14 octubre 2026

LA EXPEDICIÓN MALASPINA-BUSTAMANTE (VI)

 CÁDIZ-MONTEVIDEO


NOTA PREVIA

Los artículos que siguen están basados en la Obra de Lorenzo Sanfeliú,     titulada "62 MESES A BORDO", que contiene el diario de navegación de      Don Antonio deTova Arredondo, 2º Cmte. de la corbeta Atrevida


Y al fin comenzó la expedición Malaspina-Bustamante, después de  nueve meses y medio desde que el proyecto fue aprobado por el Rey Carlos III. 

Asombra que en tan poco tiempo se construyesen y armasen dos corbetas, amén de completar el resto de preparativos tanto logísticos como humanos. 

Así que a las nueve de la mañana del día 30 de julio de 1789, festividad de San Senén, con un viento fresquito y bien entablado del nordeste, que prometía llevarlos sin mayores contratiempos hacia la región de las calmas tropicales, abandonaron las corbetas el fondeadero de la luminosa bahía gaditana para iniciar la primero singladura de su dilatada expedición. 

El buen tiempo reinante animó probablemente a Antonio de Tova a iniciar su diario de navegación para que su casi paisano Florencio (Rasines está a 13 km. de Riva) lo pudiera utilizar 237 años después en La Floropedia, y también permitió dar a las tripulaciones mayor descanso, distribuyéndolas en tres turnos de guardia, en vez de los dos acostumbrados. 
A las las once de la mañana del 3 de agosto las corbetas avistaron el cabo más septentrional de la isla de Tenerife, Punta Anaga, y a las


catorce pasaban a la vista de la ciudad con todo el aparejo largo y las banderas y gallardetes al viento.
Siguieron a ese día seis sin novedad principal de señalar, alternándose con otros de mal tiempo. El avistamiento, el 9 de agosto, de la Punta Armadilla de Cabo Verde a 66 a millas, contribuyó, con el reconocimiento de una goleta que pasó de largo y los movimientos de una fragata dedicada al tráfico de negros, a romper la monotonía de los días anteriores.
Las nubes anotadas el día 9 llegaron el 10 a cubrir casi totalmente el cielo y, por la tarde, antes de lo que esperaban, empezó a llover y a soplar con fuerza el Sudoeste, que les cogió con todo el aparejo largo, poniendo así de relieve el mucho aguante de las corbetas y su arboladura.

Estas condiciones se alargaron algunos días más, hasta que, en confirmación del viejo proverbio, la calma sorprendió el 17 a las corbetas pero, a pesar del retraso en la llegada a que la ausencia de viento daba lugar, fue bien recibida a bordo porque permitió un intercambio de visitas entre buque y buque, y a la satisfacción de ver y conversar con compañeros se unió la de comprobar el perfecto estado sanitario de las dotaciones, pues a excepción de un criado del Comandante de la expedición, que en la "Descubierta" estaba enfermo de catarro y dos marineros de la "Atrevida", afectados de venéreo, el resto de las dotaciones disfrutaba de excelente salud.
Por orden del Comandante, don Alejandro Malaspina, se repartieron entre la tripulación, como compensación de los malos días anteriores, diversas prendas de ropa, una buena ración de tabaco y dos cuartillos de vino por individuo, lo que produjo el natural regocijo.


Con tiempo variable, pero no muy incómodo y sin calor excesivo, transcurrieron los días siguientes hasta el 28 de agosto, en que el corte de la línea ecuatorial (el famoso paso del Ecuador) dio ocasión a las mascaradas y bromas de rigor a los novatos, acontecimiento que tuvo lugar en la fecha expresada y a 16° al Oeste del Meridiano de Cádiz.
El tiempo, que desde hacía unos días se había mantenido inmejorable, cambió bruscamente el primero de septiembre, tornándose en esta ocasión francamente malo, con mar gruesa y fuertes chubascos.
El día 12 de septiembre se empezó a sufrir el tercer temporal de la travesía que, con mayor fuerza de viento que en los anteriores, obligó a las corbetas a ponerse por primera vez en capa.
Otra vez, al tiempo duro, que terminó el 15, siguieron los 17 y 18 con calma y niebla, obligando a que, por la proximidad a que debían encontrarse de las costas continentales, se redoblaran las ordinarias precauciones.
Por fin, a las quince horas del día 19, aclaró la niebla y pudo distinguir el serviola la sombra de las tierras americanas corridas por la proa. 


