07 febrero 2018

Una visita al Pirineo (VI)

    Los cincuenta metros escasos que había desde la oficina hasta nuestro coche me parecieron quinientos. Nadie volvió la cabeza hacia el aduanero, nuestro avance era despacioso, decidido, propio de los que saben que llevan la razón.
    Durante un instante moví despreocupadamente la cabeza y por el rabillo del ojo entreví al funcionario mirándonos, inmóvil, sin saber qué hacer. Creo que fue la primera vez en la que se le presentó la situación de que unos viajeros se negaran a pagar las tasas de la aduana y se dieran la vuelta.



    Tardó en reaccionar, pero lo hizo al fin y llegó al trotecillo hasta el coche cuando yo estaba guardando en el maletero mi tesoro y Ada ordenaba todo lo que el aduanero había revuelto diez minutos antes.
    - ¡A ver, la documentación! - nos dijo, como si quisiera demostrarnos que él era allí la autoridad.
    - Un momentín que ya terminamos - le dije, mientras Ada se daba por satisfecha y yo cerraba el maletero.
    Le enseño los pasaportes y él los mira y remira. En esto, se fija en la matrícula del coche.
    - ¡Pero este coche es francés!
    - Ya le dije antes que vivimos en Francia y no me ha hecho usted caso. Claro que el coche es francés.
   
No se conforma y sigue peleando:
    - ¡La documentación del vehículo!
    Se la enseño: en ella se indica, además de los datos del coche, que el propietario soy yo y que vivo en 10, rue des Violettes, en Tournefeuille. Él la mira, la estudia. Creo que, por un momento, piensa que quizá el cassette deck podría ser un señuelo para distraer su atención con él mientras yo, lo que realmente pretendo pasar a España sin pagar tasas de importación, es el coche. Después de no encontrar nada que pueda utilizar contra nosotros, no se da por vencido: 



    - ¡El seguro del vehículo!
    Se lo entrego y, claro, también le indica datos del coche y de su propietario. Él continúa revisando pasaportes, documentación del coche y del seguro, pareciendo como si hubiera entrado en un ciclo que se repite continuamente. Yo me propongo romperlo:
    - Bien, pues nos vamos a ir ya. ¿Por dónde es la salida hacia Andorra? - pregunto, a la vez que extiendo la mano para recuperar mis documentos.
    - Den la vuelta - nos informa, no sin dudar antes de devolvernos nuestros papeles- y salgan por allá detrás, a la derecha.
   
No pierdo el tiempo en colocar la documentación en su sitio, arranco y nos alejamos del aparcamiento de la aduana. Por el retrovisor veo al funcionario mirándonos, inmóvil. Dos minutos más tarde estamos en la carretera que se dirige a Andorra, ahora en sentido contrario, hacia en norte, alejándonos de la primera etapa programada para el día: La Seo de Urgel.
    Un kilómetro después aparece una estructura sobre la calzada, semejante a la de un puesto de peaje y la miro con incredulidad.
    - ¡No es posible - digo a mi familia- creo que ahí delante tenemos ahora la frontera con Andorra!
    Bueno, ahora no tendríamos problemas al poder demostrar que mi lector de cassettes estaba comprado en Andorra... Pero no hizo falta hacer nada, la frontera andorrana parece que da todas las facilidades a los españoles para que entren en el país y compren todo lo posible, así que cruzamos sin que nadie nos parase.
    De nuevo la calle larguísima que atraviesa la ciudad pero, esta vez, no estamos interesados en hacer compras sino bastante



cabreados con la situación. No acabamos de ponernos de acuerdo sobre el plan a seguir: Guillermo y yo queremos volver a casa sin más pero Ada aboga por aprovechar, ya que estamos aquí, para conocer lo que podamos del pirineo español. En fin, seguiremos el plan de mi mujer, así que salimos de la ciudad y ascendemos hacia el puerto de Envalira que, esta vez, se nos hace eterno. De nuevo Pas de la Casa y, un poco más allá, cómo no, la aduana francesa que parece esperarnos para meter la mano en mi


querido "cassette deck".
    Pero esta vez tampoco los gendarmes nos hacen ningún caso y atravesamos la frontera sin detenernos mientras oigo algún suspiro de alivio.
    Unos kilómetros más adelante tomamos una desviación hacia Latour de Carol y después de un tramo de carretera muy revirado llegamos al Col de Puymorens. 


