04 noviembre 2025

Viaje a Florencia

    Sábado, 6 de mayo

   

     Nuestros hijos habían planeado en secreto, como regalo de cumpleaños a su madre, ofrecernos un viaje de fin de semana. Pero ¿a dónde?

    Pues, teniendo en cuenta el nombre del esposo acompañante, ¿a dónde iba a ser?

    ¡Pues a Florencia!

     Así que un día soleado de mayo llegamos a su aeropuerto, donde nos esperaba el coche que nos trasladaría al hotel (Palazzo Martellini-Residenza d’Epoca), y allí aparecimos hacia las dos y media de la tarde, no sin antes haber explicado al chófer del coche que nos traía, que los 80 € que pretendía cobrarnos por el trayecto estaban incluídos en nuestro contrato con el hotel. El chófer lo entendió y llegamos sin problema.

El Palazzo Martellini es un edificio

 histórico que aparece ya en crónicas escritas entre 1367 y 1370. 

Fue la primera construcción de la calle (via Maggio) y, después de pasar por muchos propietarios a través de los siglos, siempre relacionados con la familia del fundador, 

                La Residenza Martellini

los dueños actuales viven en la 4ª planta (il marquesse, según Giovanni, uno de los gestores de la Residenza). La tercera planta está ocupada por esta y el resto de las plantas está dividida en diversos apartamentos. El edificio está declarado de Interés Cultural y se ha restaurado conservando la estructura, fachada y algunos detalles interiores.

              

              Ada ante la temible puerta de entrada al Palazzo.
                     
Al salir, en la Recepción nos dieron un mando a distancia para poder abrir las puertas de acceso al edificio y a la residenza pero, ay, no se me ocurrió probarlo.
      Salimos a comer algo y nos tuvimos que conformar con un hermoso bocata de embutido y queso (schiacciata) y unas birras en un barito próximo al Ponte de la Trinitá. (Hay que ver, a las 3 de la tarde de un sábado de primavera y con buen tiempo, los restaurantes ya estaban cerrados hasta la noche. Quel paesse!) 
     Pero, ya repuestos, cruzamos el puente y enseguida llegamos a la Basílica di Santa Trinita.

Su interior es gótico y su fachada, de estilo barroco italiano, S. XVII.

La Capilla Sassetti guarda un ciclo de

 frescos (1483-1486) dedicado a San

 Francisco de Asís, obra de Ghirlandaio.



La Capilla Bartolini Salimbeni conserva, en

 las paredes, frescos con historias de la

 Virgen, de Lorenzo Monaco.



En otra de las capillas se encuentra la

 reliquia de la columna en la que azotaron

 Cristo.

Siguiendo el camino hacia la Piazza del Duomo nos encontramos con el Palazzo Strozzi, enorme edificio renacentista que  alberga exposiciones de arte contemporáneo y otras: En nuestra visita vimos en el patio interior la maqueta de una lanzadera espacial.



 

 

               

 





Y llegamos al complejo del Duomo, que es

 impresionante, tanto por su  arquitec-tura, como bajo el punto de vista turístico: una masa humana lo invade a todas horas. 


     Esta plaza alberga a Santa Maria del Fiore, la enorme catedral de Florencia que es una de las obras arquitectónicas más importantes, a caballo entre el gótico y el renacimiento, y una de las catedrales más bellas y grandes de Europa. Se comenzó en 1296 en el lugar donde antiguamente se erigía la catedral de Santa Reparata.


    En 1334, L'Arte della Lana, que había recibido el encargo de supervisar la construcción, confió la dirección de las obras a Giotto. Después de 1364 se finalizaron las tres primeras bóvedas, y en 1378-80 se realizó la cubierta de la nave central y las laterales. El problema de la construcción de la cúpula lo resolvió Brunelleschi quien, a partir de 1418, asume el papel de arquitecto. El Campanario está situado al lado de la catedral y fue proyectado por Giotto, de quien toma su nombre. Tiene 84 metros de altura. 

