23 febrero 2026

Viaje a Florencia (IV)

 

Dejamos la Santa Croce y nos fuimos acercando al hotel. Al pasar por delante del barito donde comimos ayer, pensamos que lo más cómodo sería repetir la jugada y reposar un rato en el hotel. Y fue buena idea porque teníamos planeado para la tarde subir al Piazzale Michelangelo.

Después de descansar un poco salimos por la tarde hacia el piazzale, que es una esplanada situada a media ladera de una colina sobre el río Arno.

A partir de un punto las calles comenzaron a subir, primero tímidamente, para al final transformarse en tramos de escalera que no tenían trazas de terminar.

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 Finalmente, con la lengua afuera, llegamos a una plaza llena de gente sacando y sacándose fotos. 

Lógico, el piazzale es un excelente mirador sobre Florencia y nosotros no fuimos excepción en cuanto a las fotos.

         Yo prefiero esta vista que sigue, pero Ada me dice que, aunque no me guste la foto que ella me sacó, estoy obligado a incluirla por ser testimonio de nuestra presencia en el lugar..

 

No se lo perdono.

Visto lo visto, fuimos bajando hacia el río y el Ponte Vechio buscando la trattoria Roberto que nos había recomendado nuestra nuera Nelly, pero cuando nos topamos, en la misma calle, con la trattoria Alfredo, se nos nubló el entendimiento, confundimos los  nombres de aquel establecimiento con el de este, pasamos al interior y nos sentamos. Unas birras frías nos consolaron.

 

Pâtes à la truffe blanche une tuerie - Photo de Trattoria Alfredo, Florence  - Tripadvisor

 

Cenamos muy bien: Tagliollini al tartufo para Ada y Tagliatta de manzo al funghi para mí. De postre compartimos un tipo de bizcocho que se mojaba con vino de misa.


      Tagliollini

             

                                                            Tagliatta

     

     ¡Y al ir a pagar no encuentro mi tarjeta de crédito en la cartera! Después de pensar y repensar vemos que la última vez que la había usado fue para pagar la cena de anoche, lo que significa que la dejé en aquel restaurante hace 24 horas.                

 
   

Así que regresamos a paso ligero al hotel, pasamos sin problemas las tres puertas y, ya en nuestra habitación, dimos orden de cancelación de la tarjeta al Banco. Tuvimos suerte, porque no hubo ninguna intervención ilegal en ella.

 Continuará


01 febrero 2026

Viaje a Florencia (III)


 Domingo, 7 de mayo

 Antes de salir del hotel tuvimos una charla con Iovanni, que ese día estaba en la Recepción, sobre el incidente con el mando de las puertas. Mientras hablábamos vimos, sobre la mesa de la Recepción, un cartelito con tres teléfonos para llamar en caso de emergencia. Lástima, no lo habíamos visto la víspera. Ada le sacó una foto.

Pues bien, Iovanni nos dio otro mando, en esta ocasión, nuevecito y no sujeto con cinta adhesiva como el otro. Le pedí a Ada que me esperara un par de minutos en Recepción y salí hasta la calle. Esta vez iba a verificar que era capaz de entrar.

El mando funcionó y soltó el pestillo de la puerta de entrada con ruido potente y tranquilizador. Volvió a funcionar con estruendo en la puerta interior que daba a la escalera y ascensor y, finalmente, abrió con alegría la puerta de la residenza.

Ya tranquilos, salimos del hotel con tiempo para ir a la misa de las diez y media en la catedral.

 

De camino nos llamó la atención la cola de gente esperando para entrar en Hermes, cola formada sobre todo por asiáticos y árabes. Florencia es famosa por sus colas pero, para entrar en Hermes… no me lo esperaba.

Como siempre, la Piazza del Duomo estaba abarrotada y, para colmo, en ella estaba la meta de una carrera popular en plena actividad.

 

Rodeamos la catedral intentando quedarnos con los detalles que no se pueden apreciar si no se está cerca. Todas las fachadas están chapadas con mármol blanco y verde, pero la puerta principal contiene todos los colores.

Siguiendo el perímetro dimos con una puerta custodiada por dos guardias y que tenía un cartel indicando que era sólo para el culto. Pasamos con decisión al interior, mientras la autoridad cerraba el paso a una pareja de japoneses y los dirigía hacia la taquilla para turistas.

El interior de la catedral, salvo sus enormes dimensiones, no nos impresionó tanto como su exterior. Eso sí, los frescos de la bóveda de Brunelleschi nos gustaron mucho. Y la misa, emocionante: cantada por un tenor y en latín. Amen.

Después de la misa nos encaminamos hacia la basílica de Santa Croce, adonde entramos después de una cola no muy larga para las entradas.

 Foto

 En su interior son destacables el altar mayor, el púlpito y la imagen de la Virgen de la Leche, situada junto al sepulcro de Francesco Nori.

 

 Las Capillas Peruzzi y Bardi conservan pinturas de Giotto. Otras obras de este pintor se perdieron como consecuencia de las crecidas de río Arno en 1966. 

 Son también notables los sepulcros y cenotafios de personajes ilustres tales como Miguel Angel, Dante, Maquiavelo, Galileo, Rossini…


Fresco de Giotto

 

 

Sepulcro de Miguel Ángel


        Continuará

21 enero 2026

Viaje a Florencia (II)

 

    De la Piazza del Duomo avanzamos hasta la de la Signoria, que es la plaza central de Florencia y la sede del poder civil simbolizado por el Palazzo Vecchio y su Torre di Arnolfo de 95 metros de altura. La configuración actual de la plaza, incluídos palacio y Loggia della Signoria, data del siglo XIV.

Piazza della Signoria y Palazzo Vechio. El edificio                   con arcos es la Loggia della Signoria.    

