Y en la planta superior se encuentran comistrajerías de todo tipo.
Y en el exterior, en las calles circundantes, existe un verdadero zoco con infinidad de tenderetes de ropa y artículos de piel.
Ah, y la diferencia con España es que aquí los comerciantes de los mercadillos son pakistaníes.
Del mercado, ya cansados, fuimos retrocediendo hasta la Basilica di San Lorenzo,
que no visitamos porque a unos metros nos encontramos con la terraza de una trattoria. Y claro, era la una y media de la tarde y nuestra natura optó por la trattoria, en lugar de la basílica. No había duda posible: dos birras y pizza para los dos.
Y por fin, después de comer pedí un café y una grappa para acompañar al purito
que, esta vez sí, me pude fumar.
Por la tarde, después de descansar un rato en el hotel, nos dirigimos hacia la zona de Santa Maria Novella, cerca de la cual estaba la Trattoria ZAZÀ,
que nos habían recomendado Nelly y Guillermo. No fue difícil
localizarla porque, desde lejos, nos llamó la atención una gran masa de gente
arremolinada en una terraza cubierta
que hacía esquina y, sí, allí estaba.
Lo sorprendente no era la masa de gente alrededor de ZAZÁ, sino que aquella gente estaba haciendo cola para
entrar a cenar…
¡Y no eran aún las siete de la tarde! Así que a la merda,
nos fuimos, retrocediendo hacia el Oltrarno, que era nuestro barrio (más allá
del río Arno) y reservamos mesa en la Osteria
Tripperia Il Magazzino, situada en una plazuela
muy animada que estaba por detrás de nuestra residenza.
Cuando, más tarde, llegamos para cenar, nos atrevimos con el Lampredotto (Ada), nada menos
que unos callos muy típicos de Florencia y con un
Carpaccio di lingua. Cenamos bien pero el carpaccio estaba más rico que la
lingua.
El Lampredotto
Carpaccio di lingua
Regresamos sin
prisas al hotel pero, claro está, con cierta aprensión por mi parte al acordarme de las
tres puertas que debíamos pasar. Pero tampoco esta vez hubo sobresalto, porque
el nuevo mando
a distancia abrió
con autoridad cada una de ellas.
Continuará