01 febrero 2026

Viaje a Florencia (III)


 Domingo, 7 de mayo

 Antes de salir del hotel tuvimos una charla con Iovanni, que ese día estaba en la Recepción, sobre el incidente con el mando de las puertas. Mientras hablábamos vimos, sobre la mesa de la Recepción, un cartelito con tres teléfonos para llamar en caso de emergencia. Lástima, no lo habíamos visto la víspera. Ada le sacó una foto.

Pues bien, Iovanni nos dio otro mando, en esta ocasión, nuevecito y no sujeto con cinta adhesiva como el otro. Le pedí a Ada que me esperara un par de minutos en Recepción y salí hasta la calle. Esta vez iba a verificar que era capaz de entrar.

El mando funcionó y soltó el pestillo de la puerta de entrada con ruido potente y tranquilizador. Volvió a funcionar con estruendo en la puerta interior que daba a la escalera y ascensor y, finalmente, abrió con alegría la puerta de la residenza.

Ya tranquilos, salimos del hotel con tiempo para ir a la misa de las diez y media en la catedral.

 

De camino nos llamó la atención la cola de gente esperando para entrar en Hermes, cola formada sobre todo por asiáticos y árabes. Florencia es famosa por sus colas pero, para entrar en Hermes… no me lo esperaba.

Como siempre, la Piazza del Duomo estaba abarrotada y, para colmo, en ella estaba la meta de una carrera popular en plena actividad.

 

Rodeamos la catedral intentando quedarnos con los detalles que no se pueden apreciar si no se está cerca. Todas las fachadas están chapadas con mármol blanco y verde, pero la puerta principal contiene todos los colores.

Siguiendo el perímetro dimos con una puerta custodiada por dos guardias y que tenía un cartel indicando que era sólo para el culto. Pasamos con decisión al interior, mientras la autoridad cerraba el paso a una pareja de japoneses y los dirigía hacia la taquilla para turistas.

El interior de la catedral, salvo sus enormes dimensiones, no nos impresionó tanto como su exterior. Eso sí, los frescos de la bóveda de Brunelleschi nos gustaron mucho. Y la misa, emocionante: cantada por un tenor y en latín. Amen.

Después de la misa nos encaminamos hacia la basílica de Santa Croce, adonde entramos después de una cola no muy larga para las entradas.

 Foto

 En su interior son destacables el altar mayor, el púlpito y la imagen de la Virgen de la Leche, situada junto al sepulcro de Francesco Nori.

 

 Las Capillas Peruzzi y Bardi conservan pinturas de Giotto. Otras obras de este pintor se perdieron como consecuencia de las crecidas de río Arno en 1966. 

 Son también notables los sepulcros y cenotafios de personajes ilustres tales como Miguel Angel, Dante, Maquiavelo, Galileo, Rossini…


Fresco de Giotto

 

 

Sepulcro de Miguel Ángel


        Continuará

21 enero 2026

Viaje a Florencia (II)

 

    De la Piazza del Duomo avanzamos hasta la de la Signoria, que es la plaza central de Florencia y la sede del poder civil simbolizado por el Palazzo Vecchio y su Torre di Arnolfo de 95 metros de altura. La configuración actual de la plaza, incluídos palacio y Loggia della Signoria, data del siglo XIV.

Piazza della Signoria y Palazzo Vechio. El edificio                   con arcos es la Loggia della Signoria.    

    

          Fuente de Neptuno

                    David (copia)     

       El Palazzo fue originalmente residencia de los Medici hasta que estos se trasladaron al Palazzo Pitti. Su patio interior fue modificado en el siglo XV por Michelozzo y en la segunda mitad del siglo XVI todo el edificio sufrió importantes modificaciones realizadas por Vasari a instancias de Cosimo I de Medici.


                                    Palazzo Vechio, Patio

     El patio del Palazzo Vecchio fue decorado, con motivo de la boda entre Francesco de Medici y Giovanna de Austria (1565), con estuco y pinturas secas de ciudades austríacas, en honor de la novia. Las columnas fueron cubiertas de estuco dorado con motivos vegetales, angelotes y otras figuraciones.

                         El Salón de los Quinientos

La Signoria era el órgano de gobierno de Florencia durante la Edad Media y el renacimiento. Sus nueve miembros, ("Priori"), eran elegidos de las filas de los gremios o cofradías de la ciudad: seis para las cofradías mayores y dos para las menores. El noveno prior era el Gonfaloniere (portaestandarte).