La sonda de 20 brazas les indicó que debían encontrarse en la medianía del canal del Río de la Plata. Asegurados por marcaciones a tierra de la situación, pudieron arrumbar aguas arriba del río y, a mediodía, después de rebasadas las islas de las Flores y Lobos, avistaron el cerro de Montevideo, y a las catorce veían la ciudad, en cuyo muelle quedaron amarradas algo después de las quince horas del 20 de septiembre de 1789.

OCUPACIONES EN MONTEVIDEO

La primera actividad fue la coordinación con el Comandante del Rio de la Plata para la reparación y recorrida de las corbetas, rectificar los ligeros defectos observados en el viaje y prepararlas para los nuevos cruceros que habían de efectuar.


Además, el programa científico que el Comandante Malaspina había preparado para el Río de la Plata era el siguiente: En primer lugar, su plano, observaciones astronómicas en la capital, y adquisición de noticias suficientes del estado económico y político de la provincia del Plata.
Para las observaciones astronómicas que debían efectuarse en Montevideo se estableció un observatorio en el 


barrio del Sur, y en casa próxima al fuerte de San José; en ella se instalaron cronómetros, sextantes, teodolitos y demás instrumentos que con ese fin llevaban los barcos. Este observatorio tan cercano a los buques permitió que los trabajos astronómicos se ejecutaran sin desatender a los quehaceres de reparación y alistamiento de las corbetas, constituyendo éstas y la casa habilitada para aquél, el centro desde el que radiaban los distintos grupos que habían de realizar misiones en otros lugares del Río de la Plata.
La primera comisión salió de las corbetas el día 27 de  septiembre para Buenos Aires, e iba al frente de ella el Comandante de la "Atrevida", don José Bustamante y le acompañaban algunos de sus oficiales. Su misión era


cumplimentar al Virrey, informarse de la parte económica y política, establecer un observatorio en la ciudad y comenzar desde este punto los trabajos hidrográficos.
La confección del plano general del Río de la Plata, principalísima obra a realizar, requería el reconocimiento y situación de diversos puntos del Cabo San Antonio, "tan dudoso y casi desconocido" hasta entonces.
Comoquiera que todos los prácticos del país convinieron en la imposibilidad de verificarlo por tierra, ya por lo pantanoso del terreno por donde se transitase, ya por el evidente riesgo de ser destruídos por la ferocidad de los indios Pampas, se propuso al señor Virrey, para efectuarlo por mar, el alistamiento del paquebot "Belén"; concedido y convenientemente equipado el barco, salió el día 4 de octubre, con su capitán, buen práctico del Río, don Juan Bautista Acosta.

Tras no pocas dificultades, debidas en su mayor parte a lo raso de la costa, consiguieron dar por terminada su tarea el día 18, en que emprendieron su regreso.
Mientras estos oficiales trabajaban la costa Sur del Río hasta Cabo de "San Antonio, don Alejandro Malaspina trabaja en la costa Norte. Salió de Montevideo el 29 de septiembre acompañado de don Felipe Bauzá, y caminando por tierra hasta las inmediaciones del Cabo Santa María, con el reloj número 105, no sólo aseguró la situación de aquel cabo, sino la de la isla de Lobos, plano del puerto Maldonado, y en fin, toda la costa hasta Montevideo. Le


acompañaron también en esta excursión el naturalista don Antonio Pineda y el botánico don Luis Nee.
Para la conclusión del plano del Río faltaba reconocer y situar el bajo del Inglés, explorar y levantar plano del puerto de Santa Lucía y buscar al Sur de este último puerto un bajo "bastante dudoso", que entre "los patrones de las lanchas del Río se nombra la Panela". Se encomendaron estos trabajos al Teniente de Navio don Antonio Tova, Alférez de Fragata Bauzá, Guardia Marina don Jacobo Murfi y como práctico del Río al segundo Piloto don José de la Peña.