El suave descenso del puerto que comienza aquí se agradece profundamente y la ausencia de dificultades en la carretera permite relajarse a la vista del paisaje que nos rodea.
    Veinte minutos más tarde estamos entrando de nuevo en España, esta vez por la frontera de Puigcerdá. Unos momentos de tensión mientras nos acercamos a la aduana, pero el policía español nos hace señas para que sigamos. Un poco más adelante vemos el cartel de tráfico que señala la población de Llivia, pero ahora lo que queremos visitar es la Seo de Urgel.

13 enero 2018

Una visita al Pirineo (V)

    El día siguiente, Domingo, amaneció nuboso aunque con buena temperatura. Después de desayunar


y liquidar el hotel acomodamos en el maletero del coche nuestro equipaje, más las compras que habíamos hecho la víspera, y nos dirigimos alegremente al sur, no sin antes, claro está, llenar el depósito de gasolina, hacia la primera etapa del día: la Seo de Urgel. Después iríamos hacia el oeste, a conocer el Parque Nacional de Aigüestortes.


    Seguimos descendiendo suavemente por una preciosa carretera de montaña. Bosques de coníferas en las laderas del valle producen una relajante sensación de comunión con la naturaleza.
    Unos kilómetros más allá la carretera se hace horizontal, rectilínea y se subdivide en varios carriles para llegar a una explanada, al fondo de la cual hay unos edificios grisáceos.


En ella se encuentran tres autobuses con las puertas abiertas y equipajes dispersos por el suelo. Un grupo de ancianos se mantiene a prudente distancia de los vehículos mirando, preocupados,  sus pertenencias. 
    Me acerco despacio, me apeo y busco a alguien que pueda informarme sobre lo que pasa. Un personaje uniformado camina hacia nosotros.
    -¿Qué ha ocurrido? le pregunto con el corazón en un puño.
    -¿A qué se refiere usted? me contesta.
    -Pues a esos autobuses vacíos y con los equipajes por el suelo. ¿Ha habido algún accidente?
    El uniformado me mira un instante, dudando, y al fin me responde:
    - Pero señor, esto es la aduana.


    No lo entiendo. Desde hace año y medio estamos pasando la frontera España-Francia por Irún, en ambos sentidos, cada tres meses. Además hemos hecho tres o cuatro escapadas de Toulouse a Barcelona para pasar el fin de semana con mi hermano Ramón. En ninguna ocasión hemos presenciado el espectáculo que tenemos ante nuestra vista, más propio de un control en busca de drogas o explosivos. El funcionario me saca de mis cavilaciones:
    - Bien, ¿van ustedes a pasar a España?
    -Pues sí, para eso estamos aquí.
    - Avance y estacione debajo de aquel edificio.
    Hacemos lo que dice y enseguida ordena:



    - Haga el favor de abrir el maletero.
    Apenas me da tiempo a retirarme y ya está rebuscando entre las cosas que se hallan fuera de las maletas: algo de ropa comprada la víspera, algún regalo para mis hijos mayores, cosas para la casa, dos cartones de "Ducados" -el máximo legal-, artículos de perfumería, varios "souvenirs" de Andorra, chocolates belgas y otros artículos habituales en estos viajes.
    El aduanero parece comenzar a estresarse, sus movimientos de palpación a lo largo y ancho del maletero no parecen dar los frutos que probablemente había esperado, así que decidí ayudarle, sobre todo para no perder demasiado tiempo en el trámite:
    - Por si le interesa, llevo también una cassette que...