 




                                     
Continuará

                                                    


12 octubre 2025

A MODO DE DISCULPA

        Lo sé, lo sé, después de 2015 bien poco he trabajado en La Floropedia y tampoco veo una razón determinante para explicar mi ausencia en el blog.

        ¿He estado enfermo? Pues no.

        ¿He estado ocupadísimo trabajando catorce horas al día? Pues tampoco.

        ¿Me habré aburrido de buscar temas, fotos y datos para presentar nuevas entradas en el Blog? Puede que sí.

        Sea lo que sea, os quiero pedir disculpas por haber desaparecido sin avisar y deseo compensaros a los que me hayáis echado de menos.

        En enero de 2015 os presenté los dos primeros capítulos de mi novela La Torre de La Riva por si a alguno de vosotros le entraban ganas de comprarla por internet. Pues bien, más abajo os incluyo un enlace para descargarla. 

        Además, me esforzaré para ofreceros, de vez en cuando, nuevos temas que os podrían interesar.

        ¡Hasta pronto!   


  













      


18 marzo 2021

PEDRO SARMIENTO DE GAMBOA (y VI)

    El regreso de Pedro Sarmiento comenzó en Bahía, donde se embarcó en una carabela portuguesa hacia España. La travesía transcurrió felizmente hasta estar en aguas de las Azores, donde fueron atacados por tres barcos corsarios de Walter Raleigh. Ante la fuerza de los enemigos se rindió la carabela, que fue apresada.


Dejaron en libertad los corsarios a los tripulantes de la carabela, pero el piloto denunció a Sarmiento como navegante de importancia, quizá como gobernador del Magallanes, y fue hecho prisionero (agosto de 1856) requisándole todos sus papeles. Sarmiento había arrojado al agua algunos de ellos, pero una parte fue rescatada por los ingleses. 

    Fue llevado a Inglaterra (septiembre) donde, después de algunos días de maltratos, Sarmiento fue conducido ante Raleigh que, al conocer quién era, hizo que se le diese un trato más amistoso. Como consecuencia de este contacto fue presentado a la Reina Isabel y con ella departió, como con Raleigh, en latín —era «elegante en latín», dirá después Sarmiento. Estuvieron hablando cerca de dos horas—. ¿De qué? Nuestro personaje no lo dejó escrito. Dirá que era para tratarlo personalmente con el Rey.

 



La reina le hizo llegar un mensaje para Felipe II encaminado a iniciar las negociaciones de paz y se le proveyó de un pasaporte y ayuda para salir de Inglaterra y viajar a España.
Pero Sarmiento, ay, no volvió a España por mar, sino por el continente: pasó a Francia, donde se entrevistó en París con el Embajador de España don Bernardino de Mendoza. También fue a Dunkerque e informó a Alejandro Farnesio, gobernador general de los Países Bajos, de cómo andaban las cosas en Inglaterra (sería después el capitán general designado para su invasión).
    En su camino a España, no muy lejos ya de Bayona, fue hecho prisionero por soldados hugonotes franceses. No le sirvió el pasaporte de la Reina Isabel, y menos el que España estuviese en paz con Francia. Fue llevado a Mont de Marsan y encerrado en un calabozo.




El prisionero quedó bajo la custodia del coronel Castelnao. Los hugonotes propusieron el canje por uno de los suyos, que había caído en Flandes en poder de los españoles. Felipe II no accedió a ello y entonces pidieron un rescate por Sarmiento por valor de 30.000 escudos...
    No hicieron efecto las cartas que la misma Isabel de Inglaterra escribió a Enrique de Navarra, cabeza del partido hugonote (más tarde Enrique IV de Francia); en ellas le manifestaba que le interesaba mucho que Sarmiento pasase a España y llevase sus mensajes a su Rey.