    

          Fuente de Neptuno

                    David (copia)     

       El Palazzo fue originalmente residencia de los Medici hasta que estos se trasladaron al Palazzo Pitti. Su patio interior fue modificado en el siglo XV por Michelozzo y en la segunda mitad del siglo XVI todo el edificio sufrió importantes modificaciones realizadas por Vasari a instancias de Cosimo I de Medici.


                                    Palazzo Vechio, Patio

     El patio del Palazzo Vecchio fue decorado, con motivo de la boda entre Francesco de Medici y Giovanna de Austria (1565), con estuco y pinturas secas de ciudades austríacas, en honor de la novia. Las columnas fueron cubiertas de estuco dorado con motivos vegetales, angelotes y otras figuraciones.

                         El Salón de los Quinientos

La Signoria era el órgano de gobierno de Florencia durante la Edad Media y el renacimiento. Sus nueve miembros, ("Priori"), eran elegidos de las filas de los gremios o cofradías de la ciudad: seis para las cofradías mayores y dos para las menores. El noveno prior era el Gonfaloniere (portaestandarte).

                                    Gonfaloniere

Inmediatamente después de su elección, los nueve se mudaban al Palazzo della Signoria (Palazzo Vechio) donde permanecían durante los dos meses de su mandato. Se les abonaba una pequeña suma para cubrir gastos y se les proveía de sirvientes de librea verde. Los Priori llevaban un uniforme escarlata, decorado con armiño, y puños y collares de igual material.                                               De la Piazza della Signoria pasamos a visitar el Palazzo Pitti, pero a las siete de la tarde ya estaba cerrado y nos tuvimos que conformar con admirarlo desde una terraza que estaba justo enfrente.

El Palacio Pitti, un centro de exhibiciones y atracción turística de Florencia.

La construcción de este imponente edificio se realizó durante la segunda mitad del siglo XV por encargo del comerciante florentino Luca Pitti, amigo y aliado de Cosimo de Medici. Pitti quería que su residencia fuese la más imponente de la ciudad, así que compró todas las casas entre el palacio y el camino al pie de la colina para poder construir su jardín monumental.

Un siglo más tarde, Eleonora Álvarez de Toledo, esposa de Pedro de Medici, compró el palacio y desde ese momento y durante los dos siglos siguientes, este fue remodelado y ampliado prácticamente hasta como lo conocemos hoy.

Y ya que estábamos muy agradablemente en la terraza y se habían terminado nuestras bebidas, decidimos quedarnos a cenar:

Ada pidió ensalada Pitti y yo Trippe alla Fiorentina. Con birras y vino, 42€.      

                                                       CAFFÈ PITTI - 23 Photos & 20 Reviews - Piazza de' Pitti 9, Firenze, Italy -  Cafes - Restaurant Reviews - Phone Number - Yelp


Y regresamos, ya cansados, al Palazzo Martellini pero las cosas no iban a ser tan fáciles como parecían: En el hotel, por la tarde, nos habían dado un mando a distancia para abrir la puerta principal y otras dos intermedias hasta llegar a nuestra habitación pero, ah pero, el mando no abrió la puerta de la calle. Símplemente estaba muerto.


Llamamos al timbre exterior, como habíamos hecho horas antes, al llegar, pero nada. Claro, el personal de recepción estaba en el hotel hasta las siete de la tarde pero, a partir de esta hora, lo que valía era el mando que teníamos y que no funcionaba. 

Así que nos sentamos en un poyete de la fachada esperando a que algún cliente del Palazzo hiciese su aparición.

                              Y así fue: a la media hora de estar desesperados aparecieron dos chicos  jóvenes que abrieron la puerta con una llave. Les pedimos socorro y les contamos nuestra historia, pero ellos no iban a la Residenza d’epoca sino a un apartamento de la planta baja. Pasamos los cuatro a un corredor y al fondo había una puerta que ellos también abrieron con su llave. Una vez superada esta segunda puerta nuestros salvadores entraron a su casa y nosotros en el ascensor hasta la tercera planta.

Y tampoco funcionó el mando en esta tercera puerta, la que daba paso al interior de la Residenza. Otra vez sentados, esta vez en el rellano de la escalera. ¡Nuestra situación había mejorado!


Llamamos a Chencho a ver si él tenía algún teléfono que pudiera ser útil. Al cabo de unos minutos oímos uno sonando en el interior de la residencia, pero nada.

Ada no se arredraba: localizó el teléfono de los carabinieri y habló con ellos, pero el operador le informó con amabilidad que ellos 



no podían hacer nada en este caso. Si se hubiese tratado de un accidente, un robo o un incendio sería diferente.

Pasaba el tiempo pero nada más pasaba. En medio de nuestras meditaciones nos pareció oir el ruido de una puerta lejana. Aguzamos el oído y un poco después oímos claramente el golpe de otra puerta más próxima, parecía la de acceso a la escalera y al ascensor. Después se comenzaron a oir pasos subiendo la escalera.

Esto me desmoralizó aún más: no eran clientes de la Residenza. Ningún cliente subiría tres plantas muy altas teniendo un ascensor a su disposición.


Pero los pasos y luego frases en inglés siguieron sonando y cada vez más cerca. Una pareja de norteamericanos apareció en el rellano y nos miró con curiosidad. Les explicamos nuestra situación y ellos se apresuraron a accionar su mando a distancia y oh, milagro, este sí funcionó. Su mando parecía nuevecito y no apañado con cinta aislante como el nuestro. No nos dejaron hasta comprobar que nuestra tarjeta magnética sí era capaz de abrir nuestra habitación. Al despedirnos pensé que si coincidíamos al día siguiente en el desayuno les invitaría a unas cervezas. Pero no los volvimos a ver.

Continuará