Salieron el 17 de octubre en la balandra "San Antonio", fletada al efecto, y al día siguiente fondearon en el puerto de Santa Lucía. El 20 buscaron el bajo de la Pamela, que no encontraron, volviendo a salir con el mismo intento y resultado el día 21, y este día emprendieron el regreso, en cumplimiento de la orden recibida de don José Bustamante.
Mientras todos estos trabajos se llevaban a cabo, en Montevideo los oficiales que allí quedaron y las dotaciones 
no se dieron punto de reposo. En el orden científico, se 




corrigieron y estudiaron con todo detenimiento la marcha de los cronómetros, se hallaron la declinación e inclinación de la aguja magnética, observaciones astronómicas, diversas inmersiones de los satélites de Júpiter, ocultaciones de estrellas por Luna, eclipse parcial de ésta, y para la obtención de la longitud se llegaron a obtener los días 27 de septiembre y del 26 al 28 de octubre hasta doscientas series de distancias lunares.
Tampoco estuvieron ociosos los naturalistas, que llegaron a separarse de Montevideo hasta cien leguas; también visitaron islas, el terreno de Pan de Azúcar, proximidades de Maldonado, Paraná, las Conchas, etc.; de resultas de estas excursiones formaron un herbario, que como primera remesa enviaron a Madrid,


con cerca de 500 plantas y acopiado más de 50 especies de aves nuevas, "no vistas aún por inteligentes".
El día 28 de octubre, listas las embarcaciones de todo y terminados los trabajos de a bordo y de tierra, se pasó revista de Comisario y anticiparon dos pagas a los tripulantes. 
Diéronse por desertores a ocho artilleros de mar y dos soldados de Marina, se transbordaron por mala conducta a un artillero de brigada, dos de mar y un grumete y se desembarcaron por estar enfermos un Guardia Marina, tres artilleros de mar, un soldado y un grumete, cubriéndose todas estas plazas por marinería de la fragata de S. M. "Santa Sabina".
Desde ese día hasta el 31 puede decirse que fueron los únicos que tuvieron de descanso de verdad las dotaciones, preparándose, sin duda, durante ellos para la larga y penosa travesía del extremo meridional de América. Empleaban sus prolongadas permanencias en tierra en la compra de efectos y en recorrer la ciudad, que en aquella fecha, y gracias al establecimiento del comercio libre, había hecho no pocos progresos.


Población de la jurisdicción de Montevideo en 1781

                Españoles y Criollos                                            10.674

                Indios                                                                     1.471

                Mulatos                                                                    819

                Negros libres                                                           342

                Idem esclavos                                                       2.050

                                               Total:  15.356


A partir del 3 de noviembre se comenzó el embarque de la pólvora, instrumentos de medida, mercancías, víveres, etc en las corbetas y también en el bergantín "Carmen", al mando del segundo piloto de la Armada, don José de la Peña, que debería salir a las órdenes de nuestro Comandante como práctico de la costa patagónica.


12 octubre 2026

LA EXPEDICIÓN MALASPINA-BUSTAMANTE (V)

PREPARATIVOS


Las características de las dos corbetas fueron las siguientes:

Desplazamiento: 306 toneladas.

Eslora: 33,6 metros.

Manga: 9,02 metros.

Puntal: 4,20 metros.

Calado: 3,78 metros.



Proyectadas exclusivamente para la expedición, poseían las corbetas cualidades especiales para el uso que iban a tener, así por ejemplo: además de tener su obra viva un forro de chapa de cobre para impedir la acción de la "broma" o gusano de barco, sus fondos tenían doble casco, lo que las protegía de que cualquier posible varada, contingencia muy fácil al navegar y frecuentar mares y radas poco explorados, resultando un peligro cierto para la seguridad de los buques.

Constituía principal preocupación de los dos Jefes expedicionarios el buen estado sanitario de la dotación y por ello dispusieron los alojamientos de toda la gente en la cubierta principal como más ventilada, disponiendo además los fogones en esa misma cubierta, para que el calor continuado facilitase la circulación del aire.




Los pañoles de víveres eran capaces de contener subsistencias para dos años y el de leña, para seis meses; para el agua potable cada corbeta llevaba dos "fogones para desalinizar el agua del mar con dos alambiques", que la suministraban en cantidad suficiente para el abastecimiento de toda la dotación.

La dotación se decidió que fuera toda voluntaria, empezando por los oficiales de mayor rango, y con tal motivo los jefes de la expedición invitaron por carta a los Oficiales que a ellos les pareció, y para que a su vez aquellos invitaran a sus subordinados.

Así que el Capitán de Fragata Don José Bustamante y Guerra envió una carta a su compañero y amigo el Teniente de Navio don Antonio Tova Arredondo, proponiéndole para Segundo Comandante de la Corbeta "Atrevida", de la que el propio Bustamante sería el Comandante.