Castelnao fue bajando el rescate pedido por Sarmiento y al fin fue puesto en libertad mediante el pago de tan sólo 6.000 escudos y cuatro caballos escogidos... Era ya el verano de 1590... Tres largos años de cautiverio sufriendo un trato infame, en un calabozo «tan hediondo que no lo podían sufrir los que le llevaban de comer» 
    Desde agosto de 1586, en que Sarmiento fue hecho prisionero por los ingleses, los desventurados habitantes del Magallanes habían perdido su protección, bien que ésta no fuese más que por cartas dirigidas al Rey. Cuando por fin llegó a España (1590), estaba obsesionado con el Estrecho de Magallanes y con la suerte corrida por la gente que allí había dejado.

Al parecer, aquellos colonos sufrieron muchas calamidades y murieron casi todos. Se sabe de su triste suerte por el relato de uno de los supervivientes, el soldado Tomé Hernández, rescatado por el corsario inglés Cavendish...
Pero parece demostrado que Cavendish también dejó abandonados a su miserable suerte a una docena de aquellos desventurados. 
    Entre las penalidades que debieron sufrir se cita como principal, el hambre. Dado que se podían conseguir algunos alimentos tales como frutas silvestres, mariscos y caza, más parece que la verdadera causa de su muerte habría sido alguna enfermedad contraída quizá por el consumo de esos «mexillones» en los que un virus vivía sin causar la muerte del animal, pero sí de la persona a quien servían de alimento. 
    A partir de entonces Sarmiento de Gamboa permaneció en la Corte, respetado por todos y dedicado a sus aficiones literarias, pero siempre con dos importantes asuntos en su mente: ayudar a la gente que había dejado en el estrecho y terminar la labor de fortificarlo.
     

Por último, fue nombrado Almirante de una flota de naves armadas para proteger los barcos de la Carrera de Indias. 
    Zarpó de Cádiz con veintiún barcos (mayo de 1592). Cerca de Lisboa cayó enfermo, fue llevado a esta ciudad y allí falleció el 17 de julio de 1592. 
    Pedro Sarmiento de Gamboa, a pesar de las desgracias sufridas, fue un hombre constante, trabajador y estudioso. Siempre dispuesto a contribuir al desarrollo de las ciencias, trazó cartas, mapas y derroteros, efectuó correcciones en cartas existentes, describió los mares por donde navegó, las tierras que visitó y los parajes que descubrió, que sirvieron para facilitar el éxito de posteriores expediciones.







04 marzo 2021

PEDRO SARMIENTO DE GAMBOA (V)

    Una vez organizado el nuevo asentamiento "Rey Don Felipe" Sarmiento se dispuso a regresar, a bordo de la María, al poblado «Nombre de Jesús». Aparte el lógico contacto necesario con la gente allí asentada, debía dejar en él todo el material que estaba previsto para ellos y que aún se encontraba en la nao, incluídos los cañones que había que emplazar en los fuertes. 


Estaba ya Sarmiento a bordo cuando se levantó el viento rabioso característico del Magallanes, desencadenán-dose un fortísimo temporal. En inminente peligro de irse la nave contra tierra, se tuvo que picar el cable del ancla (la única que les quedaba) con la consecuencia de marinear el barco y salir a la mar libre, pasando de largo el poblado “Nombre de Jesús”, sin poder detenerse en él como tenía previsto y zafándose por fortuna de los bajos (lugar hoy llamado banco  Sarmiento).




    En esta circunstancia no tuvo más remedio que correr el temporal y, al no disponer de ancla para poder detenerse cuando fuese posible utilizarla, ¡pues otra vez hacia Río de Janeiro!
    La forzada salida del Estrecho ocurrió el 26 de mayo y hasta el 29 de junio no logró entrar la María en el puerto de Santos. Tuvo allí casi que mendigar para obtener víveres para su gente.
    Al fin pudo llegar a Río (a 400 Km. de Santos), donde su gobernador, Correa, le proporcionó ayuda. Tenían que subsistir, hacer reparaciones y —el deseo principal de Sarmiento—enviar socorros a los pobladores del Estrecho, abandonados por fuerza de los desatados elementos.



