De la Piazza del Duomo avanzamos hasta la de la
Signoria, que es la plaza central de
Florencia y la sede del poder civil simbolizado por el Palazzo Vecchio y su Torre di Arnolfo de 95 metros de altura. La
configuración actual de la plaza, incluídos palacio y Loggia della Signoria,
data del siglo XIV.
Piazza della Signoria y Palazzo Vechio. El edificio con arcos es la Loggia della Signoria.
Fuente de Neptuno
David (copia)
El Palazzo fue originalmente residencia de los Medici hasta que estos se trasladaron al Palazzo Pitti. Su patio interior fue modificado en el siglo XV por Michelozzo y en la segunda mitad del siglo XVI todo el edificio sufrió importantes modificaciones realizadas por Vasari a instancias de Cosimo I de Medici.
Palazzo Vechio, Patio
El patio del Palazzo Vecchio fue decorado, con motivo de la boda entre
Francesco de Medici y Giovanna de Austria (1565), con estuco y pinturas secas
de ciudades austríacas, en honor de la novia. Las columnas fueron cubiertas de
estuco dorado con motivos vegetales, angelotes y otras figuraciones.
El Salón de los Quinientos
La Signoria era
el órgano de gobierno de Florencia durante la Edad Media y el renacimiento. Sus
nueve miembros, ("Priori"), eran elegidos de las filas de los gremios
o cofradías de la ciudad: seis para las cofradías mayores y dos para las
menores. El noveno prior era el Gonfaloniere (portaestandarte).
Gonfaloniere
Inmediatamente después de su elección, los nueve se mudaban al Palazzo della Signoria (Palazzo Vechio) donde permanecían durante los dos meses de su mandato. Se les abonaba una pequeña suma para cubrir gastos y se les proveía de sirvientes de librea verde. Los Priori llevaban un uniforme escarlata, decorado con armiño, y puños y collares de igual material. De la Piazza della Signoria pasamos a visitar el Palazzo Pitti, pero a las siete de la tarde ya estaba cerrado y nos tuvimos que conformar con admirarlo desde una terraza que estaba justo enfrente.
La
construcción de este imponente edificio se realizó durante la segunda mitad del
siglo XV por encargo del comerciante florentino Luca Pitti, amigo y aliado de
Cosimo de Medici. Pitti quería que su residencia fuese la más imponente de la
ciudad, así que compró todas las casas entre el palacio y el camino al pie de
la colina para poder construir su jardín monumental.
Un siglo más tarde, Eleonora Álvarez de Toledo, esposa de Pedro de Medici, compró el palacio y desde ese momento y durante los dos siglos siguientes, este fue remodelado y ampliado prácticamente hasta como lo conocemos hoy.
Y ya que estábamos muy agradablemente en la terraza y se habían terminado nuestras bebidas, decidimos quedarnos a cenar:
Ada pidió ensalada Pitti y yo Trippe alla Fiorentina. Con birras y vino,
42€.
Y regresamos, ya cansados, al Palazzo Martellini pero las cosas no iban a ser tan fáciles como parecían: En el hotel, por la tarde, nos habían dado un mando a distancia para abrir la puerta principal y otras dos intermedias hasta llegar a nuestra habitación pero, ah pero, el mando no abrió la puerta de la calle. Símplemente estaba muerto.
Llamamos al timbre exterior, como habíamos hecho horas antes, al llegar, pero nada. Claro, el personal de recepción estaba en el hotel hasta las siete de la tarde pero, a partir de esta hora, lo que valía era el mando que teníamos y que no funcionaba.
Así que nos sentamos en un poyete de la fachada esperando a que algún cliente del Palazzo hiciese su aparición.
Y así fue: a la media hora de estar desesperados aparecieron dos chicos jóvenes que abrieron la puerta con una llave. Les pedimos socorro y les contamos nuestra historia, pero ellos no iban a la Residenza d’epoca sino a un apartamento de la planta baja. Pasamos los cuatro a un corredor y al fondo había una puerta que ellos también abrieron con su llave. Una vez superada esta segunda puerta nuestros salvadores entraron a su casa y nosotros en el ascensor hasta la tercera planta.
Y tampoco
funcionó el mando en esta tercera puerta, la que daba paso al interior de la
Residenza. Otra vez sentados, esta vez en el rellano de la escalera. ¡Nuestra
situación había mejorado!
Llamamos a Chencho a ver si él tenía algún teléfono que pudiera ser útil. Al cabo de unos minutos oímos uno sonando en el interior de la residencia, pero nada.
Ada no se arredraba: localizó el teléfono de los carabinieri y habló con ellos, pero el operador le informó con amabilidad que ellos
no podían hacer nada en este caso. Si se hubiese tratado de un accidente, un robo o un incendio sería diferente.
Pasaba el tiempo
pero nada más pasaba. En medio de nuestras meditaciones nos pareció oir el
ruido de una puerta lejana. Aguzamos el oído y un poco después oímos claramente
el golpe de otra puerta más próxima, parecía la de acceso a la escalera y al
ascensor. Después se comenzaron a oir pasos subiendo la escalera.
Esto me
desmoralizó aún más: no eran clientes de la Residenza. Ningún cliente subiría
tres plantas muy altas teniendo un ascensor a su disposición.
Pero los pasos y
luego frases en inglés siguieron sonando y cada vez más cerca. Una pareja de
norteamericanos apareció en el rellano y nos miró con curiosidad. Les
explicamos nuestra situación y ellos se apresuraron a accionar su mando a
distancia y oh, milagro, este sí funcionó. Su mando parecía nuevecito y no apañado con cinta aislante como el nuestro. No nos dejaron hasta comprobar que nuestra
tarjeta magnética sí era capaz de abrir nuestra habitación. Al despedirnos pensé
que si coincidíamos al día siguiente en el desayuno les invitaría a unas
cervezas. Pero no los volvimos a ver.
Continuará