    No me dejó terminar. Sacó las manos del maletero y su cara expresó un gesto de alivio.
    - ¿Dónde la tiene?
    - Al fondo del maletero, a la izquierda.
    -Bien, haga el favor de sacarla.
    En cuanto vio el embalaje me indicó que pasáramos a la oficina. Una vez en ella me pidió la factura y empezó a rellenar un impreso. Yo me propuse aclarar las cosas:
    - ¿Tengo que pagar por este aparato?
    - Por supuesto, el arancel es del 25% más un 18% de IVA.
    - No digo yo que no, pero eso es para una mercancía que pase a España y este no es mi caso. Yo vivo en Francia y el aparato es para Francia. Yo ahora estoy en tránsito por España pero esta tarde entraré de nuevo en Francia.
    - Me da igual, yo estoy obligado a cobrar lo que le he dicho antes si el aparato pasa a España.



    Noté que mi presión arterial estaba aumentando, es decir, me estaba empezando a cabrear. Intenté llegar a algún acuerdo justo:
    - Bueno, vamos a ver. Si yo pago las tasas me figuro que cuando le muestre el recibo de pago a su colega esta tarde en la frontera, cuando entremos en Francia, me reembolsará el dinero, ¿no?
    - Imposible. El reembolso lo tiene que solicitar a la Dirección General de Aduanas, ellos lo estudian y luego, a su debido tiempo, le harán el abono a su cuenta bancaria.
    Como en aquella oficina no había un espejo no pude comprobar si mi cara se había puesto roja o de qué color, pero yo salté.
    - Pues en ese caso no me interesa pasar a España, me resulta demasiado caro. Así que me vuelvo por donde he venido, a Francia. Muchas gracias por habernos arruinado el plan que teníamos para este fin de semana.
    Y arrebatando de la mesa la factura y el "cassette deck" nos dimos la vuelta y salimos, con gran dignidad, hacia el coche.

04 enero 2018

Una visita al Pirineo (IV)

     ¡Así que ya estábamos en Andorra!


Pasada la sorpre-sa, seguimos calle abajo en busca de un hueco donde poder detenernos para consultar el mapa de la ciudad y orientarnos, pero era inútil, todo estaba lleno de coches y ya temíamos salirnos del pueblo antes de poder parar. Finalmente nos metimos en el parking de un supermercado y pudimos localizar el hotel que teníamos reservado. Kilómetro y medio más adelante se hallaba nuestra meta, así que un poco después dejamos el coche en el garaje del hotel, tomamos posesión de nuestras habitaciones y salimos por fin a conocer la ciudad.
   
La idea que nos habíamos formado durante nuestra llegada a Andorra de una calle interminable llena de coches cambió, ahora que ya éramos peatones, a la de una calle interminable llena de establecimientos comerciales y tiendas diversas a ambos lados. La visita a la ciudad, pues, consistió en mirar escaparates y comparar precios con Francia y España.
    Y así pasamos parte del día buscando gangas y precios asombrosos. Por el momento el mejor precio correspondía a la gasolina, casi la mitad que en Francia.


Por la tarde, ya anocheciendo, pasamos enfrente de una tienda de electrónica y equipos de alta fidelidad y yo miré distraídamente el escaparate, como había hecho ya demasiadas veces aquel día. Guillermo me sacó de mi abstracción:
    - ¡Mira, papá, una cassette como la que te interesa!
Debo advertir que Guillermo, ya en aquella época, era un experto en aparatitos, tenía un ordenador Expectrum ZX y sabía programar en Basic.
    Me paré en seco y me fijé en un cartel. "¡Oportunidad - Pioneer Cassette Tape Deck!
   
Bien, pues me lo compré a un precio muy razonable, tax-free, y me quedé tan contento sin pensar, pobre de mí, que no era buena idea comprar algo así cuando has planeado un viaje que exige cruzar varias fronteras entre Andorra, Francia y España y sus respectivas aduanas.
    Regresamos al hotel cansados de tanto escaparate pero satisfechos de nuestras adquisiciones.
(Continuará)

17 diciembre 2017

Una visita al Pirineo (III)

    La montaña se acerca y las enormes laderas comienzan ya a cerrar el horizonte pero no podemos contemplar el paisaje, la carretera no permite un segundo de distracción, se revira y asciende constantemente. 