    Alquiló un patache y en él cargó alimentos y ropas, despachán-
dole para el Estrecho. Escribió también al Rey dándole cuenta de todo y pidiendo ayuda: le proponía que fuesen recompensados los que se decidiesen a ir al Magallanes, pues hacían falta allí más brazos...
    Como no había en Río los elementos necesarios para la reparación del María tuvo que subir hasta Pernambuco (más de 2000 Km). Llegó con un ancla, sí, que adquirió en Río, pero ¡con un cable «hecho de cortezas de árboles»!...
    En Pernambuco, compró Sarmiento brea, diversos bastimentos y ropa de la que estaban sus hombres y él mismo muy necesitados. Reparó la María. Escribió nuevamente al Rey, esta vez una «Relación muy circunstanciada»

Una vez reparada la nao y completados los bastimentos necesarios Sarmiento zarpó de nuevo hacia el Magallanes,  pero cerca del puerto de Bahía saltó un temporal que arrastró a la María contra la costa. Echaron al agua los bateles reservándolos para los que no sabían nadar. Sarmiento se pudo salvar a nado pero estuvo a punto de perecer. Le salvó un esclavo negro que tenía, que le era muy devoto. Los demás no quisieron ayudarle (muchos deseaban su muerte, pues creían que así se pondría término a las desgracias que caían sobre él y sus hombres). Ya antes había cundido la deserción... Sarmiento en este naufragio resultó herido por los clavos de las tablazones deshechas.
 


Así terminó, pues, la María y en ella se perdieron los esfuerzos y los gastos que se hicieron en su reparación y en su carga. Sarmiento fue socorrido primero por padres teatinos y luego por el gobernador Coutiño. Puso éste a su disposición un barco de mediano porte, cierta cantidad de provisiones y algunos pertrechos.
    También le avaló el gobernador para que en los próximos puertos fuese abastecido. En Espíritu Santo cargó algodón y cecina, en Río de Janeiro herramientas, pólvora, balas y algún ganado para cría...
    Escribió esta vez no al Rey, sino a su secretario, don Antonio Eraso. Terminaba sus peticio­nes: «todo lo que puedo hacer es arquear con la muerte y hacer poco de lo mucho que es necesario a aquella gente, abandonada en aquel remoto lugar del mundo tan poco abundante en recursos para la subsistencia humana».



    En España, el Rey no había olvidado por completo a los habitantes del Magallanes, pero toda su atención estaba centrada entonces en reaccionar contra los ataques de Inglaterra; en su mente ya estaba tener que atacarla en su propio suelo, mas para ello todo lo que había resultaba poco. Tendría que reunir una armada: «La Gran Armada».
    Sarmiento, finalmente, estuvo listo para volver a salir hacia el Estrecho. Su angustia por la suerte de sus hombres varados allá, se veía aliviada pensando que el patache que había enviado con socorros habría llegado ya. Más tarde averiguaría que no fue así. 
    Era el 31 de enero (1586) cuando emprendió su marcha; el viaje se hacía con buen tiempo, todo auguraba el éxito; pero otra vez surgió la acción de guardián celoso que impedía la entrada en el Magallanes.



Esta vez lo hizo mucho antes de que Sarmiento estuviese cerca, a la altura de Bahía Blanca (paralelo 39° Sur): Saltó un mal tiempo, juzgado por nuestro Capitán como el más terrible que nunca había experimentado en su vida de navegante: «...cada ola nos comía, una nos encapilló por la cuadra siniestra de popa y metió el bordo de la diestra hasta media puente, debajo de la mar». 
    Se vio obligado a tirar el cargamento a la mar —¡el socorro para sus gentes del estrecho!— y ponerse a correr el temporal a palo seco. El temporal seguía y seguía; así... otra vez a la tan lejana base: ¡Río de Janeiro!
    Y allí, con el barco casi deshecho, sin los elementos de socorro, con la gente medio sublevada (y pronto lo estaría del todo) empieza nuevamente 



