viernes, 31 de enero de 2014

RASINES: CIEN AÑOS DE MINERÍA (XIV)

En un contrato de arriendo de todas las pertenencias mineras de Rasines, realizado entre Juan de Lombera y un tal Francisco MacLennan White, en 1894, por un plazo de diez años, se nos dan algunos datos económicos y de volúmenes del negocio. Así, el arrendatario ha de pagar un canon de 5 pesetas “por cada tonelada de mineral de calamina, blenda, o plomo, o de otro metal que descubriese y arrancase de las referidas minas”. El cálculo de las Tm. no se hacía en origen sino en destino, “con arreglo al peso resultante en el puerto de descarga, del cual el recibo del flete abonado al capitán o a su armador servirá de comprobante”

La razón es la diferencia de peso entre una y otra medida que se produce a lo largo del tiempo por deshidratación, sobre todo si se ha utilizado el sistema gravimétrico para mejora de la ley, por ser éste muy hidrófilo. Merma que podía ser importante a juzgar por este otro documento en el que se detecta una diferencia de pesaje de más de 500 Kg.: “Hemos de hacerle observar que este mineral ha dado aquí 3.450 Kg., en vez de los 4.004 que pone en el talón”.




La cláusula más interesante encontrada en el anterior contrato, a efectos de poder valorar la importancia de las minas en ese año de 1894, es la Séptima, ya que se trata de un contrato de alquiler con opción de compra. En dicha cláusula, el arrendatario fija un precio de venta, precio que, además, se compromete a respetar durante cinco años: “En cualquier tiempo durante el primer quinquenio (a partir de la fecha del contrato), podrá el Sr. MacLennan adquirir en propiedad definitiva y libre de todo canon o gravamen, las minas y demasía de que se trata por la cantidad de 125.000 Ptas., valor máximo probable que le asigna el Sr. Lombera”. La cláusula Doce es también interesante, pues  contiene otros datos de inventario y activos: “Existen en varias pilas unas 150 Tm. ya prontas y beneficiadas (enriquecidas) para su embarque y que también existen tierras y minerales aprovechables en las escombreras, procedentes de anteriores explotaciones hechas por su cuenta (del Sr. Lombera) y por arrendamientos anteriores (los cuales desconocemos) (...) y que, asimismo, tiene una tejavana y algunos lavaderos para la concentración de dichos minerales, todo lo cual, o sea, esto último, está dentro de la mina Constancia y que exclusivamente a ella, tanto el Sr. Lombera como el Sr. MacLennan, lo evaloran en la cantidad de 10.000 Ptas., que el Sr. MacLennan entrega en este acto al Sr. Lombera en billetes del Banco de España, papel moneda a la par de la plata...”


 Otras explotaciones mineras en Rasines

Tal como hemos comentado más arriba, la familia Lombera no fue la única en explotar las riquezas mineras de Rasines. Aunque la documentación que poseemos es muy escasa, merece la pena que nos detengamos brevemente en otras actividades mineras realizadas en la época moderna en nuestro término municipal. 


Por orden de antigüedad la primera que debemos citar es la Yesera de Rocillo, de la que se conserva, aún en buen estado, el edificio de producción y administración junto a la carretera general, frente a la entrada del barrio de Rocillo. La razón social de esta empresa era “Gregorio Pérez”, nombre de su fundador, datando la explotación de finales del s. XIX y extendiéndose hasta 1950, siendo por tanto contemporánea con la minería de los Lombera. Después de su fundador y ya en el s. XX  fue regentada por sus tres hijos: José Mª Pérez Sáenz, Javier y Adolfo. Parece que Javier era el Gerente, llevando la Administración y la Producción. Fue un negocio estrictamente familiar pero que debió generar una importante actividad económica pues, en su apogeo, llegaron a trabajar entre 15 y 20 personas. Se conserva una curiosa foto de los obreros trabajando.



El yacimiento de yeso, a cielo abierto, estaba situado en el terreno que hay detrás de la casa. El yeso extraído se transportaba en vagonetas sobre raíles con un tiro de parejas de bueyes, hasta el edificio para su procesamiento, cuyas fases eran: cocción, molienda,  criba y envasado en sacos. El producto terminado se vendía a almacenes y empresas de construcción para albañilería. También se utilizaba en crudo para fertilizantes. Los escombros se tiraban en la torca del terreno de enfrente, al otro lado de la carretera. 


Manual de Urbanidad para niños
Barcelona 1913

1. ¿Qué tendrá V. presente al ir a sentarse a la mesa? 2. ¿Cómo usará V. el cubierto y los vasos o copa? 

1. Si al ir a sentarme a la mesa no tengo si­tio señalado, he de ocupar el inferior a no ser que se me invite a tomar asiento más distinguido, el cual rehusaré si no es que me viere precisado a aceptar la invitación.




Me sentaré a una distancia conveniente, ni muy separado de la mesa ni tan junto a ella que la toque con el cuerpo; pero nunca seré el primero en sentarme, no verificándolo hasta que lo haga el más digno de los comensales. Una vez senta­do, no seré tampoco el primero en desdoblar la servilleta, la cual colocaré sobre las rodi­llas, a no ser que estuviere con sola la familia, pues entonces puedo sujetarla delante del pe­cho. No tocaré ninguno de los utensilios y mucho menos caeré en la grosería de aquellos que, mientras esperan el primer plato, co­mienzan a pellizcar el pan.



2. La cuchara y el cuchillo se usan invaria­blemente con la derecha, el tenedor con la iz­quierda si la derecha tiene el cuchillo; de lo contrario se usa también con la derecha. La cuchara sirve para los manjares líquidos o que se toman por tales; para los otros el tenedor. La copa se toma invariablemente por la espi­ga; el vaso jamás debe tomarse con toda la mano, sino con los tres primeros dedos de la derecha, cuidando de ponerlos más cerca de su pie que de los bordes.

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