Pasamos L'Hospitalet y continuamos subiendo y aproximándonos lentamente hacia las imponentes cumbres. Al cabo llegamos a Pas de la Casa, el primer pueblo de Andorra, frontera con Francia, situado ya a 2080 metros de altitud. Los franceses se detienen en esta zona para practicar esquí, en tanto que los españoles prefieren 


quedarse más al sur, pasado el Puerto de Envalira -mirando desde Francia, claro-.
    Pasamos la frontera bajo la mirada distraída de dos gendarmes aburridos y continuamos subiendo de altitud. Ahora la cosa es más seria pues nos enfrentamos con el Puerto de Envalira, el más alto de la cordillera pirenaica, con 2400 metros sobre el nivel del mar. Rampas y curvas cerradas en una secuencia interminable.



    Mi hijo Guillermo, en los asientos traseros del coche, se queja y los consuelos de Ada diciéndole que vamos a llegar enseguida no parecen convencerle.
Mala suerte, años más tarde se construirá un bonito túnel desde Pas de la Casa hasta hasta Grau Roig que nos habría ahorrado cuatrocientos metros de altitud subiendo y otros tantos de bajada.
    Durante el descenso del puerto se repite la rutina de curvas cerradas y empiezan a aparecer pequeños núcleos de población: Soldeu, El Tarter, Canillo, Encamp...



    Poco a poco los núcleos urbanos se van ensanchando y acercando unos a otros, ah, y el tráfico se va deteniendo. Llevamos un buen rato avanzando pasito a pasito pero no parece que lleguemos a nuestro destino. Ahora ya no estamos en una carretera sino en una calle urbana con edificios a ambos lados.


A lo lejos vemos un guardia municipal y cinco minutos después conseguimos acercarnos a él, es una mujer:
- Perdón, señora, falta mucho para Andorra la Vieja?
- !Pero si está usted ya en ella desde hace dos kilómetros¡
Bueno, desde luego, nosotros no hemos visto ningún cartel indicador que nos informe...
(Continuará)

03 diciembre 2017

Una visita al Pirineo (II)

    A las 9:30 de un sábado soleado salíamos de casa -10, rue des Violettes- con destino a las montañas. 


La idea era atravesarlas por Andorra y luego recorrer y conocer unos 100 km. de la vertiente sur -la española- hacia el oeste, para luego penetrar de nuevo en Francia por el Col del Portillón (1.300 m. de altitud). 
    La primera parada es Foix, la famosa Ciudad Condal de la época medieval cuyos orígenes se remontan 

           


al siglo IX.  Es curioso que entre las villas que formaban parte del condado de Foix se encontraba Andorra, eso sí, compartida con los obispos de Urgel, y de ahí que el presidente de la república francesa, como heredero de los últimos condes de Foix a través de los reyes de Francia, sea copríncipe de Andorra.  





    Vistazo al casco antiguo de la ciudad, al río Ariège que la bordea, fotos al famoso Castillo Condal, cafetito reconfortante en L'Atlas y reanudamos el camino hacia Tarascon.



    Este es un pueblo de unos 3500 habitantes remontando el río Ariège, a 18 km. de Foix. Dispone de un magnífico patrimonio de montaña, escalada, grutas... Su patrimonio histórico es también soberbio, destacando la Tour Castella.
  
No nos detuvimos mucho en Tarascón pues el plan del día era largo, así que continuamos hacia Andorra, cuyo punto de entrada es Pas de la Casa, a sólo 36 km.
(Continuará)



  

    
    

23 noviembre 2017

Una visita al Pirineo

    
Año 1985 - Ada, nuestro hijo Guillermo y yo llevamos año y medio viviendo en Francia, concretamente en el pueblecito de Tournefeuille, a unos siete Km. de Toulouse. Tournefeuille se encuentra también a pocos kilómetros de Blagnac, mi lugar de trabajo en las instalaciones de Airbus Industrie.