el tenaz esfuerzo de Sarmiento por preparar otro socorro... Pero ¿y el dinero? —Ningún autor habla de él. ¿De qué caudales podría disponer?—. Él habla de que emplea su peculio particular. ¿Cual era éste?, ¿eran los gobernadores los que financiaban los gastos?, ¿bastaba la recomendación de aquéllos para que los proveedores fiasen? Puede ser que hubiese algo de cada cosa. Pero esta vez ya el crédito estaba agotado. Desesperado ante este estado de cosas, decide regresar a España y exponer al Rey la situación.
    Antes de salir de Río había tenido Sarmiento que reprimir, espada en mano, un motín de sus hombres, del que era cabeza un piloto al que dio una puñalada y mandó encerrar, después, en un castillo. Luego se vio forzado a licenciar a la dotación de su barco por falta de dinero para mantenerla.
    Como vemos, todos los esfuerzos de Sarmiento estaban dirigidos a acudir en socorro de los pobladores y gente de guerra que, mal a su pesar,  habían quedado desasistidos en aquel estrecho del fin del mundo. 



    Estaba obsesionado y no era para menos: el 26 de mayo de 1584, cuando iba a llevar al asentamiento "Nombre de Jesús" todo el material, pertrechos y artillería que quedaban a bordo y que estaba destinado al mismo, un temporal arrastró a la nao María fuera del estrecho y hasta las costas de Brasil, sin que fuera posible ayudar a aquella pobre gente.
    Casi un año después, abril 1585, Sarmiento sale de Río con socorros para el estrecho, pero tampoco consigue llegar a su destino. De nuevo lo intenta, siempre desde Río de Janeiro, el 31 de enero de 1586 y esta vez ni siquiera se puede acercar a la latitud del Magallanes.
    ¡La gente del estrecho, pues, llevaba casi dos años y dos inviernos completos abandonada a su suerte!










 

 




21 febrero 2021

PEDRO SARMIENTO DE GAMBOA (IV)

    La estancia en Río de Janeiro fue una continua sucesión de conflictos de Sarmiento con Flores Valdés, pues el primero descubrió la venta fraudulenta de pertrechos y recursos por parte de algunos capitanes y maestres de buques y la carga en los barcos de palo brasil para provecho de estos, y Flores parecía mirar a otro lado...


    Tras muchas tensiones la expedición salió de Brasil (noviembre de 1582) con dieciséis barcos, para continuar viaje hacia el sur en demanda del Estrecho de Magallanes. Pero el estrecho estaba a la defensiva y no se dejaría domar fácilmente. Y además el océano Atlántico parecía actuar como su aliado:
    En un fuerte temporal se perdió un bergantín y poco después una nao que se fue al fondo con trescientos cincuenta hombres y un importante cargamento destinado a los destacamentos que se pensaba fundar.



Un nuevo temporal hizo que se perdiera otra nave cargada con víveres. Después tres barcos se separaron a la altura del Plata debido a su mal estado y tuvieron que regresar a Río de Janeiro. Otros tres entraron en el Río de la Plata llevando a Alonso de Sotomayor, gobernador de Chile, para que se dirigiera por tierra a su destino.

    Finalmente, de toda la expedición, al estrecho llegaron sólo unos pocos barcos (febrero de 1583),


pero el Magallanes no les permitió el paso y el Atlántico colaboró activamente con él, aportando temporales que parecían no tener fin, no dando respiro a las tripulaciones, que empezaron a amotinarse. 
    Por una vez, Sarmiento y Flores se pusieron de acuerdo y pactaron retirarse a Brasil para rehacerse y reparar las naves más dañadas, y así, la flota abandonó las aguas del estrecho y retrocedió 4.000 Km. hasta Santos (marzo) para regresar a donde había salido seis meses antes, es decir, a Río de Janeiro (mayo), sin haber podido ni siquiera iniciar los trabajos que tenían encomendados.



