CÁDIZ-MONTEVIDEO
NOTA PREVIA
Los artículos que siguen están basados en la Obra de Lorenzo Sanfeliú, titulada "62 MESES A BORDO", que contiene el diario de navegación de Don Antonio deTova Arredondo, 2º Cmte. de la corbeta Atrevida
Y al fin comenzó la expedición Malaspina-Bustamante, después de nueve meses y medio desde que el proyecto fue aprobado por el Rey Carlos III.
Asombra que en tan poco tiempo se construyesen y armasen dos corbetas, amén de completar el resto de preparativos tanto logísticos como humanos.
Así que a las nueve de la mañana del día 30 de julio de 1789, festividad de San Senén, con un viento fresquito y bien entablado del nordeste, que prometía llevarlos sin mayores contratiempos hacia la región de las calmas tropicales, abandonaron las corbetas el fondeadero de la luminosa bahía gaditana para iniciar la primero singladura de su dilatada expedición.
El buen tiempo reinante animó probablemente a Antonio de Tova a iniciar su diario de navegación para que su casi paisano Florencio (Rasines está a 13 km. de Riva) lo pudiera utilizar 237 años después en La Floropedia, y también permitió dar a las tripulaciones mayor descanso, distribuyéndolas en tres turnos de guardia, en vez de los dos acostumbrados.A las las once de la mañana del 3 de agosto las corbetas avistaron el cabo más septentrional de la isla de Tenerife, Punta Anaga, y a las
catorce pasaban a la vista de la ciudad con todo el aparejo largo y las banderas y gallardetes al viento.
Siguieron a ese día seis sin novedad principal de señalar, alternándose con otros de mal tiempo. El avistamiento, el 9 de agosto, de la Punta Armadilla de Cabo Verde a 66 a millas, contribuyó, con el reconocimiento de una goleta que pasó de largo y los movimientos de una fragata dedicada al tráfico de negros, a romper la monotonía de los días anteriores.
Las nubes anotadas el día 9 llegaron el 10 a cubrir casi totalmente el cielo y, por la tarde, antes de lo que esperaban, empezó a llover y a soplar con fuerza el Sudoeste, que les cogió con todo el aparejo largo, poniendo así de relieve el mucho aguante de las corbetas y su arboladura.
Estas condiciones se alargaron algunos días más, hasta que, en confirmación del viejo proverbio, la calma sorprendió el 17 a las corbetas pero, a pesar del retraso en la llegada a que la ausencia de viento daba lugar, fue bien recibida a bordo porque permitió un intercambio de visitas entre buque y buque, y a la satisfacción de ver y conversar con compañeros se unió la de comprobar el perfecto estado sanitario de las dotaciones, pues a excepción de un criado del Comandante de la expedición, que en la "Descubierta" estaba enfermo de catarro y dos marineros de la "Atrevida", afectados de venéreo, el resto de las dotaciones disfrutaba de excelente salud.
Por orden del Comandante, don Alejandro Malaspina, se repartieron entre la tripulación, como compensación de los malos días anteriores, diversas prendas de ropa, una buena ración de tabaco y dos cuartillos de vino por individuo, lo que produjo el natural regocijo.
Con tiempo variable, pero no muy incómodo y sin calor excesivo, transcurrieron los días siguientes hasta el 28 de agosto, en que el corte de la línea ecuatorial (el famoso paso del Ecuador) dio ocasión a las mascaradas y bromas de rigor a los novatos, acontecimiento que tuvo lugar en la fecha expresada y a 16° al Oeste del Meridiano de Cádiz.
El tiempo, que desde hacía unos días se había mantenido inmejorable, cambió bruscamente el primero de septiembre, tornándose en esta ocasión francamente malo, con mar gruesa y fuertes chubascos.
El día 12 de septiembre se empezó a sufrir el tercer temporal de la travesía que, con mayor fuerza de viento que en los anteriores, obligó a las corbetas a ponerse por primera vez en capa.
Otra vez, al tiempo duro, que terminó el 15, siguieron los 17 y 18 con calma y niebla, obligando a que, por la proximidad a que debían encontrarse de las costas continentales, se redoblaran las ordinarias precauciones.
Por fin, a las quince horas del día 19, aclaró la niebla y pudo distinguir el serviola la sombra de las tierras americanas corridas por la proa.