    Cuando uno cambia temporalmente de país de residencia es natural que intente conocer todo lo posible acerca de lugares, personas y costumbres, así que ya tratábamos con Mme. Moly, la empleada de nuestro banco, con M. Dumond, propietario de uno de los dos bares del pueblo, con el Dr. Rodriguez, que vivía en la casa contigua a la nuestra, con las cajeras del supermercado Lyon Codec, con Lucienne y Claude Pedestarres, vecinos de Tournefeuille que hoy son grandes amigos nuestros.     
    Claro, que la presencia de la multinacional Airbus Industrie hace que los pueblos próximos estén llenos de personas que, como nosotros, han venido de más o menos lejos: Krysna Patak y señora, de la India; Igor Bocharof, de USA; Karlos German e Isabel, de Colombia, Gilbert y Paloma Wehmaier, de Alemania... Por supuesto, la mayoría de mis colegas son franceses, claro, pero también hay ingleses, españoles, austriacos... y un escocés, Andy Marr, compañero de despacho.



    Es decir que hay un ambiente muy cosmopolita, tanto en el trabajo como en la vida diaria, así que lo de conocer nuevas gentes y costumbres se hace automáticamente.
    Queda pues el tema de conocer lugares y para eso existen los fines de semana -weekends dicen los franceses-. Mi colega Thierry Flamand es un experto y sus indicaciones nos han servido para conocer un montón de ciudades monumentales a menos de cien kilómetros de Toulouse -sólo daré dos ejemplos: Carcassonne y Albi entre la extraordinaria cantidad de lugares y monumentos artísticos que posee Francia-. 


    ¿Y el Pirineo? No lo conocemos, la mítica cordillera está lejos de Madrid, pero ahora tenemos la oportunidad de visitarla: está a un par de horas de nuestra casa, por carretera. Y además para llegar hasta la montaña es casi obligatorio pasar por Andorra, lugar mágico para españoles en busca de artículos sin impuestos.
    Sólo queda fijar el plan de la escapada, que queda así:
    Día 1: Salida hacia Andorra con visitas a Foix y Tarascon. Visita a Andorra la Vella y alojamiento.
    Día 2: Visita a Seo de Urgel, Parque Nacional de Aigüestortes, Baqueira, Viella y regresar a casa por Bagnères de Luchon y Saint Gaudens.



    Ah, que buen plan. Lástima que mi mala cabeza lo echase todo a rodar, creando una situación caótica.
(Continuará)

28 mayo 2017

El Primer Espía

Hoy os voy a presentar la novelilla que mi hermano Nacho escribió en su época de interno en el Colegio de Villacarriedo, durante el curso 1960/61. 
El pobrecico tenía entonces 15 años.


EL PRIMER ESPÍA
Drama “Prehistérico”










Alley Oop












J. Ignacio Manteca Martínez









EL PRIMER ESPÍA

NOTA: Agradecemos la cooperación técnica de las autoridades del Paleolítico Superior por haber puesto sus archivos a nuestra disposición.


Resultado de imagen de espías


EXPOSICIÓN:

Pedrizo X-1 se encontraba satisfecho, y ni el hecho de hallarse en tribu enemiga disfrazado, ni las goteras que con prodigalidad caían en su departamento de una cueva de tercera clase que había tenido que alquilar en aquella noche de perros, disminuían su ánimo; y es que el motivo no era para menos: ¡Iba a realizar el primer acto de espionaje de la Historia!

Si triunfaba, su majestad “Pedrés IV” le nombraría agente especial de “Espiaciones y Similares”. Sería el primer espía oficial de la Humanidad. Y hasta, incluso, sus graciosas majestades podrían dignarse a otorgarle la mano de su bella hija, la simpar Piedrita Fina de Canterablanca, máxima aspiración de sus sueños.