    En Río se encontraron con el general Diego de Alcega, que traía cuatro naos con víveres para la expedición y el aviso del Rey para Sarmiento y Flores de que había que fortificar el estrecho cuanto antes ya que Francia estaba preparando corsarios para cruzarlo.
    Pero Flores Valdés no parecía interesado en el estrecho sino en regresar a España y dejar atrás el infierno que, sin duda, le estaría de nuevo esperando en el Magallanes, así que aprovechó la presencia de corsarios franceses en Bahía de Todos los Santos, para dirigirse a dicha ciudad y, a continuación, seguir viaje a España con la mayor parte de la flota. Dejó en la zona al almirante Diego Ribera con sólo cinco barcos y poco más de quinientas personas, entre ellas Sarmiento de Gamboa.



    Y principia diciembre de 1583, es decir, a comienzos del verano austral, cuando salen de Río de Janeiro las cinco naves que manda el almirante Diego Ribera, llevando a Sarmiento con sus pobladores y soldados destinados para los proyectados establecimientos del Estrecho. Llevan víveres, pertrechos y la artillería para los fuertes que han de construirse...
    Después de tres intentos de entrar en el Estrecho, sin conseguirlo debido a los temporales que parecen estar siempre allí, consiguen hacerlo y fondean en la ensenada que bautizaron con el nombre de las Once Mil Vírgenes. 


    Desembarca Sarmiento con el capitán Gregorio de las Alas y el piloto Antón Pablos más ocho arcabuceros y toma solemne posesión del Estrecho. ¡Ya es gobernador!
Desembarca toda la gente, unas 300 personas en total, y la correspondiente impedimenta, víveres y cañones... Tras grandes fatigas los colonos lograron fundar un primer asentamiento que bautizaron “Purificación de Nuestra Señora”. Pero las inclemencias del tiempo y lo inhóspito del lugar obligó a Sarmiento de Gamboa a cambiar de sitio, para fundar con una solemne ceremonia otro asentamiento que llamó “Nombre de Jesús”, cerca del cabo Vírgenes.



En la fundación del nuevo poblado se utilizó una de las naves, varándola, como base de operaciones,  aprovechando  primero el abrigo que proporcionaba, para después utilizar su madera, armas y pertrechos. Se sacrificaba, pues, un barco pero se iniciaba la población del Estrecho.
    Las cuatro naves restantes salieron despedidas varias veces del Magallanes, expulsadas por la marea vaciante y los vientos que rompían los cables de las anclas, aunque siempre pudieron volver y los tripulantes colaboraron con las gentes de tierra. Pero a fuerza de partir cables quedaron muy pocas anclas disponibles. 
    La última vez que la flotilla logró acercarse al asentamiento fue ocasión para que Sarmiento alabase al almirante Ribera: «Hízolo muy varonilmente y como deseoso de servir a S. M.»



Gamboa no descuidó la organización del poblado y designó autoridades para su gobierno, comenzó la construcción de la primera iglesia y ordenó efectuar diversas siembras. Pero el lugar no era bueno para ser cultivado, los productos de la tierra eran pobres y escasos, sólo la mar les proporcionaba algo de pesca y moluscos, y el frío y el hambre empezaron a hacer mella en aquellos colonos.
    Esto no es de extrañar, ya que las temperaturas máximas anuales en el territorio del estrecho oscilan entre los 14º C en verano y 4º C en invierno. 

    Las mínimas varían entre 7º y 0º C. Por no hablar de vientos que pueden alcanzar los 100 nudos y ni de 3000 litros/metro cuadrado anuales de lluvia. Vamos, que no se daría nada bien el trigo.
    El almirante Diego Ribera, dando por concluida su misión, puso rumbo a España con tres barcos, dejando en el estrecho sólo la nao María (Santa María de Castro) y los restos desmantelados en la playa de la nao Trinidad.
    