                                    Gonfaloniere

Inmediatamente después de su elección, los nueve se mudaban al Palazzo della Signoria (Palazzo Vechio) donde permanecían durante los dos meses de su mandato. Se les abonaba una pequeña suma para cubrir gastos y se les proveía de sirvientes de librea verde. Los Priori llevaban un uniforme escarlata, decorado con armiño, y puños y collares de igual material.                                               De la Piazza della Signoria pasamos a visitar el Palazzo Pitti, pero a las siete de la tarde ya estaba cerrado y nos tuvimos que conformar con admirarlo desde una terraza que estaba justo enfrente.

El Palacio Pitti, un centro de exhibiciones y atracción turística de Florencia.

La construcción de este imponente edificio se realizó durante la segunda mitad del siglo XV por encargo del comerciante florentino Luca Pitti, amigo y aliado de Cosimo de Medici. Pitti quería que su residencia fuese la más imponente de la ciudad, así que compró todas las casas entre el palacio y el camino al pie de la colina para poder construir su jardín monumental.

Un siglo más tarde, Eleonora Álvarez de Toledo, esposa de Pedro de Medici, compró el palacio y desde ese momento y durante los dos siglos siguientes, este fue remodelado y ampliado prácticamente hasta como lo conocemos hoy.

Y ya que estábamos muy agradablemente en la terraza y se habían terminado nuestras bebidas, decidimos quedarnos a cenar:

Ada pidió ensalada Pitti y yo Trippe alla Fiorentina. Con birras y vino, 42€.      

                                                       CAFFÈ PITTI - 23 Photos & 20 Reviews - Piazza de' Pitti 9, Firenze, Italy -  Cafes - Restaurant Reviews - Phone Number - Yelp


Y regresamos, ya cansados, al Palazzo Martellini pero las cosas no iban a ser tan fáciles como parecían: En el hotel, por la tarde, nos habían dado un mando a distancia para abrir la puerta principal y otras dos intermedias hasta llegar a nuestra habitación pero, ah pero, el mando no abrió la puerta de la calle. Símplemente estaba muerto.


Llamamos al timbre exterior, como habíamos hecho horas antes, al llegar, pero nada. Claro, el personal de recepción estaba en el hotel hasta las siete de la tarde pero, a partir de esta hora, lo que valía era el mando que teníamos y que no funcionaba. 

Así que nos sentamos en un poyete de la fachada esperando a que algún cliente del Palazzo hiciese su aparición.

                              Y así fue: a la media hora de estar desesperados aparecieron dos chicos  jóvenes que abrieron la puerta con una llave. Les pedimos socorro y les contamos nuestra historia, pero ellos no iban a la Residenza d’epoca sino a un apartamento de la planta baja. Pasamos los cuatro a un corredor y al fondo había una puerta que ellos también abrieron con su llave. Una vez superada esta segunda puerta nuestros salvadores entraron a su casa y nosotros en el ascensor hasta la tercera planta.

Y tampoco funcionó el mando en esta tercera puerta, la que daba paso al interior de la Residenza. Otra vez sentados, esta vez en el rellano de la escalera. ¡Nuestra situación había mejorado!


Llamamos a Chencho a ver si él tenía algún teléfono que pudiera ser útil. Al cabo de unos minutos oímos uno sonando en el interior de la residencia, pero nada.

Ada no se arredraba: localizó el teléfono de los carabinieri y habló con ellos, pero el operador le informó con amabilidad que ellos 



no podían hacer nada en este caso. Si se hubiese tratado de un accidente, un robo o un incendio sería diferente.

Pasaba el tiempo pero nada más pasaba. En medio de nuestras meditaciones nos pareció oir el ruido de una puerta lejana. Aguzamos el oído y un poco después oímos claramente el golpe de otra puerta más próxima, parecía la de acceso a la escalera y al ascensor. Después se comenzaron a oir pasos subiendo la escalera.

Esto me desmoralizó aún más: no eran clientes de la Residenza. Ningún cliente subiría tres plantas muy altas teniendo un ascensor a su disposición.


Pero los pasos y luego frases en inglés siguieron sonando y cada vez más cerca. Una pareja de norteamericanos apareció en el rellano y nos miró con curiosidad. Les explicamos nuestra situación y ellos se apresuraron a accionar su mando a distancia y oh, milagro, este sí funcionó. Su mando parecía nuevecito y no apañado con cinta aislante como el nuestro. No nos dejaron hasta comprobar que nuestra tarjeta magnética sí era capaz de abrir nuestra habitación. Al despedirnos pensé que si coincidíamos al día siguiente en el desayuno les invitaría a unas cervezas. Pero no los volvimos a ver.