A Pedrizo la vocación se le había despertado en su más tierna infancia, a pesar de que sus padres no le llevaron nunca a ver películas de espionaje; él espió siempre todo lo que pudo e, incluso, lo que ni debía, causándole esto último algún disgusto que otro. Y ahora, por fin, le llegaba la ocasión de hacerse famoso y pasar a la inmortalidad.
No obstante, pensaba, no sería su vida un continuo caminar sobre laureles; habría primero que merecerlos. ¿Qué dirían de él si no, en los siglos venideros, los miles de americanos y rusos que seguirían sus pasos a través de aquel sano y productivo deporte de su invención?



En estos pensamientos le venció el sueño. La noche se había calmado y ya no llovía. Allá, en lo alto, brillaban las rutilantes estrellas del Paleolítico mientras, procedentes de cuevas y chozas, salía a la oscuridad una sinfonía de ronquidos prehistóricos.


GUIJARRO I

Pedrizo, inadvertido con su disfraz, paseaba un tanto desconcertado por la aldea enemiga; en ella todo era tan primitivo como en la suya, nada de aparatos extraños ni ingenios bélicos, y no se podía pensar en encontrar algún plano secreto. No obstante, el decidido espía no perdió el ánimo y comenzó su labor de observación.



Calculó el número de sus enemigos en casi un par de cientos de hombres y, juzgando arbitrariamente, le pareció gente bastante más ruda y con más pinta de brutos que los de su raza (que no era paja).

Su lengua era bastante parecida, sólo se diferenciaba en ciertos berridos y algunos chillidos, algún grito que otro o localismo en forma de ruido interno, clásico, por otra parte, de su argot.

Haciendo estas observaciones Pedrizo se dio de narices con un sujeto que estaba labrando unos huesos tratando, al parecer, de hacer puntas de flechas.



Nuestro espía saludó con un “Buena Caza”. El individuo, sin levantar la cabeza, gruñó algo pero Pedrizo no distinguió bien si había dicho “salud” o es que había eructado.

X-1, ante la locuacidad de su interpelado, comenzó a hablarle. Este asentía a todo soplando por las narices. Por fin logró averiguar que se llamaba Manutow y, media hora más tarde, pudo entrar en franca conversación con él. Manutow le habló de sus costumbres, del proletariado y de la comunidad de la tribu. Presumía de que su raza descendía directamente del mono (*) y de ser materialista, no rindiendo culto más que a la Ciencia y al Progreso.

Gracias a la Técnica, decía, podemos matar de un lanzazo o con una flecha a un reno sin tocarle siquiera. 



Cierto, comentó Pedrizo. Hemos llegado a tal dominio de la Ciencia que una guerra con tan mortíferas armas causaría un desastre irremediable.

Y el rupestre espía, que estaba a lo suyo, consiguió obtener una de aquellas flechas, de un tipo desconocido para él, a cambio de unos trozos de chicle casero que había fabricado con tripas de pájaro y que Manutow masticaba con solemnidad.

(*) Ciento cincuenta mil años después, la Ciencia dio parcialmente la razón a Manutow demostrando que aquella tribu descendía, no de cualquier mono, sino del macaco Rhesus, compartiendo con él la ausencia de un factor sanguíneo llamado Rh, o sea, que tenían Rh negativo (de Rhesus).





GUIJARRO II

Aquella noche Pedrizo X-1, eludiendo la vigilancia del sereno –terribles en aquellos tiempos por usar, en lugar del “chucho”, una descomunal maza erizada de nudos-, llegó hasta una choza de barro y ramas que constituía el arsenal bélico de Villalítica.

Pedrizo la miró con reverencia y temor, antojándosele en su imaginación como una base ultrasecreta, pululante de armas y trampas. No obstante, ningún timbre de alarma sonó ni se vio deslumbrado por reflectores sino, únicamente, por el tenue resplandor de la hoguera donde se calentaban dos centinelas.



