Dejamos la Santa Croce y nos fuimos
acercando al hotel. Al pasar por delante del barito donde comimos ayer,
pensamos que lo más cómodo sería repetir la jugada y reposar un rato en el
hotel. Y fue buena idea porque teníamos planeado para la tarde subir al Piazzale
Michelangelo.
Después de descansar un poco
salimos por la tarde hacia el piazzale, que es una esplanada situada a media
ladera de una colina sobre el río Arno.
A partir de un punto las calles comenzaron a subir, primero tímidamente, para al final transformarse en tramos de escalera que no tenían trazas de terminar.
Lógico, el piazzale es un excelente mirador sobre Florencia y nosotros no fuimos excepción en cuanto a las fotos.
Yo prefiero esta vista que sigue, pero Ada me dice que, aunque no me guste la foto que ella me sacó, estoy obligado a incluirla por ser testimonio de nuestra presencia en el lugar..
Visto lo visto, fuimos bajando hacia
el río y el Ponte Vechio buscando la trattoria Roberto que nos había
recomendado nuestra nuera Nelly, pero cuando nos topamos, en la misma calle, con la trattoria
Alfredo, se nos nubló el entendimiento, confundimos los nombres de aquel establecimiento con el de este,
Cenamos muy bien: Tagliollini al tartufo para Ada y Tagliatta de manzo al funghi para mí. De postre compartimos un tipo de bizcocho que se mojaba con vino de misa.
Tagliollini
Tagliatta
¡Y al ir a pagar no encuentro mi tarjeta de crédito en la cartera! Después de pensar y repensar vemos que la última vez que la había usado fue para pagar la cena de anoche, lo que significa que la dejé en aquel restaurante hace 24 horas.
Así que regresamos a paso ligero al hotel, pasamos sin problemas las tres puertas y, ya en nuestra habitación, dimos orden de cancelación de la tarjeta al Banco. Tuvimos suerte, porque no hubo ninguna intervención ilegal en ella.
Continuará