Continuará


04 noviembre 2025

Viaje a Florencia

    Sábado, 6 de mayo

   

     Nuestros hijos habían planeado en secreto, como regalo de cumpleaños a su madre, ofrecernos un viaje de fin de semana. Pero ¿a dónde?

    Pues, teniendo en cuenta el nombre del esposo acompañante, ¿a dónde iba a ser?

    ¡Pues a Florencia!

     Así que un día soleado de mayo llegamos a su aeropuerto, donde nos esperaba el coche que nos trasladaría al hotel (Palazzo Martellini-Residenza d’Epoca), y allí aparecimos hacia las dos y media de la tarde, no sin antes haber explicado al chófer del coche que nos traía, que los 80 € que pretendía cobrarnos por el trayecto estaban incluídos en nuestro contrato con el hotel. El chófer lo entendió y llegamos sin problema.

El Palazzo Martellini es un edificio

 histórico que aparece ya en crónicas escritas entre 1367 y 1370. 

Fue la primera construcción de la calle (via Maggio) y, después de pasar por muchos propietarios a través de los siglos, siempre relacionados con la familia del fundador, 

                La Residenza Martellini

los dueños actuales viven en la 4ª planta (il marquesse, según Giovanni, uno de los gestores de la Residenza). La tercera planta está ocupada por esta y el resto de las plantas está dividida en diversos apartamentos. El edificio está declarado de Interés Cultural y se ha restaurado conservando la estructura, fachada y algunos detalles interiores.

              

              Ada ante la temible puerta de entrada al Palazzo.
                     
Al salir, en la Recepción nos dieron un mando a distancia para poder abrir las puertas de acceso al edificio y a la residenza pero, ay, no se me ocurrió probarlo.
      Salimos a comer algo y nos tuvimos que conformar con un hermoso bocata de embutido y queso (schiacciata) y unas birras en un barito próximo al Ponte de la Trinitá. (Hay que ver, a las 3 de la tarde de un sábado de primavera y con buen tiempo, los restaurantes ya estaban cerrados hasta la noche. Quel paesse!) 
     Pero, ya repuestos, cruzamos el puente y enseguida llegamos a la Basílica di Santa Trinita.

Su interior es gótico y su fachada, de estilo barroco italiano, S. XVII.

La Capilla Sassetti guarda un ciclo de

 frescos (1483-1486) dedicado a San

 Francisco de Asís, obra de Ghirlandaio.



La Capilla Bartolini Salimbeni conserva, en

 las paredes, frescos con historias de la

 Virgen, de Lorenzo Monaco.



En otra de las capillas se encuentra la

 reliquia de la columna en la que azotaron

 Cristo.

Siguiendo el camino hacia la Piazza del Duomo nos encontramos con el Palazzo Strozzi, enorme edificio renacentista que  alberga exposiciones de arte contemporáneo y otras: En nuestra visita vimos en el patio interior la maqueta de una lanzadera espacial.



 

 

               

 





Y llegamos al complejo del Duomo, que es

 impresionante, tanto por su  arquitec-tura, como bajo el punto de vista turístico: una masa humana lo invade a todas horas. 


     Esta plaza alberga a Santa Maria del Fiore, la enorme catedral de Florencia que es una de las obras arquitectónicas más importantes, a caballo entre el gótico y el renacimiento, y una de las catedrales más bellas y grandes de Europa. Se comenzó en 1296 en el lugar donde antiguamente se erigía la catedral de Santa Reparata.


    En 1334, L'Arte della Lana, que había recibido el encargo de supervisar la construcción, confió la dirección de las obras a Giotto. Después de 1364 se finalizaron las tres primeras bóvedas, y en 1378-80 se realizó la cubierta de la nave central y las laterales. El problema de la construcción de la cúpula lo resolvió Brunelleschi quien, a partir de 1418, asume el papel de arquitecto. El Campanario está situado al lado de la catedral y fue proyectado por Giotto, de quien toma su nombre. Tiene 84 metros de altura. 

 




                                     
Continuará

                                                    


12 octubre 2025

A MODO DE DISCULPA

        Lo sé, lo sé, después de 2015 bien poco he trabajado en La Floropedia y tampoco veo una razón determinante para explicar mi ausencia en el blog.

        ¿He estado enfermo? Pues no.