Y en tierra quedaron unas trescientas cuarenta personas en condiciones de supervivencia muy difíciles, por lo que Sarmiento juzgó necesario encontrar un terreno más propicio que pudiera abastecer de los elementos - madera, pesca, caza, productos agrícolas - necesarios  para garantizar la vida de los pobladores.

    Así que, habiendo seleccionado un grupo de entre los hombres más fuertes, salió a buscar un lugar más adecuado para allí fundar un nuevo asentamiento. La nao María debía acompañarles navegando por el estrecho.
    La expedición de Sarmiento y sus hombres desde el poblado «Nombre de Jesús» hasta el lugar que debía ocupar la  nueva población «Rey Don Felipe» tuvo un gran mérito. Fue una marcha que llamaron «de las ochenta leguas» -en realidad fueron más de 100- siguiendo la orilla norte del estrecho, viéndose obligados a dar grandes y agotadores rodeos por los canales que desembocaban en él.
    La nao María, que los acompañaba, tuvo que seguir su camino marítimo avanzando penosamente contra vientos y corrientes. Cuando los «de a pie» se reunieron al fin con ella iban completamente agotados y es claro que la nao fue su salvación. 



    Durante la terrible marcha Sarmiento y su grupo tuvieron que superar grandes dificultades y atravesar pasos muy difíciles. Para colmo, unos indios gigantescos (patagones) los atacaron y en la lucha perdieron un hombre y otros más resultaron heridos.
    El asentamiento se fundó finalmente en marzo de 1584 a pocos kilómetros de la actual Punta Arenas y se determinó que los fuertes serían edificados en la boca oeste de la primera angostura.
















28 enero 2021

PEDRO SARMIENTO DE GAMBOA (III)

    

    Una vez terminados los trabajos en el estrecho y estando ya en el Atlántico (24 de febrero de 1580) arrumbó a España, decidido a ver al Rey, pero tampoco este viaje, que debería ser de pura rutina para un marino como Sarmiento, le resultó sencillo. Tuvo que batirse y ahuyentar a un corsario francés cerca de las islas de Cabo Verde (mayo).



    Desde dichas islas envió un patache para informar al virrey del Perú sobre sus trabajos en el estrecho de Magallanes y para darle las últimas noticias sobre las actividades de los corsarios, en especial de Drake.
    Al regresar a España (agosto de 1580), se dirigió a Badajoz donde se encontraba Felipe II (septiembre), al que informó de los acontecimientos. Le mostró de forma detallada los descubrimientos realizados y trató de convencerlo para que poblara y fortificara el Estrecho de Magallanes con el fin de cerrar el acceso de piratas a los Mares del Sur, aunque el Rey, ya de antemano, tenía la idea de hacerlo.



    Se nombró una comisión para estudio de la cuestión y después se compulsó la opinión del duque de Alba y del marqués de Santa Cruz; el primero no fue partidario en principio de tal fortificación. 
    Tanto él como el prestigioso General de la Mar, don Cristóbal de Eraso, opinaron que era difícil conseguir que unos fuertes, con el fuego de sus cañones, pudieran impedir el paso de barcos que, seguramente, aprovecharían las fuertes corrientes de marea que se producían en el estrecho para ganar velocidad. Decían que lo verdaderamente eficaz era mantener en el Mar del Sur una fuerza naval de guarda de aquellas aguas.


    La propuesta fue muy debatida y al final el Consejo de Indias la aceptó y decidió poblar y fortificar las márgenes norte y sur del estrecho en su parte más angosta, complementando la acción de los fuertes con la de una barcaza artillada y siempre que se cerrase la canal con una obstrucción con flotadores para mantener una fuerte cadena. 
    Finalmente, el Rey aprobó el proyecto de Sarmiento, que consistía en la construcción de dos fuertes, cada uno de los cuales debería estar armado con cuatro cañones, cuatro culebrinas «y la correspondiente artillería menuda» y guarnecido con 200 hombres. También se añadió al proyecto la construcción de dos atalayas de vigía, muy importantes por ser terreno llano y sin alturas para desde ellas avistar de lejos al posible enemigo.