Tova no se lo pensó dos veces e hizo lo necesario para que poco tiempo después fuese conducido de El Ferrol, donde estaba destinado en esos momentos, a La Carraca, junto con los hombres a quienes él mismo había invitado, para llegar el 10 de mayo de 1789 a los alojamientos que en el Arsenal les estaban reservados. A partir de esta fecha los trabajos de puesta a punto final se aceleraron, pues para el 5 de julio ya estaban listos ambos buques para efectuar las pruebas oficiales, que constituyeron un gran acontecimiento en el Arsenal:

Zarparon los buques a las siete y media de la mañana, y efectuaron distintas evoluciones y maniobras, tanto en conjunto, para comparar ambos buques, como por separado; los resultados no pudieron ser más satisfactorios: con todo el aparejo, viró la "Atrevida" por avante en un minuto, y con unos segundos más, la "Descubierta". Ciñeron hasta cinco cuartas (unos 55º  abiertos del viento) y lograron con esta amura un andar de siete millas, medidas sobre la corredera, y el abatimiento no pasó de cuatro o cinco grados.


Resultaron, pues, las corbetas muy marineras y maniobreras y tan a propósito para el objeto a que se las destinaba, que no dudó el señor Malaspina consignar en el correspondiente parte de las pruebas que los resultados observados les hacían concebir "las esperanzas más lisonjeras de poder desempeñar con acierto el destino que S. M. se ha servido poner a nuestro cargo".

Satisfechos con las condiciones demostradas por las corbetas, empleáronse los días que restaban de julio en ultimar preparativos y despedidas, y el día 29, "listos de todo", pernoctó toda la dotación a bordo para comenzar el anhelado viaje con las primeras luces del día siguiente.



Dotación de La Atrevida

Comandante: Don José Bustamante
Segundo Comte.: Don Antonio Tova Arredondo
Oficiales: Don Dionisio Galiano, Don Juan Gutiérrez de la Concha,           Don José Robredo, Don Arcadio Pineda, Don Martín Olavide
Guardia Marina: Don Jacobo Murphy
Capellán: Don Francisco de Pula Añino
Contador: Don Manuel Ezquerra
Cirujano: Don Pedro M. González
Botánico: Don Luis Nee
Piloto: Don Juan Maqueda
Disecador: Don José Guió

Pilotines.-Don Jerónimo Delgado y don Juan Inciarte
Total de las clases anteriores.................................................  16
Oficiales de mar.........................................................................  14
Tropa de marina..........................................................................  15
Idem de Brigadas........................................................................   4
Artilleros....................................................................................... 35 
Grumetes.........................................................................................10 
Criados...........................................................................................   8

 Total............................................ 102










05 octubre 2026

LA EXPEDICIÓN MALASPINA-BUSTAMANTE (IV)

 GÉNESIS 

Las rodas de los buques españoles y portugueses, primero y las de todos los demás países después, habían tendido sobre las inmensas planicies oceánicas una invisible maraña de derrotas y poco quedaba ya por descubrir, cuando dos Jefes de reconocido prestigio en la Armada Española coincidieron en la Isla de León, en Cádiz.

                                                                     


Los capitanes de Fragata Malaspina y Bustamante, ambos con gran experiencia a través de sus viajes y campañas en Ultramar, pensaban que aún quedaba mucho por hacer a los marinos en aquellos lugares, máxime cuando Inglaterra y Francia ya habían financiado varias expediciones científicas.

Las navegaciones por aquellos lejanos mares se hacían normalmente siguiendo las huellas de sus predecesores y a costa de penosas experiencias. Se desconocían casi en absoluto los regímenes de vientos y corrientes, y por tanto las derrotas más convenientes a seguir para reducir en lo posible las penalidades de los marineros de entonces.




También era necesario detallar con el mayor cuidado las costas y aumentar los conocimientos físicos y astronómicos para aumentar la seguridad en la navegación.

Así que prepararon el proyecto de la expedición y se lo enviaron al Brigadier de la Armada y Ministro de Marina del Rey Carlos III, Don Antonio Valdés, con la siguiente carta de fecha 10 de septiembre de 1788.