        ¿He estado ocupadísimo trabajando catorce horas al día? Pues tampoco.

        ¿Me habré aburrido de buscar temas, fotos y datos para presentar nuevas entradas en el Blog? Puede que sí.

        Sea lo que sea, os quiero pedir disculpas por haber desaparecido sin avisar y deseo compensaros a los que me hayáis echado de menos.

        En enero de 2015 os presenté los dos primeros capítulos de mi novela La Torre de La Riva por si a alguno de vosotros le entraban ganas de comprarla por internet. Pues bien, más abajo os incluyo un enlace para descargarla. 

        Además, me esforzaré para ofreceros, de vez en cuando, nuevos temas que os podrían interesar.

        ¡Hasta pronto!   


  













      


18 marzo 2021

PEDRO SARMIENTO DE GAMBOA (y VI)

    El regreso de Pedro Sarmiento comenzó en Bahía, donde se embarcó en una carabela portuguesa hacia España. La travesía transcurrió felizmente hasta estar en aguas de las Azores, donde fueron atacados por tres barcos corsarios de Walter Raleigh. Ante la fuerza de los enemigos se rindió la carabela, que fue apresada.


Dejaron en libertad los corsarios a los tripulantes de la carabela, pero el piloto denunció a Sarmiento como navegante de importancia, quizá como gobernador del Magallanes, y fue hecho prisionero (agosto de 1856) requisándole todos sus papeles. Sarmiento había arrojado al agua algunos de ellos, pero una parte fue rescatada por los ingleses. 

    Fue llevado a Inglaterra (septiembre) donde, después de algunos días de maltratos, Sarmiento fue conducido ante Raleigh que, al conocer quién era, hizo que se le diese un trato más amistoso. Como consecuencia de este contacto fue presentado a la Reina Isabel y con ella departió, como con Raleigh, en latín —era «elegante en latín», dirá después Sarmiento. Estuvieron hablando cerca de dos horas—. ¿De qué? Nuestro personaje no lo dejó escrito. Dirá que era para tratarlo personalmente con el Rey.

 



La reina le hizo llegar un mensaje para Felipe II encaminado a iniciar las negociaciones de paz y se le proveyó de un pasaporte y ayuda para salir de Inglaterra y viajar a España.
Pero Sarmiento, ay, no volvió a España por mar, sino por el continente: pasó a Francia, donde se entrevistó en París con el Embajador de España don Bernardino de Mendoza. También fue a Dunkerque e informó a Alejandro Farnesio, gobernador general de los Países Bajos, de cómo andaban las cosas en Inglaterra (sería después el capitán general designado para su invasión).
    En su camino a España, no muy lejos ya de Bayona, fue hecho prisionero por soldados hugonotes franceses. No le sirvió el pasaporte de la Reina Isabel, y menos el que España estuviese en paz con Francia. Fue llevado a Mont de Marsan y encerrado en un calabozo.




El prisionero quedó bajo la custodia del coronel Castelnao. Los hugonotes propusieron el canje por uno de los suyos, que había caído en Flandes en poder de los españoles. Felipe II no accedió a ello y entonces pidieron un rescate por Sarmiento por valor de 30.000 escudos...
    No hicieron efecto las cartas que la misma Isabel de Inglaterra escribió a Enrique de Navarra, cabeza del partido hugonote (más tarde Enrique IV de Francia); en ellas le manifestaba que le interesaba mucho que Sarmiento pasase a España y llevase sus mensajes a su Rey.



Castelnao fue bajando el rescate pedido por Sarmiento y al fin fue puesto en libertad mediante el pago de tan sólo 6.000 escudos y cuatro caballos escogidos... Era ya el verano de 1590... Tres largos años de cautiverio sufriendo un trato infame, en un calabozo «tan hediondo que no lo podían sufrir los que le llevaban de comer» 
    Desde agosto de 1586, en que Sarmiento fue hecho prisionero por los ingleses, los desventurados habitantes del Magallanes habían perdido su protección, bien que ésta no fuese más que por cartas dirigidas al Rey. Cuando por fin llegó a España (1590), estaba obsesionado con el Estrecho de Magallanes y con la suerte corrida por la gente que allí había dejado.