    Los medios navales con los que contaba Felipe II para atender a su tan vasto imperio eran en realidad muy limitados. Se había hecho una distribución de fuerzas y una de ellas era la que había de tener la guarda de las costas de América meridional, mandada por don Diego Flores Valdés. A esa armada se le dio el encargo de llevar a Sarmiento de Gamboa con todo el material y los hombres que habían de establecerse en el Magallanes y fortificar el estrecho.
    Sarmiento, sin embargo, aspiraba a tener el mando de una armada especialmente preparada para la misión que tenía que llevar a cabo. Pero cuando vio que ello no sería posible, pidió permiso al Rey para retirarse a América, desentendiéndose de la misión. El Rey se lo negó y, eso sí, le nombró gobernador y capitán general de los territorios que había de ocupar, pero no lo sería sino cuando el establecimiento estuviese hecho. Pocas atribuciones tendría en tanto que ello no ocurriese.
    A partir de aquí, como veremos, la aventura de Sarmiento dirigida a fortificar y poblar el estrecho de Magallanes irá de desgracia en catástrofe. No parece sino que el estrecho hubiera sido un ser vivo que no permitiera la presencia de otros en sus dominios, habiendo contado además con la colaboración de ciertos personajes. 



    Pero no adelantemos acontecimientos, así que continúo.
    Se organizó inmediatamente la expedición, se designó a Diego Flores Valdés capitán general de la Armada del estrecho, y a Sarmiento de Gamboa gobernador y capitán general de las poblaciones que se fundaran en el estrecho, con total independencia de Valdés. 
    El nombramiento de Valdés no fue, como hemos dicho, del agrado de Sarmiento y muy pronto salieron a la luz diferencias entre ambos jefes. Entre otros asuntos se discutió la salida, ya que se aproximaba el otoño de 1581 y Sarmiento opinaba que era mala época para iniciar la expedición por los riesgos de grandes temporales.
    La expedición estaba inicialmente compuesta por una armada de 23 naves del Rey y 18 embargadas. Sumaban unas 8.400 toneladas. Las tripulaban 672 hombres de mar y llevaban 1.332 de guerra. También iban 206 hombres pobladores para el Magallanes, 70 de ellos casados (se supone que iban también las esposas y quizá familia o hijos). Completaban la expedición artilleros (para el estrecho), albañiles, herreros y carpinteros...



           Partió de Sanlúcar hacia las costas brasileñas a finales de septiembre de 1581 y los temores de Sarmiento se hicieron realidad, ya que cuando apenas habían sobrepasado Cádiz se encontraron en medio de una gran tormenta que hundió cinco barcos, perecieron ochocientos hombres y los buques restantes tuvieron que regresar a puerto.    
    En Cádiz se reorganizó la armada, se efectuaron reparaciones y se cargaron víveres y pertrechos. 



Sarmiento trabajó con todas sus fuerzas en el aprovisiona- miento de estos y también logró completar el cupo de pobladores (debían ser 300). Durante unos días de enfermedad que padeció Flores Valdés, Sarmiento siguió trabajó sin descanso e hizo mucho, lo que no gustó nada al Capitán General.
    Agarró tal cabreo que ordenó la salida de la flota (diciembre de 1581) cuando aún estaba en tierra Sarmiento y este tuvo que alcanzarla, con alguna dificultad, a bordo de  una balandra... ¡Hay que ver!



                    La expedición hizo un alto de un mes en las islas de Cabo Verde y llegó a Río de Janeiro (*) (marzo de 1582) para invernar, cuando en la dotación ya había 150 bajas por enfermedad. Otros murieron en este puerto a consecuencia de sus males. Faltaban ya «pobladores».

(*) Al que se sorprenda de que la flota de Flores Valdés tocase puertos portugueses (Cabo Verde y Río) en su ruta al estrecho, le aclaro que Felipe II había sido proclamado rey de Portugal año y medio antes.