"Excmo. Sr.: Desde veinte años a esta parte, las dos naciones inglesa y francesa, con una noble emulación, han emprendido estos viajes, en los cuales la navegación, la Geografía y la Humanidad misma han hecho muy rápidos progresos: la historia de la sociedad se ha cimentado sobre investigaciones más generales; se ha enriquecido la Historia Natural con un número casi infinito de descubrimientos, finalmente, la conservación del hombre en diferentes climas, en travesías dilatadas y entre unas tareas y riesgos casi increíbles, ha sido la requisición más importante que ha hecho la navegación"...



                                   ....................

"Pero un viaje hecho por navegantes españoles debe precisamente implicar otros dos objetos: el uno es la construcción de cartas hidrográficas para las regiones más remotas de la América, y los derroteros que puedan guiar con acierto la poca experta navegación mercantil, y el otro la investigación del estado político de la América, así relativamente a España como a las naciones extranjeras."

                             ............................

"El plan siguiente podría ocupar próximamente el espacio de tres años y medio, a empezarse desde 1º de julio de 1789, época en la cual podrían salir las dos embarcaciones, si S.M dignándose aprobar desde ahora lo propuesto, en un todo o modificado, diese unos ocho meses de tiempo a los que han de ejecutarla, así para el acopio de todos los materiales precisos, como para los estudios preliminares, y principalmente el ejercicio de la astronomía práctica."

"Las dos corbetas saldrán de Cádiz el 1º de julio de 1789, y se dirigirán a Montevideo"....

..."Desde este puerto se reconocerán las Malvinas, y si el Gobierno lo hallase prudente, la bahía del Buen Suceso"....


                             ............................

Y sigue la exposición del plan de la expedición, que bordea el cabo de Hornos, sube por la costa oeste de Suramérica, costea México y California, sube hasta Alaska y, de ahí atraviesa el Pacífico hasta Cantón (China) "para vender las pieles de nutria" (que habrían cazado en Alaska) " a favor de las marinerías", continuando por el océano Indico y bordeando el cabo de Buena Esperanza para llegar a Cádiz. Este proyecto significaba, por tanto, la vuelta al Mundo para las dos corbetas.

"Los Capitanes de Fragata don Alejandro Malaspina y don José Bustamante, deseosos de emplear todas sus faenas en el servicio del Estado, se ofrecen a la ejecución de este plan, lisonjeándose que concurrirán a dirigirlos para el mayor acierto, no sólo para la ilustración y penetración del Gobierno, sino también cuantas noticias puedan facilitar los particulares, así del Continente nuestro como de todas las Américas. En cuanto a los subalternos, la especie de la Comisión exige que todos sean voluntarios y que se conozcan recíprocamente, así por lo que toca a robustez como a capacidad.

Isla de León, 10 de septiembre de 1788"


El Ministro Valdés no se duerme: el 14 de octubre contesta a Malaspina con la siguiente carta:

"Ha merecido la aceptación del Rey el proyecto de dar la vuelta al mundo en los términos que propone Vm. en carta de 10 de septiembre último, y queriendo SM que se lleve a efecto y que para ello quede relevado de la tenencia de la Compañía de Guardiasmarinas de ese departamento de Cádiz, como así lo prevengo al Capitán Comandante de ese Cuerpo que pueda Vm. desde ahora dedicarse como desee a las ilustraciones y preparaciones que necesita para desempeñar con el fruto que ofrece esta Comisión...."

Con tan halagüeña contestación, nuestros personajes se pusieron a trabajar en la preparación de aquel enorme proyecto. Y, claro, el primer tema que surgió fue el de las embarcaciones: Malaspina y Bustamante querían dos corbetas nuevas y fabricadas según criterios resultantes de la experiencia adquirida a lo largo de sus navegaciones oceánicas, pero, ay, el Ministro Valdés miraba la peseta y ofrecía una bombarda remozada como corbeta y una corbeta nueva.



Malaspina insistió tércamente en su idea hasta conseguir que el Ministro reconociera las ventajas de su propuesta, porque no quería SM regatear "ninguno de los medios que puedan conducir al completo logro de los fines a que ha de dirigirse el viaje."

Complacidos en este primer punto de su programa, iniciaron sus actividades, junto al Comandante del Arsenal de la Carraca, Cádiz, a la construcción de dos corbetas gemelas que se llamaron Descubierta y Atrevida. 