Al parecer, aquellos colonos sufrieron muchas calamidades y murieron casi todos. Se sabe de su triste suerte por el relato de uno de los supervivientes, el soldado Tomé Hernández, rescatado por el corsario inglés Cavendish...
Pero parece demostrado que Cavendish también dejó abandonados a su miserable suerte a una docena de aquellos desventurados. 
    Entre las penalidades que debieron sufrir se cita como principal, el hambre. Dado que se podían conseguir algunos alimentos tales como frutas silvestres, mariscos y caza, más parece que la verdadera causa de su muerte habría sido alguna enfermedad contraída quizá por el consumo de esos «mexillones» en los que un virus vivía sin causar la muerte del animal, pero sí de la persona a quien servían de alimento. 
    A partir de entonces Sarmiento de Gamboa permaneció en la Corte, respetado por todos y dedicado a sus aficiones literarias, pero siempre con dos importantes asuntos en su mente: ayudar a la gente que había dejado en el estrecho y terminar la labor de fortificarlo.
     

Por último, fue nombrado Almirante de una flota de naves armadas para proteger los barcos de la Carrera de Indias. 
    Zarpó de Cádiz con veintiún barcos (mayo de 1592). Cerca de Lisboa cayó enfermo, fue llevado a esta ciudad y allí falleció el 17 de julio de 1592. 
    Pedro Sarmiento de Gamboa, a pesar de las desgracias sufridas, fue un hombre constante, trabajador y estudioso. Siempre dispuesto a contribuir al desarrollo de las ciencias, trazó cartas, mapas y derroteros, efectuó correcciones en cartas existentes, describió los mares por donde navegó, las tierras que visitó y los parajes que descubrió, que sirvieron para facilitar el éxito de posteriores expediciones.







04 marzo 2021

PEDRO SARMIENTO DE GAMBOA (V)

    Una vez organizado el nuevo asentamiento "Rey Don Felipe" Sarmiento se dispuso a regresar, a bordo de la María, al poblado «Nombre de Jesús». Aparte el lógico contacto necesario con la gente allí asentada, debía dejar en él todo el material que estaba previsto para ellos y que aún se encontraba en la nao, incluídos los cañones que había que emplazar en los fuertes. 


Estaba ya Sarmiento a bordo cuando se levantó el viento rabioso característico del Magallanes, desencadenán-dose un fortísimo temporal. En inminente peligro de irse la nave contra tierra, se tuvo que picar el cable del ancla (la única que les quedaba) con la consecuencia de marinear el barco y salir a la mar libre, pasando de largo el poblado “Nombre de Jesús”, sin poder detenerse en él como tenía previsto y zafándose por fortuna de los bajos (lugar hoy llamado banco  Sarmiento).




    En esta circunstancia no tuvo más remedio que correr el temporal y, al no disponer de ancla para poder detenerse cuando fuese posible utilizarla, ¡pues otra vez hacia Río de Janeiro!
    La forzada salida del Estrecho ocurrió el 26 de mayo y hasta el 29 de junio no logró entrar la María en el puerto de Santos. Tuvo allí casi que mendigar para obtener víveres para su gente.
    Al fin pudo llegar a Río (a 400 Km. de Santos), donde su gobernador, Correa, le proporcionó ayuda. Tenían que subsistir, hacer reparaciones y —el deseo principal de Sarmiento—enviar socorros a los pobladores del Estrecho, abandonados por fuerza de los desatados elementos.



    Alquiló un patache y en él cargó alimentos y ropas, despachán-
dole para el Estrecho. Escribió también al Rey dándole cuenta de todo y pidiendo ayuda: le proponía que fuesen recompensados los que se decidiesen a ir al Magallanes, pues hacían falta allí más brazos...
    Como no había en Río los elementos necesarios para la reparación del María tuvo que subir hasta Pernambuco (más de 2000 Km). Llegó con un ancla, sí, que adquirió en Río, pero ¡con un cable «hecho de cortezas de árboles»!...
    En Pernambuco, compró Sarmiento brea, diversos bastimentos y ropa de la que estaban sus hombres y él mismo muy necesitados. Reparó la María. Escribió nuevamente al Rey, esta vez una «Relación muy circunstanciada»

Una vez reparada la nao y completados los bastimentos necesarios Sarmiento zarpó de nuevo hacia el Magallanes,  pero cerca del puerto de Bahía saltó un temporal que arrastró a la María contra la costa. Echaron al agua los bateles reservándolos para los que no sabían nadar. Sarmiento se pudo salvar a nado pero estuvo a punto de perecer. Le salvó un esclavo negro que tenía, que le era muy devoto. Los demás no quisieron ayudarle (muchos deseaban su muerte, pues creían que así se pondría término a las desgracias que caían sobre él y sus hombres). Ya antes había cundido la deserción... Sarmiento en este naufragio resultó herido por los clavos de las tablazones deshechas.
 


