos, finalmente, la conservación del hombre en diferentes climas, en travesías dilatadas y entre unas tareas y riesgos casi increíbles, ha sido la requisición más importante que ha hecho la navegación"...



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"Pero un viaje hecho por navegantes españoles debe precisamente implicar otros dos objetos: el uno es la construcción de cartas hidrográficas para las regiones más remotas de la América, y los derroteros que puedan guiar con acierto la poca experta navegación mercantil, y el otro la investigación del estado político de la América, así relativamente a España como a las naciones extranjeras."

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"El plan siguiente podría ocupar próximamente el espacio de tres años y medio, a empezarse desde 1º de julio de 1789, época en la cual podrían salir las dos embarcaciones, si S.M dignándose aprobar desde ahora lo propuesto, en un todo o modificado, diese unos ocho meses de tiempo a los que han de ejecutarla, así para el acopio de todos los materiales precisos, como para los estudios preliminares, y principalmente el ejercicio de la astronomía práctica."

"Las dos corbetas saldrán de Cádiz el 1º de julio de 1789, y se dirigirán a Montevideo"....

..."Desde este puerto se reconocerán las Malvinas, y si el Gobierno lo hallase prudente, la bahía del Buen Suceso"....


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Y sigue la exposición del plan de la expedición, que bordea el cabo de Hornos, sube por la costa oeste de Suramérica, costea México y California, sube hasta Alaska y, de ahí atraviesa el Pacífico hasta Cantón (China) "para vender las pieles de nutria" (que habrían cazado en Alaska) " a favor de las marinerías", continuando por el océano Indico y bordeando el cabo de Buena Esperanza para llegar a Cádiz. Este proyecto significaba, por tanto, la vuelta al Mundo para las dos corbetas.

"Los Capitanes de Fragata don Alejandro Malaspina y don José Bustamante, deseosos de emplear todas sus faenas en el servicio del Estado, se ofrecen a la ejecución de este plan, lisonjeándose que concurrirán a dirigirlos para el mayor acierto, no sólo para la ilustración y penetración del Gobierno, sino también cuantas noticias puedan facilitar los particulares, así del Continente nuestro como de todas las Américas. En cuanto a los subalternos, la especie de la Comisión exige que todos sean voluntarios y que se conozcan recíprocamente, así por lo que toca a robustez como a capacidad.

Isla de León, 10 de septiembre de 1788"


El Ministro Valdés no se duerme: el 14 de octubre contesta a Malaspina con la siguiente carta:

"Ha merecido la aceptación del Rey el proyecto de dar la vuelta al mundo en los términos que propone Vm. en carta de 10 de septiembre último, y queriendo SM que se lleve a efecto y que para ello quede relevado de la tenencia de la Compañía de Guardiasmarinas de ese departamento de Cádiz, como así lo prevengo al Capitán Comandante de ese Cuerpo que pueda Vm. desde ahora dedicarse como desee a las ilustraciones y preparaciones que necesita para desempeñar con el fruto que ofrece esta Comisión...."

Con tan halagüeña contestación, nuestros personajes se pusieron a trabajar en la preparación de aquel enorme proyecto. Y, claro, el primer tema que surgió fue el de las embarcaciones: Malaspina y Bustamante querían dos corbetas nuevas y fabricadas según criterios resultantes de la experiencia adquirida a lo largo de sus navegaciones oceánicas, pero, ay, el Ministro Valdés miraba la peseta y ofrecía una bombarda remozada como corbeta y una corbeta nueva.



Malaspina insistió tércamente en su idea hasta conseguir que el Ministro reconociera las ventajas de su propuesta, porque no quería SM regatear "ninguno de los medios que puedan conducir al completo logro de los fines a que ha de dirigirse el viaje."

Complacidos en este primer punto de su programa, iniciaron sus actividades, junto al Comandante del Arsenal de la Carraca, Cádiz, a la construcción de dos corbetas gemelas que se llamaron Descubierta y Atrevida.