23 junio 2026

LA EXPEDICIÓN MALASPINA-BUSTAMANTE (III)

 

Antonio de Tova y Arredondo


Antonio de Tova y Arredondo (1760-1825) nació el 16 de octubre de 1760 en Riva, Cantabria. Su familia, aunque no pertenecía a la nobleza, sí formaba parte de la hidalguía de Arredono y Ruesga y tuvo la capacidad social y económica necesarias para proporcionarle una formación que le permitió acceder a la  carrera militar.

Efectivamente, en 1773, a los trece años,

Antonio ingresó en la Real Compañía de Guardias Marinas de Cádiz, donde recibió una sólida educación científica en matemáticas, astronomía, maniobra y navegación.

Permaneció en servicio activo durante más de cincuenta años, de los cuales dieciocho ejerció como oficial al mando de varios buques.

Tras dos años de estudio y entrenamiento,

en marzo de 1775 Tova comenzó su primer destino operativo como segundo alférez, a bordo de la bombarda Santa Úrsula, 

participando en la expedición de socorro a la plaza de Melilla, que en ese momento se encontraba sufriendo un durísimo asedio por parte del sultanato de Marruecos.

Así que el tercer personaje de nuestra

historia, Antonio de Tova, llegó también a

Melilla pero tres meses más tarde

que los dos primeros, aunque llegó a bordo de una bombarda, ojo. Estas naves fueron determinantes para romper el bloqueo de Melilla.

Posteriormente, tras la campaña norteafricana, encadenó varios servicios breves de patrulla y transporte en el

paquebote Santa Ana y, más tarde, el navío

San José y en el jabeque Diligente.

Tras estas misiones, fue destinado al Ferrol,

en La Coruña, donde  continuó  su formación.

En 1776 embarcó en el navío Magnánimo

 rumbo al mar Caribe y fue destinado al

apostadero de La Habana, donde desempeñó


misiones de vigilancia contra el contrabando


y transporte de tropas.


En su etapa caribeña ascendió, en 1777, a


Alférez de Fragata, regresando

 
a Europa en 1779.
 

En aquellos momentos España se encontraba inmersa en la Guerra de Independencia de los Estados Unidos contra Inglaterra. Tova se incorporó a la imponente escuadra del general Luis de Córdova, participó activamente  en la campaña del Canal de la Mancha y en el Bloqueo a Gibraltar. 
En 1781 fue ascendido a Alférez de Navío


y entre noviembre 1781 y 1783 condujo misiones de escolta transatlántica de

convoyes comerciales y regimientos militares

destinados al Virreinato del Perú, navegando

las complejas rutas del Atlántico Sur.

De regreso a España, ascendido a Teniente

de Fragata


en 1784, cuando contaba 23 años de edad,  

fue destinado de inmediato a las órdenes del reputado cartógrafo, el Brigadier Vicente Tofiño. Su misión fundamental fue colaborar en los trabajos de campo y levantamientos hidrográficos para la realización del monumental Atlas Marítimo de España.
En enero de 1787 fue nombrado profesor de fortificaciones, transmitiendo los conocimientos adquiridos  en el Departamento de Ferrol y en sus campañas

previas, y en este mismo año de 1787 recibió la promoción a Teniente de Navío.

14 junio 2026

LA EXPEDICIÓN MALASPINA-BUSTAMANTE (II)

 JOSÉ DE BUSTAMANTE Y GUERRA

José de Bustamante y Guerra nació

 en Ontaneda, Cantabria, el 1 de abril

 de 1759. Fueron sus padres Joaquín de Bustamante y Rueda y Clara Guerra de la Vega y García Cobo, perteneciendo gran parte de sus antepasados a la hidalguía rural del Valle de Toranzo.

Quiero aclarar que menciono la hidalguía de la familia para explicar que si un joven, en aquella época, quería ingresar en una academia militar, y sobre todo en la Armada, debía ser hijo de militar o de condición noble. Sigamos, pues.

Ontaneda. Casa natal de José de Bustamante, en la actualidad


De niño ingresó en el Colegio de Escolapios de Villacarriedo, como tiene que ser. Yo también estuve por allí pero, claro, ciento noventa años después.


Aunque no pudo estar mucho tiempo en
 Carriedo porque en 1770, a los 11 años, ingresó en la Real Compañía de Guardiamarinas, empezando de esta manera

su carrera al servicio de la Marina Real.