La sonda de 20 brazas les indicó que debían encontrarse en la medianía del canal del Río de la Plata. Asegurados por marcaciones a tierra de la situación, pudieron arrumbar aguas arriba del río y, a mediodía, después de rebasadas las islas de las Flores y Lobos, avistaron el cerro de Montevideo, y a las catorce veían la ciudad, en cuyo muelle quedaron amarradas algo después de las quince horas del 20 de septiembre de 1789.
La primera actividad fue la coordinación con el Comandante del Rio de la Plata para la reparación y recorrida de las corbetas, rectificar los ligeros defectos observados en el viaje y prepararlas para los nuevos cruceros que habían de efectuar.
Además, el programa científico que el Comandante Malaspina había preparado para el Río de la Plata era el siguiente: En primer lugar, su plano, observaciones astronómicas en la capital, y adquisición de noticias suficientes del estado económico y político de la provincia del Plata.
Para las observaciones astronómicas que debían efectuarse en Montevideo se estableció un observatorio en el

cumplimentar al Virrey, informarse de la parte económica y política, establecer un observatorio en la ciudad y comenzar desde este punto los trabajos hidrográficos.
La confección del plano general del Río de la Plata, principalísima obra a realizar, requería el reconocimiento y situación de diversos puntos del Cabo San Antonio, "tan dudoso y casi desconocido" hasta entonces.
Comoquiera que todos los prácticos del país convinieron en la imposibilidad de verificarlo por tierra, ya por lo pantanoso del terreno por donde se transitase, ya por el evidente riesgo de ser destruídos por la ferocidad de los indios Pampas, se propuso al señor Virrey, para efectuarlo por mar, el alistamiento del paquebot "Belén"; concedido y convenientemente equipado el barco, salió el día 4 de octubre, con su capitán, buen práctico del Río, don Juan Bautista Acosta.
Tras no pocas dificultades, debidas en su mayor parte a lo raso de la costa, consiguieron dar por terminada su tarea el día 18, en que emprendieron su regreso.
Mientras estos oficiales trabajaban la costa Sur del Río hasta Cabo de "San Antonio, don Alejandro Malaspina trabaja en la costa Norte. Salió de Montevideo el 29 de septiembre acompañado de don Felipe Bauzá, y caminando por tierra hasta las inmediaciones del Cabo Santa María, con el reloj número 105, no sólo aseguró la situación de aquel cabo, sino la de la isla de Lobos, plano del puerto Maldonado, y en fin, toda la costa hasta Montevideo. Le
acompañaron también en esta excursión el naturalista don Antonio Pineda y el botánico don Luis Nee.
Para la conclusión del plano del Río faltaba reconocer y situar el bajo del Inglés, explorar y levantar plano del puerto de Santa Lucía y buscar al Sur de este último puerto un bajo "bastante dudoso", que entre "los patrones de las lanchas del Río se nombra la Panela". Se encomendaron estos trabajos al Teniente de Navio don Antonio Tova, Alférez de Fragata Bauzá, Guardia Marina don Jacobo Murfi y como práctico del Río al segundo Piloto don José de la Peña.
Salieron el 17 de octubre en la balandra "San Antonio", fletada al efecto, y al día siguiente fondearon en el puerto de Santa Lucía. El 20 buscaron el bajo de la Pamela, que no encontraron, volviendo a salir con el mismo intento y resultado el día 21, y este día emprendieron el regreso, en cumplimiento de la orden recibida de don José Bustamante.


con cerca de 500 plantas y acopiado más de 50 especies de aves nuevas, "no vistas aún por inteligentes".
El día 28 de octubre, listas las embarcaciones de todo y terminados los trabajos de a bordo y de tierra, se pasó revista de Comisario y anticiparon dos pagas a los tripulantes.
Desde ese día hasta el 31 puede decirse que fueron los únicos que tuvieron de descanso de verdad las dotaciones, preparándose, sin duda, durante ellos para la larga y penosa travesía del extremo meridional de América. Empleaban sus prolongadas permanencias en tierra en la compra de efectos y en recorrer la ciudad, que en aquella fecha, y gracias al establecimiento del comercio libre, había hecho no pocos progresos.
Españoles y Criollos 10.674
Indios 1.471
Mulatos 819
Negros
libres 342
Idem
esclavos 2.050
Total:
15.356












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