Acostumbrándose a la oscuridad observó las armas que le eran más o menos conocidas. En el momento de coger una lanza que le llamó la atención, oyó un ruido que se acercaba. Salió disparado, a tiempo de ver dos figuras oscuras que corrían velozmente.

Pedrizo, que tenía muy buenos reflejos, al creerse descubierto arrojó con fuerza la azagaya sobre las dos sombras.

Cayó con un rugido terrible la segunda, mientras que la que iba delante, profiriendo agudos gritos, caía como una tromba demoledora sobre el audaz espía, que se desplomó bajo la pesada mole y cerró los ojos, esperando el golpe mortal. Pasaron unos instantes y su gigantesco enemigo seguía sujetándole y chillando con fuerza.





¿Le querría estrangular? Abrió entonces los ojos y se revolvió con toda su energía tratando de deshacerse de aquel mortal abrazo, pero no lo logró. Miró con furia al adversario y quedó confuso al confirmarse la terrible sospecha: aquello era una hembra.

Pedrizo, como buen espía, era romántico pero, sin embargo, al hallarse en los brazos de aquella mujer, ante el hechizo de la noche y bañados por la luz de la luna, no experimentó otros sentimientos que un fuerte deseo de salir corriendo y alejarse de aquella energúmena.



Por fin consiguió librarse y levantarse en el momento en que llegaban los centinelas preguntando qué ocurría. Pedrizo, que no sabía aún lo que había pasado, necesitaba más que ellos alguna explicación.

Entonces, la mujer, que seguía dando gritos, señaló el bulto tendido en el suelo unos pasos más atrás; al acercarse X-1, se le hizo un nudo en la garganta: con la lanza que él había arrojado, traspasándole el corazón yacía un descomunal oso gris.

La víctima salvada de aquella fiera resultó ser Petruska, hermana del dictador de la tribu, que explicó entre sollozos emocionados que estaba a punto de ser alcanzada por la bestia cuando aquel valiente la mató de un solo lanzazo.
   

Luego, dirigiéndose a Pedrizo, comenzó a decirle que gracias a él aún vivía, que nunca se lo podría pagar, que en adelante no podría vivir sin él…

Haciendo de vez en cuando pausas que aprovechaba para sorber ruidosamente por la nariz y babear a besos la cara del infortunado espía, que creía desmayarse cada vez que se veía entre aquellos peludos brazos y junto aquella boca temible, rodeada de un poblado bigote, que le repetía apasionadamente entre perdigonada y perdigonada: 



¡Siempre estaré a tu lado! - ¡Ni la muerte podrá separarnos!

GUIJARRO III

A partir de aquel momento, Pedrizo creyó vivir una pesadilla. Le llevaron ante el hermano de Petruska, el dictador Rocanovich Chuponceski, que le pareció uno de los animales más parecidos al hombre, a quien al preguntarle por su procedencia mintió descaradamente, diciendo que había sido expulsado de su tribu por tener ideas socialistas.



Chuponceski le felicitó efusivamente por haberse unido a la causa y añadió que se había merecido la mano de la vigorosa Petruska.

Es, decía de su hermana con orgullo, la mujer más fuerte de la tribu, capaz de llevar sobre sus espaldas la caza, de atravesar un río a nado, de caminar un día entero, de estrangular a un ciervo… Y así prosiguió enumerando las delicadas y femeninas prendas de la hermanita.

Ella, continuaba, te dará docenas de hijos para el partido, protegiéndote por las nochesdel frío…

En fin, concluyó, una mujer de pelo en pecho. 



Pedrizo, que no creía que fuesen tan graves los peligros del espionaje, miraba, empequeñecido, sin osar abrir la boca ante la que el azar había hecho su prometida, que con sus 110 kilitos de carne velluda que salía a ronchas del vestido de piel de búfalo, que le sentaba como un bikini a una hipopótama, parecía querer comérselo con los ojos. Pedrizo la comparaba in mente con la delicada y esbelta Piedrita Fina, como una vaca al lado de una gacela.