Así terminó, pues, la María y en ella se perdieron los esfuerzos y los gastos que se hicieron en su reparación y en su carga. Sarmiento fue socorrido primero por padres teatinos y luego por el gobernador Coutiño. Puso éste a su disposición un barco de mediano porte, cierta cantidad de provisiones y algunos pertrechos.
    También le avaló el gobernador para que en los próximos puertos fuese abastecido. En Espíritu Santo cargó algodón y cecina, en Río de Janeiro herramientas, pólvora, balas y algún ganado para cría...
    Escribió esta vez no al Rey, sino a su secretario, don Antonio Eraso. Terminaba sus peticio­nes: «todo lo que puedo hacer es arquear con la muerte y hacer poco de lo mucho que es necesario a aquella gente, abandonada en aquel remoto lugar del mundo tan poco abundante en recursos para la subsistencia humana».



    En España, el Rey no había olvidado por completo a los habitantes del Magallanes, pero toda su atención estaba centrada entonces en reaccionar contra los ataques de Inglaterra; en su mente ya estaba tener que atacarla en su propio suelo, mas para ello todo lo que había resultaba poco. Tendría que reunir una armada: «La Gran Armada».
    Sarmiento, finalmente, estuvo listo para volver a salir hacia el Estrecho. Su angustia por la suerte de sus hombres varados allá, se veía aliviada pensando que el patache que había enviado con socorros habría llegado ya. Más tarde averiguaría que no fue así. 
    Era el 31 de enero (1586) cuando emprendió su marcha; el viaje se hacía con buen tiempo, todo auguraba el éxito; pero otra vez surgió la acción de guardián celoso que impedía la entrada en el Magallanes.



Esta vez lo hizo mucho antes de que Sarmiento estuviese cerca, a la altura de Bahía Blanca (paralelo 39° Sur): Saltó un mal tiempo, juzgado por nuestro Capitán como el más terrible que nunca había experimentado en su vida de navegante: «...cada ola nos comía, una nos encapilló por la cuadra siniestra de popa y metió el bordo de la diestra hasta media puente, debajo de la mar». 
    Se vio obligado a tirar el cargamento a la mar —¡el socorro para sus gentes del estrecho!— y ponerse a correr el temporal a palo seco. El temporal seguía y seguía; así... otra vez a la tan lejana base: ¡Río de Janeiro!
    Y allí, con el barco casi deshecho, sin los elementos de socorro, con la gente medio sublevada (y pronto lo estaría del todo) empieza nuevamente 



el tenaz esfuerzo de Sarmiento por preparar otro socorro... Pero ¿y el dinero? —Ningún autor habla de él. ¿De qué caudales podría disponer?—. Él habla de que emplea su peculio particular. ¿Cual era éste?, ¿eran los gobernadores los que financiaban los gastos?, ¿bastaba la recomendación de aquéllos para que los proveedores fiasen? Puede ser que hubiese algo de cada cosa. Pero esta vez ya el crédito estaba agotado. Desesperado ante este estado de cosas, decide regresar a España y exponer al Rey la situación.
    Antes de salir de Río había tenido Sarmiento que reprimir, espada en mano, un motín de sus hombres, del que era cabeza un piloto al que dio una puñalada y mandó encerrar, después, en un castillo. Luego se vio forzado a licenciar a la dotación de su barco por falta de dinero para mantenerla.
    Como vemos, todos los esfuerzos de Sarmiento estaban dirigidos a acudir en socorro de los pobladores y gente de guerra que, mal a su pesar,  habían quedado desasistidos en aquel estrecho del fin del mundo. 



    Estaba obsesionado y no era para menos: el 26 de mayo de 1584, cuando iba a llevar al asentamiento "Nombre de Jesús" todo el material, pertrechos y artillería que quedaban a bordo y que estaba destinado al mismo, un temporal arrastró a la nao María fuera del estrecho y hasta las costas de Brasil, sin que fuera posible ayudar a aquella pobre gente.
    Casi un año después, abril 1585, Sarmiento sale de Río con socorros para el estrecho, pero tampoco consigue llegar a su destino. De nuevo lo intenta, siempre desde Río de Janeiro, el 31 de enero de 1586 y esta vez ni siquiera se puede acercar a la latitud del Magallanes.
    ¡La gente del estrecho, pues, llevaba casi dos años y dos inviernos completos abandonada a su suerte!