Después de navegar en diferentes buques  de los departamentos navales de  Cádiz y Cartagena --participando en algunas acciones contra los berberiscos, a bordo de los jabeques Gaviota y Pilar, y en un viaje a Nápoles --ascendió a alférez de fragata en junio de 1774, apenas cumplidos los 15 años, y embarcó en la fragata Santa Clara, en socorro de Melilla.

Aquí tuvo que conocer a Alejandro 

Malaspina, porque ambos participaron en la misma expedición a Melilla.

                                                    La bahía de Cádiz en 1760


Aunque los dos estuvieron en la Real Compañía de Guardiamarinas, aquel era

5 años mayor, pero Bustamante ingresó 

4 años antes, así que quizá no se trataron mucho.

Volviendo a nuestro personaje, después de la operación de Melilla fue destinado a Cádiz, donde se embarcó en la urca Santa Inés, conduciendo tropas a Puerto Rico y La Habana.

                                            Urca del siglo XVIII

De regreso en Cádiz, pasó al navío Velasco y luego retornó a la urca Santa Inés. A bordo de esta, navegando en conserva con la fragata Astrea, viajó a Filipinas en 1777 en un proyecto de la Corona consistente en abrir una ruta directa por el cabo de Buena Esperanza, alternativa a la del Galeón de Manila, que unía Filipinas con México en larguísimas singladuras por el Pacífico y, de allí, a España. Regresó en la misma embarcación dos años después, en enero de 1779.

En esta expedición a Filipinas también coincidió con Malaspina, con la diferencia de que éste viajó en la fragata Astrea. Ambas naves, la Santa Inés y la Astrea, hicieron el viaje juntas (en conserva).


En el regreso, los dos buques zarparon juntos de Manila el 13 de enero de 1779, pero resultó que España entró formalmente en la Guerra de Independencia de los Estados Unidos contra Gran Bretaña en junio de ese mismo año, cogiendo a ambos buques en pleno viaje de retorno a España, sin saber que las hostilidades habían comenzado.

Al aproximarse al final del viaje, los temporales provocaron que ambos buques terminaran separándose:

La Astrea logró evadir los peligros aprovechando sus mejores condiciones de navegación y entró en solitario en la bahía de Cádiz el 5 de septiembre de 1779.

Pero la urca Santa Inés, un buque de transporte militar mucho más pesado, lento y difícil de maniobrar, se quedó rezagada y fue interceptada y atacada por los corsarios ingleses Ranger y Amazon. 


Un incendio producido en una batería de

cañones hirió a Bustamante de gravedad, provocándole considerables quemaduras que le dejarían secuelas de por vida. Apresado por los corsarios, fue conducido a Cork (Irlanda) donde permaneció encarcelado durante casi un año, hasta su rescate. 
Regresó a Cádiz el 18 de julio de 1780, donde le notificaron su ascenso —

concedido durante su prisión— a alférez de navío, con efectos de 16 de marzo de 1778. Poco después, el 23 de mayo, ascendió a teniente de fragata.

Contaba José Bustamante con tan sólo 19 años.

                                                Cádiz. Arsenal de La Carraca

En Cádiz ingresó en el Hospital Naval para restablecerse de sus heridas, hasta finales de 1781. Al año siguiente, ya de teniente de navío, fue destinado al navío Triunfante (74 cañones) de la escuadra al mando de Luis de Córdova, que estaba bloqueando Gibraltar.  Participó, a pesar de que estaba herido, en la batalla del Cabo Espartel (20de octubre de 1782) contra la escuadra inglesa del almirante Howe enviada para romper el bloqueo de Gibraltar. Más tarde pasó a la fragata Santa Rosa y de ella al navío África, que formaba parte de la escuadra que se preparaba para la conquista de Jamaica, pero que no se llevaría a cabo por la firma del Tratado de París en enero de 1783.

El 21 de octubre de 1784 ingresó como caballero de la Orden de Santiago y, más tarde, fue promovido al empleo de capitán de fragata mediante una Real Orden con fecha del 15 de noviembre del mismo año. 

Este ascenso llegó como reconocimiento a sus brillantes hojas de servicio y su desempeño en misiones de alta responsabilidad en la Real Armada, incluyendo su participación en combates navales previos (como el de Cabo Espartel en 1782) y en misiones de transporte de caudales desde La Habana hacia la bahía de Cádiz.