Por fin se concertó la boda para el día siguiente. El frustrado espía comprendió que su única Salvación estribaba en la huída, en abandonar su labor de espionaje y salir corriendo hacia su tribu. Pero le fue imposible, pues no dejaron de vigilarle hasta el momento de la ceremonia.



Llegó la trágica hora. Pedrizo, con una piel de gala y unas armas que le había regalado el dictador, fue conducido al lugar de la ceremonia junto a la novia –que no iba ni blanca ni radiante-, como reo ante el patíbulo.

Petruska le recibió estampándole un sonoro beso que casi le absorbe como una aspiradora, provocando en el pobre X-1 una nauseas que no le dejaban respirar.

…Y el Partido Socialista Villalitista os declara mari…

Fue entonces cuando Pedrizo, en un arranque de sublime inspiración, gritó como un energúmeno:
¡Y un cuerno! 



A la vez que salía disparado hacia el mundo libre, ante el rugido indignado de la horda que, encabezada por Petruska y todas la mujeres de la tribu -que se sentían defraudadas por el final del idilio- se lanzó sedienta de sangre en persecución de aquel engañador de débiles mujeres, de aquel Tenorio sin entrañas que disfrutaba destrozando corazones femeninos.

Pedrizo, como alma que lleva el diablo, corrió, corrió... y corrió y, por fin, a golpe de inexistente calcetín pudo librarse del enemigo cruzando, esta vez en sentido contrario, el Telón de Piedra y cayendo exhausto, pero a salvo, en su tierra, con el miedo aún agarrado a su cuerpo. 


Al darse cuenta de que aún conservaba las armas que le habían regalado, pensó que su odisea no había sido del todo infructuosa. Y no pudo pensar más porque el cansancio hizo que perdiese el sentido.







-------------------------




Ni qué decir tiene que el temerario Pedrizo fue recibido como un héroe nacional por sus paisanos y que, en solemne ceremonia, su Majestad Pedrés IV le nombró Primer Espía Oficial de la tribu.

Como nuestro héroe era guapote y peludo, y la bella Piedrita Fina dijo que “no estaba mal”, anunció también públicamente el compromiso matrimonial de los dos jóvenes.



Y cuando Piedrita Fina, aquel selecto bomboncito prehistórico se dirigió a su prometido estampándole uno de sus turbadores besos, Pedrizo puso unos ojos como platos y hubieron de sujetarle para que no cayese desmayado de nuevo.


CONCLUSIÓN

Después de la ceremonia, que emocionó el sensible corazón de todas las mujeres de Rocaflorida, las que a pesar de estar en la Edad de Piedra ya acostumbraban a llorar en las bodas, la joven pareja, aclamada por la multitud, presidió un sacrificio en honor del Totem, consistente en la lidia de un hermoso bisonte que corrió a cargo del sumo sacerdote de la tribu, alias “el niño de los pinchazos”, que cumplió matando al tercer golpe.


La horda aplaudió con entusiasmo la faena.

A continuación, y en honor de los novios, se ofreció un “lunch” a los numerosos invitados, servido en la sala de estalactitas de la cámara real.






-------------------------


Se la sabido de fuentes bien informadas, y sobre todo por documentos contundentes -bloques de piedra de 200 kg.- que Petruska Chuponceski, debido al desengaño amoroso sufrido, se entregó a la vida anacoreta, alimentándose tan sólo de agua y raíces durante 50 días -periodo, en el cual el pueblo Villalítico experimentó un sorprendente alza de la economía-.


Convenciéndose al cabo de dicho tiempo de que ella no servía para la vida contemplativa, desapareció poco después de la tribu.

La última vez que fue vista iba acompañada de un tipo enorme y velludo, habiendo serios motivos para sospechar que el tal individuo fuese un gorila residente en el bosque cercano.

… Y de la pobre Petruska nunca más se supo...




FIN